Hoy vamos a visitar las islas Ballestas, famosas por la cantidad de fauna que las habitan y la Reserva Nacional de Paracas, en un tour que dura todo el día y que hemos contratado directamente en el hotel. Su coste ha sido de 22 EUROS para los dos con las tasas de acceso a los dos sitios incluidas.
A las 07:00 desayunamos (en Perú parece que todo va muy temprano) ya que a las 07:30 nos pasan a recoger por el hotel para llevarnos al muelle y desde allí, en una lancha, visitaremos las islas Ballestas.
Como el hotel está a unos 200 mts. escasos del muelle, vamos andando y nuestro acompañante se encarga de sacar las entradas. Accedemos a muelle, donde hay muchas embarcaciones llenas de asientos, que son las que cogeremos para ir a las islas. Nos montamos en una de ellas unas 40 personas aproximadamente y nos ponemos los chalecos salvavidas e inmediatamente salimos con el conductor de la lancha y un guía.
A las 08:00 en punto salimos del muelle y en unos 15 minutos, a la salida de la bahía de Paracas la lancha hace la primera parada para ver una figura enigmática llamada EL CANDELABRO, que está en la falda de un pequeño cerro y del que se desconoce su origen y antigüedad. Esta figura mide 150 mts. de alto por 80 de ancho y se cree que fue hecha por los antiguos habitantes de la zona, de la cultura Paracas, con algún fin de señalizacion marítima.
Seguimos con la lancha y en 15 minutos más nos plantamos en las islas. Aquí podemos ver multitud de leones marinos, pingüinos de Humbolt, que son unos pingüinos pequeñitos que solo se encuentran en estas islas i aves marinas a MILLONES y aquí no exageramos. Las islas están literalmente cubiertas de aves. Pelícanos, cormoranes, frailecillos, como no, gaviotas de diferentes tamaños y un largo etcétera.
La lancha se acerca a un metro escaso de las rocas, que están llenas de leones marinos tumbados al sol y que no nos hacen ni caso. También hay pequeños grupos de pingüinos a los que tampoco parece importarles demasiado nuestra presencia y aves, muchas aves, dos de las cuales nos dejaron un par de recuerdos en nuestros sombreros.
La lancha hace un recorrido completo por las islas y la verdad que ha sido impresionante poder ver tanta fauna salvaje tan de cerca.
Una vez finalizado el recorrido por las islas, en 30 minutos regresamos al puerto, desembarcamos y nos damos una vuelta por la zona ya que a las 11:00 nos vienen a buscar para ir a visitar la Reserva Nacional de Paracas.
A la hora indicada nos recoge en una van nuestra guía, Lourdes, la cual con dos chicos chilenos y una pareja de Lima, nos llevará a visitar la reserva mencionada, que se encuentra a media hora de la población.
Llegamos a la entrada de la Reserva y una vez pasado el control de acceso, la carretera asfaltada se convierte en una pista de tierra y nos vamos internando en la Reserva. Los paisajes van cambiando de color, desde un granate intenso a un ocre brillante, con unos matices y contrastes muy fotogénicos, aunque la luz del sol es muy dura y hay que jugar constántemente con los controles de la cámara.
Llegamos a los acantilados y en un punto concreto hay uno semi-derruido al que llamaban la Catedral ya que había un arco de piedra similar a una columna de una catedral pero que resultó destruido por el terremoto de 2007. De todas maneras la zona tiene un alto valor paisajístico y es de una belleza indudable.
Las playas también cambian de color dependiendo del tipo de mineral que hay en ellas y solo se escucha el ruido de la brisa marina dando una sensación de paz y sosiego abrumadoras.
Como colofón de la visita, nuestra guía nos lleva a un pueblecito de pescadores llamado Lagunillas y que está en medio de la reserva. Allí además del puerto y las casetas de los pescadores hay varios restaurantes. Comemos en uno de ellos un pez autóctono llamado CHITA y pulpo a la plancha. Todo muy bueno y tierno y con una buena y abundante guarnición, acompañado de dos cervezas CUSQUEÑA, la más popular del Perú.
