Aterrizamos puntualmente en el Aeropuerto de Las Américas tras un vuelo apacible con Iberia. La verdad es que no se hizo nada pesado gracias al sistema de entretenimiento con pantallas individuales que tiene cada asiento y que te permite ver buenas películas, escuchar música, ver series, hacer sudokus...así que tras poco más de ocho horas llegamos a nuestro destino a las 14,45 hora local.
Pasamos rápidamente la aduana, ya que habíamos pagado la tarjeta de turista a través de internet, y tras recoger las maletas nos recogen sin ningún incidente las personas de Dominicanquest y nos dejan en nuestro hotel de la ciudad colonial. El hotel nos encanta desde el momento en que llegamos: está cuidadísimo, bien decorado, es tranquilo y sus habitaciones son amplias y muy limpias.

Tras organizar un poco las maletas, y puesto que es muy pronto y hace calor, nos damos un baño en la piscina tomando una cervecita para recuperarnos del viaje.


Tras una buena ducha, y aunque para nosotros ya es muy tarde según el horario español, nos vamos a tomar contacto con la ciudad y a cenar al restaurante que nos han recomendado en el hotel, El Mesón de Bari.
Recorremos por primera vez la calle El Conde, famosa calle peatonal donde se encuentran casi todas las tiendas y locales para comer
Después recorremos la calle de Las Damas hasta llegar al Museo de las Casas Reales y el mirador que está delante de él.
Y por fin nos vamos a cenar al Mesón de Bari, donde probamos por primera vez la cocina dominicana: pescado a la criolla, pescado al coco, rabo encendido, tostones (plátano frito)...
La comida está muy buena, y pagamos por ella unos 145 € los 8, ya que es uno de los restaurantes caros de Santo Domingo. Muertos de cansancio, volvemos al hotel que está precioso iluminado, y a las diez estamos todos durmiendo.