LUNES 5 OCTUBRE DE 2015
Toca madrugón, pero es uno de esos que merecen la pena. La única que se puede permitir un sueño un poco más largo es Paula, ya que la intención es desayunar directamente en el aeropuerto de Málaga en lugar de casa, y vamos a intentar meterla en el coche sin que se despierte mucho, ya que todavía nos queda aproximadamente una hora de trayecto.
Metimos todas las maletas en el coche y, a eso de las 07:30, ya estábamos en ruta con los nervios previos al viaje. Teníamos reservado un aparcamiento de larga estancia para dejar allí el coche los cinco días de viaje, y ahí fue donde nos dirigimos en primer lugar. El precio fue de 15€ y, de esa manera, evitábamos molestar a algún familiar para que nos llevase y fuese a recoger, ya que la opción del bus estaba descartada desde el principio (demasiado tiempo y jaleo).
A las 08:50 ya estábamos en la cola de Easyjet y, apenas 2 minutos más tarde nos cambiaban a los que íbamos a París a los mostradores de última hora. Una vez que nos tocó el turno, la chica de facturación nos dijo que como el vuelo iba lleno y seguramente iba a haber problemas de espacio para el equipaje de mano de todo el mundo, estaban empezando a facturar algunas de ellas de forma gratuita, y nosotros fuimos unos de los afortunados. Y digo afortunados, porque entre las 3 maletas, el carrito y la sillita del coche, nos las íbamos a ver negras para avanzar después del control de policía (porque a partir de ese punto ya no hay carritos).
Pensábamos que habíamos llegado muy bien de tiempo, pero entre una cosa y otra, llegamos a la puerta alrededor de las 09:30, justo cuando iban a comenzar el embarque. Si se va con niños menores de cinco años, se tiene embarque prioritario, lo que es una comodidad enorme.


El vuelo fue muy tranquilo y Paula se portó muy bien todo el camino. En Charles de Gaulle, recogimos el equipaje (que tardó un poquito) y nos fuimos disparados a recoger nuestro coche de alquiler. Solo había otra pareja delante nuestro, pero aún así tardamos más de media hora en recoger el coche. En parte, por la falta de organización que se veía (no paraban de entrar y salir de la oficina como pollos sin cabeza) y, en parte, porque ese día, a esa hora, había una manifestación de los trabajadores de Air France que estaban de huelga, y que tenían colapsada la salida de vehículos del aeropuerto. Ya habíamos notado algo cuando habíamos visto demasiados militares armados por el aeropuerto y, mientras esperábamos el coche, no habían dejado de pasar furgonetas de la policía con las sirenas a tope. Nosotros, nos habíamos propuesto tomarnos el viaje con mucha paciencia y, aunque costó algo más de lo previsto, lo conseguimos.
Llegamos al hotel a las 15:30 bajo una intensa lluvia que amenazaba nuestro primer día en Disney y hacía algo de frío. La primera impresión al ver el acceso al hotel fue… poco espectacular, por decirlo de alguna manera, pero fuimos cambiando de opinión a medida que íbamos descubriendo las diferentes zonas.






Dejamos las cosas en la habitación y, tras una exploración rápida, nos encaminamos por fin hacia Disney. Lo primero que nos sorprendió fue la escasa señalización. Bueno, no exactamente. Está bien indicado, pero muy poco (por no decir nada) tematizado, por lo que las señales pasan muy desapercibidas. Nosotros estuvimos en Orlando hace unos años, y allí ves carteles de Disney por todas partes. Hay incluso postes de luz con la forma de Mickey y la entrada en general se ve más espectacular. Evidentemente, es una opinión personal, pero esa fue la sensación que nos dio.

A la entrada del parking solo tuvimos que enseñar el cartoncito del hotel que nos dieron a la llegada para que el aparcamiento fuese gratuito y, siguiendo las indicaciones, llegamos a la zona de parking. La explanada es inmensa y uno se puede imaginar la cantidad e gente que puede haber un día de temporada alta, pero en nuestro caso, bastante más de la mitad estaba vacío. Entre la hora y el clima que seguía lloviendo, era algo de esperar. Gracias a eso, pudimos aparcar en primera fila.
Pasamos el control de mochilas y, como las energías que nos habían dado el café y el muffin del avión iban desapareciendo, la primera parada fue a comer algo en el Annette´s Diner. Nuggets de pollo para la peque y un par de hamburguesas con refrescos (yo probé la especial de Halloween) para nosotros, nos salió por 55€. Y de allí, ya sí, al parque.




Paula se estaba poniendo tontorrona porque no quería ponerse de ninguna de las maneras su abrigo con capucha, pero cuando vio la primera silueta de Mickey, le empezó a cambiar la cara. Canjeamos nuestras entradas en la oficina de “Guest Relations” (a la derecha de la entrada principal), ya que a esas horas todas las taquillas estaban cerradas y, por fin entramos en la magia.



Era un poco incómoda la lluvia (sobre todo por Paula), y dimos simplemente una vuelta rápida para acabar montando en Dumbo y en las Tazas que dan vueltas que, sorprendentemente a la peque le encantó y también en el carrusel, pero en este caso se bajó del caballo a mitad de la atracción (se ve que a nuestra hija le van las emociones fuertes y las cosas tranquilas no le hacen demasiada gracia).
Desde allí, salimos hacia el Auchan de Val d ´Europe a comprar provisiones y otros zapatos para Paula porque los suyos estaban chorreando y volvimos al hotel. El día lo terminamos con una baño en la piscina del hotel (una auténtica pasada), con mis valientes tirándose por los toboganes y una pizza que nos subimos a la habitación (12€) y que no estuvo mal. La verdad es que me la esperaba peor.
A las 23:00 caíamos rendidos los 3 en la cama.