Primera noche durmiendo en Japón, al fin dormimos en una cama! Nos levantamos tempranito, con energía y ganas de ver todo! Nos esperaba un día bastante intenso, pero impresionante.


La noche anterior al volver al hotel vimos que había cerquita un McDonald’s así que pensamos desayunar allí. Salimos a la calle y nos encaminamos hacia la calle Kappanbashi para ver las tiendas de cacharritos y utensilios de cocina de todo tipo. Sin embargo aunque amanece antes que en España, los japoneses no es que se maten en abrir temprano y aunque eran ya las 10.00 solo había un par de tiendas abriendo, así que decidimos volver después. Seguimos callejeando por la zona y dejándonos querer por lo que vamos descubriendo: un templo por aquí, una estatua por allá... Además a lo lejos se ve el Skytree, impresionante.



Llegamos a la fabulosa puerta Kaminarimon del Templo Sensoji. www.japan-guide.com/e/e3004.html Aún no hay mucha gente y conseguimos sacar fotos chulas. Allí vemos por primera vez a los corredores que llevan a gente en carros y les hacen rutas turísticas. Fue gracioso porque al principio pensamos que querían vendernos algo y pasamos de ellos completamente porque los vimos vestidos raros y muy morenos, normal que estuvieran zahínos como los toros! Todo el día al sol! Jaja

Después nos adentramos en la calle que va hasta el templo, con mucho ambiente y muchas tiendecitas de todo tipo de souvenirs y dulces. Según te vas acercando al templo la vista es cada vez más bonita. Es más, llegamos a la conclusión de que el Templo Sensoji era el número uno de los templos japoneses. De hecho, si no estamos mal informados, Sensoji significa Templo de los templos. Una vez allí estuvimos viendo el ritual de lavarse las manos con los cacitos o el de quemar incienso.
Por la parte de atrás del templo hay una calle comercial cubierta donde descubrimos el bautizado por nosotros como “panecillo de los dioses” jaja, un bollo dulce que estaba ufff, difícilmente de explicar! Si os dejáis llevar por vuestro olfato no tardaréis nada en encontrarlo. Qué cosa más rica!! Seguimos callejeando y volvemos a Kappabashi dori donde ya había ambientillo y entramos a una tienda que vendía los platos de plástico/silicona que tienen en el 99% de los escaparates de los restaurantes, muy reales y elaborados. Le dijimos a la dependienta si nos dejaba hacer fotos, y amabilísima ella nos dio vía libre.

Otra vez entramos en la calle del templo, ahora ya si repleta de gente, y tuvimos la feliz idea de comprar unos pastelitos supuestamente rellenos de chocolate con muy buena pinta, pero… al primer bocado… era pasta dulce de judías!! Ya habíamos oído hablar de ello y no es que esté malo, pero ese bocado traicionero en el que esperas chocolate y descubres que es otra cosa debería estar prohibido, jaja. Nosotros lo probamos varias veces y vimos que no nos hacía especial ilusión.

El siguiente destino del día era Odaiba, donde teníamos planeado ir en barco desde los aledaños del templo. No había billetes para los trayectos más próximos, así que cogimos unos billetes para un poco más tarde y aprovechamos a ver el cementerio Yanaka donde estuvimos el día anterior y así ya dejar toda la zona de Ueno cubierta. Teníamos pensado visitarlo el primer día si nos daba tiempo, o si no ya dejarlo para el último día. Al final ni una cosa ni otra. El tema de ver cementerios es una cosa que no a mucha gente le gusta, pero pensamos que es curioso y la paz que se respira… no sé, tienen algo que hace que merezca la pena darse una vuelta.
Ya se acercaba la hora de que saliera nuestro barquito hacia Odaiba así que cogimos el metro de vuelta a Asakusa y comimos por allí otra sopita exquisita y tonkatsu (un filete de cerdo empanado con panko) con tortilla y arroz. Antes de coger el barco se puede ver el edificio famoso de la cerveza Kirin, que “se supone” que tiene en el tejado espuma de cerveza al viento… pero vamos, parece de todo menos eso jaja.


El paseíto en barco fue muy chulo, vas viendo la ciudad, pasando por varios puentes y poco a poco Odaiba va haciéndose más y más grande. Merece la pena y nos gustó mucho.
A la llegada a Odaiba y nada más bajar del barco vemos que hay mucha gente pegando lonas en el suelo de distintos tamaños porque ese mismo día (el 8 de agosto) había un espectáculo de fuegos artificiales. Nos acercamos a un grupo de chavales para preguntarles si esas lonas las habían comprado o traído de casa (nosotros también queríamos un sitio!!! Jaja) pero nos dijeron que no había sitio para comprarlas y que las habían traído de su casa.

