Hoy nuevamente nos vamos de excursión con Santi. A las 8 nos recogen en el hotel Santi hijo y Raulito, un guía oficial que nos acompañará en toda la excursión. El viaje lo hacemos en un camión safari, de los que van abiertos a los lados, lo que te permite ir viendo todo muchísimo mejor y que hizo que la excursión de hoy fuera una de las mejores.
De nuevo vamos al rancho de Santi y una vez pagada la excursión y dadas todas las instrucciones a Santi hijo y a Raulito, nos vamos rumbo a Samaná, ya que la primera parada de hoy es en su mercado, que resulta de lo más pintoresco.
Es un mercado totalmente local donde hay carnicerías, pescaderías, fruterías... por llamarlas de algún modo. La gente es súper amable y no tienen ningún problema en enseñarnos las frutas y que hagamos fotos.
Continuamos viaje y por el camino vamos alucinando con todos los paisajes que vemos, como un embalse lleno de nenúfares o la exuberancia de la vegetación con la mayor concentración de cocoteros por metro cuadrado del mundo.
También pasamos por pequeñas aldeas y poblaciones donde vamos viendo las "bancas" (pequeñas administraciones de lotería), los colmados, o las iglesias que hay por todas partes.
Nuestra siguiente visita es a Playa El Valle, una espectacular playa salvaje y desierta a la que llegamos después de atravesar un largo camino de cabras sin asfaltar. Cuando llegamos está nublado y nos caen algunas gotas, pero igualmente nos bañamos porque hace calor y la playa para mí es de las más bonitas que hemos visto en este viaje.
La playa es pura naturaleza, y la atraviesa un río de agua fría y cristalina.
Continuamos nuestro viaje disfrutando con todo lo que vemos, y cada vez estamos más a gusto. El chófer nos pone música cristiana a ritmo de reggaeton, y acabamos cantando canciones con Santi hijo para hacer más llevadero el camino. Por el camino paramos a comprar pan de coco en una especie de chiringuito en la carretera y la señora que lo vende nos explica cómo lo hacen. Hay pan con azúcar, sin azúcar y pequeños panecillos dulces, todos riquísimos, y nos los vamos comiendo por el camino.
La siguiente parada es en el Mirador de Punta Balandra, al que se accede tras subir por un camino rodeado de yuca y cocoteros, y desde donde se ve el mar Caribe rodeado de todo el verde de la vegetación tropical
Después nos llevan a La Playita, una preciosa playa de arena blanca y mar azul, que es más turística que otras que hemos conocido pero en la que también hay poca gente. Los chicos se bañan con Santi hijo y con Raulito, que les cuenta que es un cantante de reggaeton muy conocido en Las Terrenas al que llaman "La Grasa".
Aquí nos demoramos más de la cuenta, y Santi padre, que va llamando durante todo el día a su hijo para ver cómo va la excursión, le dice que espabilemos porque vamos a llegar muy tarde a comer a Playa Rincón, así que subimos nuevamente al safari y nos vamos para allá.
Playa Rincón está considerada como una de las más bonitas del mundo, pero a mí me decepciona un poco porque está llena de las algas que este verano han invadido el Caribe y que está siendo una pesadilla en determinadas zonas turísticas como Punta Cana o incluso Riviera Maya.

Llegamos a comer casi a las 3 de la tarde, y Santi lleva al chiringuito que nos va a hacer la comida una nevera con camarones que le ha dado su padre para que nos los preparen a la plancha. El comedor no puede ser más espectacular, una mesa sobre la arena blanca, bajo la sombra de un árbol y con el azul del mar Caribe de fondo. La comida está toda buenísima y abundante con pescado fresco y camarones, arroz, papas, tostones...

Después de comer nos damos un baño en la única zona donde no hay algas y nuevamente tenemos que achuchar a los jóvenes para que nos vayamos, ya que todavía pararemos a hacer una degustación de frutas y se nos está haciendo tarde.
Por fin arrancamos y llegamos a la tienda de frutas de Pichipén, el Maradona dominicano, un personaje increíble que te enseña las frutas, el cacao auténtico y cómo se prepara, te da a probar café, frutas tropicales, cacao puro amargo... Hace un brindis con mamajuana, el típico licor dominicano, que te partes de risa con él, y luego te invita a comprar artesanía y recuerdos que tiene en su tienda. Yo compré pasta de cacao puro, esencia de vainilla, un collar precioso de larimar, un anillo... También compramos fruta fresca baratísima que nos llevamos a casa para cenar.


A nosotros la visita, a pesar de que es totalmente turística, nos encantó y nos mereció la pena. El sitio era auténtico y por allí pululaban algunos de los 6 niños que tiene Pichipén.

Acabada esta visita, nos fuimos de nuevo al rancho de Santi, donde llegamos tardísimo, y desde allí a nuestro hotel, ya bien entrada la noche. Ese día cenamos la fruta que habíamos comprado y nos fuimos a dormir con la sensación de haber pasado un día increíble recorriendo Samaná y sus mejores playas. Bueno, en realidad no todos nos fuimos a dormir, ya que las dos chicas mayores habían quedado con Santi hijo y su mejor amigo que las vinieron a buscar al hotel para llevarlas a tomar algo y a bailar a Las Terrenas. Con un poco de miedo por nuestra parte, las dejamos ir con la promesa de que las traerían a las 12 de la noche, pero sabiendo que para ellas era una oportunidad que de no ser por Santi no hubieran podido disfrutar, así que se fueron con ellos y a las 12,15 estaban de vuelta en el hotel sin ningún incidente.