Nos levantamos tempranito porque sabíamos que una de las atracciones de New Orleans era el desayuno en alguno de los cafés tradicionales. Caminamos hasta el conocidísimo
Café du Monde pero la fila de gente esperando bajo el sol mañanero nos amedrentó. Habíamos investigado previamente que otra opción era el
Café Beignet, así que llegamos hasta Royal Street. Luego de hacer una cola un poco más amigable, pudimos tomar nuestro café con
beignets, que son una especie de bollos triangulares de masa frita espolvoreados con azúcar impalpable (para los rioplatenses, algo así como tortas fritas).
A lo largo de la Royal Street hay un montón de locales de antigüedades y
souvenirs muy tentadores, que van desde los típicos recuerdos hasta obras de arte, armas y mapas antiguos y objetos de decoración. Una parada obligada para nosotros era la librería
Faulkner House Books, ubicada en un callejón lateral a la Jackson Square llamado Pirate Alley, precisamente en el edificio en donde se alojó el famoso escritor y donde escribió su novela
Mosquitoes.
Por supuesto que compramos un ejemplar de dicha novela, y la vendedora amablemente nos subrayó el pasaje en el que se describe exactamente lo que se observa desde la ventana de la librería. Salimos con una bolsa enorme y pesadísima de libros por lo que tuvimos que volver al hotel a dejarla.
Volvimos a la
Jackson Square y le compramos una reproducción a una pintora local (la pintura se llama “The city that can´t forget” y muestra un paisaje de la ciudad inundada después de Katrina). Evidentemente, por la charla que mantuvimos con su autora, el desastre natural desnudó la precaria situación social que subyace a la aparente alegría interminable de la ciudad y, también, la enorme capacidad de sus habitantes para recuperarse y ayudarse entre sí. Tomamos fotografías de los muchos tarotistas, adivinadores, artistas plásticos y músicos que se concentran en esa plaza.
Recorrimos el
French Market en un mediodía sofocante a la vera del Mississippi. Regresamos como prometimos a la disquería
Louisiana Music Factory y compramos dos CD: uno de rock sureño (“Sugar Cane” de
Honey Island Swamp Band, alta recomendación) y otro de la famosa
brass band Rebirth. Almorzamos en un bistró cualquiera de la calle Decatur.
Durante toda la tarde estuvimos pateando el French Quarter, fuimos a los negocios de Vudú (
Marie Laveau's House of Voodoo), a la taberna más antigua de New Orleans que dicen fue propiedad del pirata Jean Laffitte (
Jean Lafitte's Blacksmith Shop ) y a una casa en la que se toma Ajenjo (
Jean Lafitte's Old Absinthe House).
Pasamos también por la famosa
mansión Lalaurie. Por lo que pudimos escuchar, al arrimarnos subrepticiamente a uno de los guías de los múltiples
tours vampíricos, fantasmales, paranormales y freaks que pululan por la ciudad, dicen que allí habitó una familia adinerada que poseía plantaciones y muchos esclavos. Al parecer, la señora de la casa, Delphine (personaje encarnado por Kathy Bates en
American Horror Story: Coven), disfrutaba realizando todo tipo de torturas y actos de sadismo con sus esclavos, a los cuales mantenía cautivos detrás de falsas paredes de su coqueta residencia céntrica, mientras ofrecía banquetes a las demás prominentes familias. Varias veces sus esclavas habían intentado escapar, pero luego de ser recapturadas eran devueltas a esa casa del terror. Luego de un incendio en sus cocinas, la cosa turbia quedó al descubierto y la familia Lalaurie debió abandonar la ciudad. Aparentemente, la propiedad pasó por muchas manos y cobró fama de estar embrujada, hasta que la adquirió Nicholas Cage, quien la restauró para usarla como residencia. Cuenta la leyenda que su familia se negó a quedarse allí, por lo que también la vendió y ahora es un condominio. No garantizamos la veracidad de los pormenores de la historia pero podemos decir que mientras le sacábamos fotos a la casa, dos señoras salieron preparadas para tomar sus tragos de la tarde, nos miraron con sorna y nos dijeron: “Buuuuh, está embrujada”.
Luego de regresar al hotel para cambiarnos y bañarnos, volvimos a sumergirnos en la locura de la Bourbon, para más datos, un sábado a la noche.
A las 20 hs. nos pusimos a hacer la cola en
Preservation Hall, un emblemático lugar para escuchar jazz. Por lo que pudimos entender funciona como un espacio cultural y museo para mantener vivas las raíces del jazz tradicional. Tienen tres funciones al día, a las 20, 21 y 22 hs. y si no se compraron los tickets con anticipación, hay que ir con tiempo para hacer la fila. El espacio es pequeño y cerrado, no se pueden tomar fotos durante la actuación y los que llegan últimos suelen ubicarse en unos almohadones en el piso en la primera fila (esta fue la ubicación que elegimos porque los bancos estaban ocupados). Se presentó la
Preservation Hall Jazz Band, que interpretó entre otros pedidos del público una memorable versión de “
Saint James Infirmary”.
Al salir, cenamos en el balcón del
Johnny White Pub & Grill. Pedimos plato creole de langostinos mientras disfrutamos del freak show que desfila por la Bourbon los 365 días del año, porque en NOLA siempre hay algo para festejar. Este 12 de julio estaban celebrando los preparativos para la toma de la Bastilla. Y por si fuera poco, el San Fermín, que consistía, no en que un toro corriera a la gente, sino en que unas robustas jugadoras de Roller Derby disfrazadas de toro persiguieran a la multitud castigándola con látigos de plástico (WTF!)
Un poco abrumados ante tanta locura, nos fuimos al hotel por un aire acondicionado y una cama.