Ya nos íbamos y se acercó uno de los chicos a los que les habíamos preguntado sobre las lonas a ofrecernos un sitio sitio con ellos! Es increíble lo maja que es esta gente de verdad!! Les dijimos que muchas gracias pero no podíamos estar allí esperando hasta la hora en que empezaba el espectáculo (faltaban unas 4 horas en las que pretendíamos ver Odiba) pero dijeron que sin problemas, y es que allí solo con poner tu nombre en la lona la gente lo respeta y se pueden ir y volver a las horas que nadie les va a tocar su puesto. ¡Qué envidia de ese civismo que tanto vimos en nuestro viaje!
Pues ala, a patear Odaiba! www.japan-guide.com/e/e3008.html Nos dirigimos a la noria que hay entre dos grandes centros comerciales y un parquecito en el que encontramos algún tipo de feria y había muchas camionetas que vendían bebida y comida y mesas al centro llenas de gente (un poco americanada la verdad) y nos tomamos una cervecilla para reponer fuerzas, que por si no lo hemos dicho, hacía un calor abrasador.
Entramos después a ver la exposición de Toyota en la que exhibe modelos históricos, últimos modelos y muchos proyectos tecnológicos de todo tipo. Empezamos a ver a muchas chicas con la yukata de flores, en grupos o también muchas parejas (no todos los chicos pasaban por el aro de ponerse la yukata jaja), el caso es que les pedimos a un grupo que si nos podíamos hacer una foto con ellas y súper majas, se reían mucho, y quedaron fotos muy buenas jaja.


Llegando a la placita donde está el robot gigante Gundam tuvimos la suerte de ver un mini concierto súper friki! Aquí vimos otro ejemplo de lo civilizada que es esta gente. Estaban todos los chavales bailando en el medio, y habían dejado todos sus bolsos y mochilas en un lateral. Una chica se dio cuenta de que su móvil de ultimísima generación le estorbaba, así que abrió su bolso de par en par, tiró el móvil de cualquier manera al bolso y se fue corriendo a seguir viendo el concierto dejando el bolso abierto y el móvil a la vista. Estábamos a la vez muriendo de envidia al ver que esto es algo normal allí, y a la vez pensando en cómo no va a ser esta gente carne de cañón cuando viajan a otros países!


Hechas las fotos de rigor a Gundam, tomamos un café en el centro comercial más próximo y nos vamos paseando de vuelta hacia el sitio donde íbamos a ver los fuegos artificiales pasando por la pequeña Estatua de la Libertad. El ambiente era buenísimo, buena temperatura, el paisaje, las chicas vestidas con Yukata…genial, estuvimos muy a gusto.
Por fin, llegamos al sitio donde los chavales nos ofrecieron cobijo y no estaban todavía, así que entre tanto cogimos unos pinchos de pollo y cenamos mientras esperábamos. Por fin aparecieron y nos sentamos con ellos, súper agradables, dándonos conversación… (siguen ganando puntos estos japoneses en cuanto a amabilidad).


Pero cuando empezó el festival, oh! catástrofe! El sitio que tenían reservado estaba justo al lado del puerto donde nos había dejado el barco así que no se veían desde ahí los fuegos… Aun así, ellos tranquilos, disfrutando el ambiente y sin moverse. Eso sí, no viendo ni un carajo. Nosotros en cambio, agradecimos que nos dejasen estar con ellos y fuimos a buscar un sitio con mejores vistas.

Una hora antes de que acabasen los fuegos artificiales tomamos la sabia decisión de ir hacia el metro para evitar colas masivas en el metro. A pesar de nuestros intentos de escape pillamos una buena cola para coger nuestro vagón, era de hecho una cola en la calle formada mucho antes de llegar a la entrada de la estación. Qué ordenados son estos japoneses.
Una vez en el metro, compensamos nuestra sabiduría anterior con la mala idea de parar por Akihabara antes de volver a casa… Total, eran solo las 21.30, no pasaba nada por da una vueltecilla y es que en ese momento aún no sabíamos que a las 21.00 ya no canta el cuco y que es la hora ideal para irse a dormir.
Llegamos por fin a Akihabara y efectivamente, quedaba ya lo mejor de cada casa, poquita gente y poco del bullicio que caracteriza esta calle. Si a eso le sumamos que estábamos cansados nivel 10 habríamos hecho mucho mejor ahorrándonos la parada… pero bueno, de estas cosas se aprende y ya no nos volvió a pasar. Aprovechamos y cogimos del McDonald una hamburguesa con aguacate y wasabi que estaba bastante rica y sobre todo original era desde luego.
De ahí a dormir y a descansar que ya tocaba. Antes de subir al hotel empezamos la práctica que seguiríamos todo el viaje, que era comprar por la noche en un Seven Eleven o Family Markt el desayuno del día siguiente: unos cafés, bollitos, yogur o zumo y algo para picar a media mañana. Una opción que además de económica era la más cómoda, nada como una duchita y desayuno recién servido en la habitación del hotel, jaja.