Nuevo día soleado en Salzburgo, aprovechamos para realizar una excursión a Hallstatt y alrededores. Dos años después por fin vamos a poder desquitarnos y subir al “FiveFingers”, espinita que teníamos clavada desde el viaje anterior, cuando nos coincidió mal tiempo y tuvimos que dejarlo para otra mejor ocasión que parece que por fin se materializa hoy!
Aparcamos en Obertraun, creemos que estamos cerca pero resulta que tenemos que caminar un rato enorme hasta la taquilla del teleférico que está mucho más lejos de lo que parece.
Segunda contrariedad, el "ticket Unesco" que queremos comprar (incluye el ascenso, la cueva de hielo y un paseo en barco por el Halstattsee) solo se vende hasta las 10h. Son más de las 11h así que compramos el ticket que combina la subida al fivefingers y la cueva de hielo por 39,9€.
El teleférico es una magna obra de ingeniería made by Siemens. La vertiginosa subida nos da una perspectiva diferente de la ladera poblada de abetos, estamos suspendidos a bastante altura y todo se ve diminuto allá abajo.
El trayecto está dividido en tres estaciones, nos bajamos en la primera, ascendemos durante unos 15 minutos hasta llegar a la entrada de la cueva de hielo. Antes de entrar todo el mundo aprovecha para ponerse ropa de abrigo porque la temperatura de la cueva en verano oscila entre 1 y 3ºC, todos excepto una turista japonesa que se recorre la cueva en shorts, camiseta palabra de honor y chanclas
. Sus antepasados samuráis se sentirán sin duda orgullosos de ella. Enseguida llega nuestra guía y comenzamos la visita.
Las explicaciones son en alemán e inglés y nos proporcionan datos muy interesantes sobre la formación de la cueva y el fenómeno de masas de aire que permite que el hielo se conserve inalterable en todas las estaciones del año. El interior de la cueva es un marco espectacular que se aprovecha para la celebración de conciertos de piano.
Abrigados hasta los dientes como vamos, el contraste al salir al exterior con una diferencia de unos 30-35 grados es brutal. Nos encontramos un mirador y como no podía ser de otra manera, las vistas son excepcionales. Toca cambio de vestuario, pasamos de nuevo a “modo calor”.
Descendemos hasta la estación para coger de nuevo el teleférico. Este tramo es mucho más largo que el anterior y el ascenso mucho más vertical, no en vano vamos a hacer cumbre en lo alto de la montaña.
Llegamos arriba, desde allí se pueden seguir varios caminos en diferentes direcciones o continuar en el teleférico hasta la siguiente estación.
Me sorprende que pese a lo altos que estamos sigue haciendo muchísimo calor allí arriba.
Caminamos expectantes hasta llegar al mirador, que consiste en cinco plataformas suspendidas sobre el abismo que se asemejan a una mano extendida, de ahí su nombre. Nos quedamos extasiados contemplando la grandiosidad del paisaje. Desde allí arriba te sientes en verdad muy pequeño en comparación con la majestuosidad de la Naturaleza. Ante nosotros tenemos el Hallstätter See encajado entre las imponentes montañas que contrastan con el azul del cielo, es muy difícil describir la belleza de esta imagen.
No sé cuánto tiempo pudimos estar allí, pasando de un mirador a otro, haciendo decenas de foto o simplemente mirando el cuadro de excepción que tenemos ante nuestros ojos. Verdaderamente valieron la pena los dos años de espera.
El tiempo pasa y llega el momento de volver al teleférico. El descenso produce muchísima más sensación de velocidad que el ascenso. Caminata hasta el coche, y otra vez a cambiarnos de ropa, ahora toca poner el bañador. Cogemos la comida y nos instalamos en una de las playas, el sol ya no calienta tanto pero no podemos dejar pasar la oportunidad de darnos un chapuzón en el Hallstätter See.
Todavía tenemos tiempo de dar una vuelta por Hallstat, así que cogemos el coche y aparcamos en el primer parking, que es el mayor sablazo de todo el viaje 5€/1h15min. Hallstat tiene el honor de estar declarado como el pueblo más bonito a orillas de un lago y sin duda es uno de los más bellos de Austria, y eso que cuenta en el país con una dura competencia.
