Hoy estaba previsto conocer el Parque Natural de Anaga, realizar alguna ruta de senderismo, comer en Taganana, bajar por las Teresitas y por la tarde visitar Candelaria. Debido a la niebla encontrada en Anaga declinamos andar por el monte.
Para poder llegar al Parque Natural de Anaga debe tomarse carretera en dirección a la Laguna, y desde aquí a la población de Las Mercedes.

La carretera (TF-12) es la que se adentra en el macizo de Anaga, la alienación montañosa que ocupa todo el extremo noroccidental de la isla. El largo recorrido a través de este espacio natural protegido permite disfrutar de un excepcional bosque de laurisilva, uno de los ámbitos de mayor valor ecológico de la isla. Se trata de un densa formación bocosa con especies como el laurel, el faya o el tejo, a la que se vinculan diversas especies de animales protegidos, un bosque que antaño cubría las costas del Mediterraneo pero que hoy solo substite en Canarias. (Veremos esta misma vegetación en la Gomera, en el Parque Nacional de Garajonay).
A lo largo del recorrido, se han acondicionado diversos miradores como el de la Jardina, de la Cruz del Carmen, Pico del Inglés…
Finalmente llegamos al Mirador Cruz del Carmen, en el que también se localizan una pequeña ermita y el centro de visitantes.
Desgraciadamente, en ese momento se bajó la niebla y no pudimos ver nada. Pretendíamos realizar una ruta de senderismo, de 1 hora de duración, denominada Bosque de los Sentidos, que transcurre entre el medio del bosque de laurisilva; pero al bajarse la niebla no se vía nada. Continuamos la carretera y intentamos parar en en los siguientes miradores pero no conseguíamos ver nada por motivo de la niebla.
Después de un buen recorrido, llegamos hasta el pueblo de Taganana, en medio de un paisaje increíble: no parecía que tal cantidad de verde tuviese cabida en Tenerife.
Taganana se encuentra en la vertiente septentrional del macizo, ubicado en un escarpado valle. Este viejo pueblo de pescadores vive alejado de la masificación turística, por lo que la tranquilidad es total.
No destaca por su patrimonio monumental, a excepción de la Iglesia de Nuestra Señora de las Nieves, si no por el hecho de estar situado en un barranco.
El pueblo son 3 calles extremadamente empinadas, pero que destaca por la muestras de arquitectura típica canaria y del propio paisaje en sí.
Seguimos la carretera hasta el litoral de Taganana, donde observamos algunas bellas calas tinerfeñas, como la Playa de Benijo o la Playa de Santiago. En esta zona también se localizan los Roques de Anaga.
Dimos vuelta para llegar al cruce de Taganana y ahí tomamos la TF-12 que desciende por las montañas de Anaga, permitiendo llegar a la famosa playa de las Teresitas.
La Playa de las Teresitas llama la atención por su fina arena rubia en contraposición con los oscuros tonos de la roca volcánica de la zona. El contraste se debe a que aquella arena rubia fue traída desde el Sahara Occidental en la década de 1960 para que la capital tinerfeña pudiera contar con su propia playa.
La playa en sí es muy bonita, y para el baño tiene que estar relativamente bien, ya que se encuentra protegida por 2 diques de abrigo, impidiendo la aparición de oleaje.
Como iba siendo hora de comer, nos acercamos a San Andrés, donde se localiza la playa de las Teresitas. Se trata de un pequeño pueblo marinero, que ocupa el espacio disponible entre el mar y el macizo de Anaga.
Tras una buena comida en un restaurante local, denominados guanchinches, nos dirigimos a la localidad de Candelaria, en la parte este de la isla. Conseguimos aparcar en el centro de la población, en la Plaza de la Patrona, donde se localiza la Basílica de Nuestra Señora de Candelaria.
La Basílica de Candelaria alberga la Virgen de Candelaria, patrona no solo de la isla de Tenerife, sino de todo el archipiélago canario. Cuenta con muchos devotos, especialmente en Hispanoamérica.
En el interior destacan las pinturas murales tanto en el altar mayor como en las capillas colindantes.
Frente a la portada se halla la fuente de los Peregrinos, punto de encuentro para los peregrinos que acuden para ver a la Virgen.
En un extremo de la Plaza de la Patrona se localizan las Estatuas de los Menceyas. Se trata de un conjunto formado por 9 estatuas de los menceyas tinerfeños que regían el territorio en tiempos de la conquista.

Al fondo de la plaza, en el paseo de San Blas, encontramos la cueva de los Camellos, llamada así porque aquí descansaban los camellos que transportaban a los peregrinos que acudían a visitar a la Virgen. En la misma cueva, encontramos la Ermita de San Blas, que acogió la primera imagen de la Virgen de Candelaria.
Regresamos a la Plaza de la Patrona, y tomamos una de las calles que parten de ella, la C/Obispo Pérez Cáceres. Es la calle comercial por excelencia de la ciudad.
La calle desemboca en una plazoleta, y a mano derecha llegamos al puerto pesquero, en el que encontramos el Ayuntamiento, situado en un edificio moderno, y la Playa del Alcalde, de tan solo 30 metros.
Continuamos un poco por el paseo marítimo, y dimos vuelta para acercarnos al barrio de Santa Ana, donde se originó la población. En este barrio destaca la Iglesia de Santa Ana, con una arquitectura típicamente canaria, y un mirador, con excelentes vistas de la Basilica.
Regresamos a la Plaza de la Patrona, y como todavía nos sobraba un poco de tiempo, nos dirigimos a Las Caletillas, una zona de playa cerca de Candelaria.
Esta zona no tiene mucho encanto, pero es una zona que nos queda muy cerca de Tabaiba, donde tenemos el alojamiento. Aprovechamos para pasear y tomar algo en una terraza.
Dimos por concluida la jornada de hoy esperándonos para mañana el Siam Park.