Desayunamos café negro y unas donas parados en el lobby de
Shack Up Inn y salimos a recorrer la mítica ciudad de Clarksdale. Nuestra primera parada fue el famoso
crossroads. Cuenta la leyenda que en la encrucijada entre las rutas 49 y 61, en la entrada de la ciudad, el joven músico Robert Johnson se encontró con el Diablo, quien le ofreció intercambiar su alma por el don de tocar la guitarra y la fama como músico. Aún hoy muchos sostienen que en realidad se trataba de Legba, un demonio afroamericano, y que si uno se acerca a las 12 de la noche a un cruce de caminos, escuchará primero una música lejana, hasta que sentirá que sus dedos se mueven solos. Es entonces cuando el diablo otorgará el poder de tocar de forma sobrenatural y el músico en cuestión perderá su alma inmortal. Esta leyenda puede verse en la película “
Crossroads”, incluyendo un memorable desafío en guitarra del protagonista con el demonio Steve Vai. La leyenda se sostiene en las alusiones satánicas de muchas canciones de Robert Johnson, como “
Hellhounds on My Trail" "
Me and the Devil Blues" y, por supuesto, "
Crossroads Blues." También en las misteriosas circunstancias de su muerte en 1938: dicen que lo envenenó el celoso propietario de un conocido
juke joint de la zona por haber seducido a su mujer. La ubicación de su tumba también se desconoce, se supone que se halla cerca de Greenville. Hay que aclarar la enorme fama que tuvo este músico afroamericano (algo inusual en la época) y la gran influencia que ejerció en músicos tan conocidos como Eric Clapton, los Rolling Stones o Led Zeppellin.
Nos encontramos otra vez con un pueblo digno de las fotografías de
“Los americanos” de Robert Frank (de hecho, mi marido quiso emularlo, cámara en mano... a las pruebas me remito.
Visitamos primero la excelente tienda y disquería
Cat´s Head, en la cual pusimos a prueba nuestra templanza con las tarjetas de crédito.
Allí, su dueño nos recomendó asistir esa noche a un
juke joint cercano llamado
Red´s ya que, según él, era un reducto más auténtico que el Shack Up Inn y el
Ground Zero (local famoso por su dueño, Morgan Freeman, que suele darse una vuelta por allí algunas noches). Los
juke joints fueron originariamente casas particulares en las cuales se juntaban a tocar los trabajadores de los campos de algodón una vez que terminaba su jornada. Los había rurales y urbanos. Estas casas luego se transformaron en negocios y actualmente todavía sobreviven algunos de ellos. Recorrimos el
Delta Blues Museum, cuya entrada asciende a U$ 40 (en el cual puede apreciarse, entre otras cosas, la cabaña de Muddy Waters) y el recomendable
Rock ´n Roll and Blues Heritage Museum (donde seguimos sacándole chispas a la Visa comprando vinilos).
Almorzamos unos sandwichs en
Yazoo Pass, en el centro: buena comida, con wi-fi y aire acondicionado.
Por la tarde decidimos salir nuevamente a la ruta. Nuestro GPS estaba programado con la supuesta ubicación de la cabaña de Muddy Waters (que, como ya mencioné, fue trasladada al museo), pero como no nos dimos cuenta, manejamos kilómetros y kilómetros por carreteras rurales hasta que nos perdimos en una huella barrosa en medio de un campo de algodón. Por suerte, entramos en razones y retomamos la ruta. Al menos aprendimos que, efectivamente Muddy Waters nació en el medio de la nada y en un pasaje bastante barroso.
La siguiente parada era
Dockery Farms, el supuesto lugar exacto donde nació el blues. La separan de Clarksdale casi 100 kilómetros, que manejamos no muy convencidos. Al llegar, nos encontramos con los galpones de chapa de una antigua factoría algodonera al costado de un brazo del río, éramos los únicos visitantes. Inmediatamente nos llamó la atención una columna con un cartel que indicaba un botón rojo “Push”. Un poco asustados, lo pulsamos y ... ¡voilá!
(Click en la imagen para ver video)
De pronto desde los galpones comenzaron a oírse unos primitivos blues cantados a capella, producto de altavoces cuidadosamente disimulados en la estructura. Yo no sé si realmente fue allí donde por primera vez los trabajadores comenzaron a cantar sus penas de esa manera, pero la ilusión fue muy emotiva. Hicimos unas fotos, nos detuvimos en una estación de servicio reciclada que hay en las cercanías y emprendimos el regreso hacia Clarksdale.
Ya en nuestra recorrida matutina, luego de las recomendaciones del dueño de Cat´s Head, habíamos decidido que la noche del sábado iríamos a
Red´s. Pero como temíamos no encontrar el lugar en la oscuridad, decidimos pasar por allí. La fotografía atestigua que nada indicaba que se trataba de un
juke joint, más bien pensamos que era una chatarrería o algo así. De todas formas, decidimos regresar a la noche.
“Backed by the river, fronted by the grave”, reza su slogan, ya que se encuentra frente al cementerio y delante del río. A las 21 hs. la cosa cambió, entramos un poco amedrentados para descubrir que había algunos turistas más y gente local. Dos hermosas señoras, vestidas con sus mejores galas, movían su cabeza al ritmo de la primera parte de la sesión de
Lucious Spiller (más roquera que la que haría entrada la noche, en la que predominaba el blues tradicional). La experiencia nos regaló una versión de “Little Wing” de Jimmy Hendrix memorable.
Tomamos unas cervezas hasta que el lugar comenzó a llenarse, los ventiladores no daban abasto y el humo de los cigarrillos impregnaba el lugar. No tardaríamos en entablar conversación con Billford, un parroquiano histórico del lugar que además oficiaba de seguridad y que nos presentó a Lucious (un personaje). Luego de varios equívocos idiomáticos (otra vez el acento hace muy difícil la comprensión), nos contó su vida y terminamos despidiéndonos con mucho afecto (“Van a volver”, dijo Billford, “ustedes van a volver y yo voy a estar acá, me voy a acordar de sus caras.”). Por si Billford no nos recuerda, dejamos nuestros nombres estampados con marcador en el baño de hombres. No sabemos cómo serán los
juke joints rurales, pero no podemos menos que recomendar Red´s para vivir la experiencia blusera de primera mano.
Muy satisfechos con nuestra elección del sábado, le mandamos besitos a Morgan Freeman, y volvimos a descansar a la posada.