Después de comer regresamos a Paracas y aprovechamos para dar otra vuelta por la zona y hacer las maletas. Mañana vamos en autobús a Nasca, próxima etapa de nuestro viaje.
A las 07:00 desayunamos (en Perú parece que todo va muy temprano) ya que a las 07:30 nos pasan a recoger por el hotel para llevarnos al muelle y desde allí, en una lancha, visitaremos las islas Ballestas.
Como el hotel está a unos 200 mts. escasos del muelle, vamos andando y nuestro acompañante se encarga de sacar las entradas. Accedemos a muelle, donde hay muchas embarcaciones llenas de asientos, que son las que cogeremos para ir a las islas. Nos montamos en una de ellas unas 40 personas aproximadamente y nos ponemos los chalecos salvavidas e inmediatamente salimos con el conductor de la lancha y un guía.
A las 08:00 en punto salimos del muelle y en unos 15 minutos, a la salida de la bahía de Paracas la lancha hace la primera parada para ver una figura enigmática llamada EL CANDELABRO, que está en la falda de un pequeño cerro y del que se desconoce su origen y antigüedad. Esta figura mide 150 mts. de alto por 80 de ancho y se cree que fue hecha por los antiguos habitantes de la zona, de la cultura Paracas, con algún fin de señalizacion marítima.
Seguimos con la lancha y en 15 minutos más nos plantamos en las islas. Aquí podemos ver multitud de leones marinos, pingüinos de Humbolt, que son unos pingüinos pequeñitos que solo se encuentran en estas islas i aves marinas a MILLONES y aquí no exageramos. Las islas están literalmente cubiertas de aves. Pelícanos, cormoranes, frailecillos, como no, gaviotas de diferentes tamaños y un largo etcétera.
La lancha se acerca a un metro escaso de las rocas, que están llenas de leones marinos tumbados al sol y que no nos hacen ni caso. También hay pequeños grupos de pingüinos a los que tampoco parece importarles demasiado nuestra presencia y aves, muchas aves, dos de las cuales nos dejaron un par de recuerdos en nuestros sombreros.
La lancha hace un recorrido completo por las islas y la verdad que ha sido impresionante poder ver tanta fauna salvaje tan de cerca.
Una vez finalizado el recorrido por las islas, en 30 minutos regresamos al puerto, desembarcamos y nos damos una vuelta por la zona ya que a las 11:00 nos vienen a buscar para ir a visitar la Reserva Nacional de Paracas.
A la hora indicada nos recoge en una van nuestra guía, Lourdes, la cual con dos chicos chilenos y una pareja de Lima, nos llevará a visitar la reserva mencionada, que se encuentra a media hora de la población.
Llegamos a la entrada de la Reserva y una vez pasado el control de acceso, la carretera asfaltada se convierte en una pista de tierra y nos vamos internando en la Reserva. Los paisajes van cambiando de color, desde un granate intenso a un ocre brillante, con unos matices y contrastes muy fotogénicos, aunque la luz del sol es muy dura y hay que jugar constántemente con los controles de la cámara.
Llegamos a los acantilados y en un punto concreto hay uno semi-derruido al que llamaban la Catedral ya que había un arco de piedra similar a una columna de una catedral pero que resultó destruido por el terremoto de 2007. De todas maneras la zona tiene un alto valor paisajístico y es de una belleza indudable.
Las playas también cambian de color dependiendo del tipo de mineral que hay en ellas y solo se escucha el ruido de la brisa marina dando una sensación de paz y sosiego abrumadoras.
Como colofón de la visita, nuestra guía nos lleva a un pueblecito de pescadores llamado Lagunillas y que está en medio de la reserva. Allí además del puerto y las casetas de los pescadores hay varios restaurantes. Comemos en uno de ellos un pez autóctono llamado CHITA y pulpo a la plancha. Todo muy bueno y tierno y con una buena y abundante guarnición, acompañado de dos cervezas CUSQUEÑA, la más popular del Perú.
Después de comer regresamos a Paracas y aprovechamos para dar otra vuelta por la zona y hacer las maletas. Mañana vamos en autobús a Nasca, próxima etapa de nuestro viaje.