Nos hubiera encantado dar un paseo en barca y ver el pueblo desde el lago, pero no llegamos a tiempo pues el servicio solo está disponible hasta las 18h (otra vez los horarios…). Creo que por la orientación del pueblo el mejor momento para hacer fotos en Hallstat debe ser por la mañana, cuando el sol incide en la montaña y se produce el reflejo sobre el lago, aun así, dado lo fotogénico del lugar, las que pudimos tomar a estas horas son bonitas también.
Ponemos rumbo a Salzburgo todavía embelesados con las imágenes que llevamos en la retina.
Aparcamos en Obertraun, creemos que estamos cerca pero resulta que tenemos que caminar un rato enorme hasta la taquilla del teleférico que está mucho más lejos de lo que parece.
Segunda contrariedad, el "ticket Unesco" que queremos comprar (incluye el ascenso, la cueva de hielo y un paseo en barco por el Halstattsee) solo se vende hasta las 10h. Son más de las 11h así que compramos el ticket que combina la subida al fivefingers y la cueva de hielo por 39,9€.
El teleférico es una magna obra de ingeniería made by Siemens. La vertiginosa subida nos da una perspectiva diferente de la ladera poblada de abetos, estamos suspendidos a bastante altura y todo se ve diminuto allá abajo.
El trayecto está dividido en tres estaciones, nos bajamos en la primera, ascendemos durante unos 15 minutos hasta llegar a la entrada de la cueva de hielo. Antes de entrar todo el mundo aprovecha para ponerse ropa de abrigo porque la temperatura de la cueva en verano oscila entre 1 y 3ºC, todos excepto una turista japonesa que se recorre la cueva en shorts, camiseta palabra de honor y chanclas
Las explicaciones son en alemán e inglés y nos proporcionan datos muy interesantes sobre la formación de la cueva y el fenómeno de masas de aire que permite que el hielo se conserve inalterable en todas las estaciones del año. El interior de la cueva es un marco espectacular que se aprovecha para la celebración de conciertos de piano.
Abrigados hasta los dientes como vamos, el contraste al salir al exterior con una diferencia de unos 30-35 grados es brutal. Nos encontramos un mirador y como no podía ser de otra manera, las vistas son excepcionales. Toca cambio de vestuario, pasamos de nuevo a “modo calor”.
Descendemos hasta la estación para coger de nuevo el teleférico. Este tramo es mucho más largo que el anterior y el ascenso mucho más vertical, no en vano vamos a hacer cumbre en lo alto de la montaña.
Llegamos arriba, desde allí se pueden seguir varios caminos en diferentes direcciones o continuar en el teleférico hasta la siguiente estación.
Me sorprende que pese a lo altos que estamos sigue haciendo muchísimo calor allí arriba.
Caminamos expectantes hasta llegar al mirador, que consiste en cinco plataformas suspendidas sobre el abismo que se asemejan a una mano extendida, de ahí su nombre. Nos quedamos extasiados contemplando la grandiosidad del paisaje. Desde allí arriba te sientes en verdad muy pequeño en comparación con la majestuosidad de la Naturaleza. Ante nosotros tenemos el Hallstätter See encajado entre las imponentes montañas que contrastan con el azul del cielo, es muy difícil describir la belleza de esta imagen.
No sé cuánto tiempo pudimos estar allí, pasando de un mirador a otro, haciendo decenas de foto o simplemente mirando el cuadro de excepción que tenemos ante nuestros ojos. Verdaderamente valieron la pena los dos años de espera.
El tiempo pasa y llega el momento de volver al teleférico. El descenso produce muchísima más sensación de velocidad que el ascenso. Caminata hasta el coche, y otra vez a cambiarnos de ropa, ahora toca poner el bañador. Cogemos la comida y nos instalamos en una de las playas, el sol ya no calienta tanto pero no podemos dejar pasar la oportunidad de darnos un chapuzón en el Hallstätter See.
Todavía tenemos tiempo de dar una vuelta por Hallstat, así que cogemos el coche y aparcamos en el primer parking, que es el mayor sablazo de todo el viaje 5€/1h15min. Hallstat tiene el honor de estar declarado como el pueblo más bonito a orillas de un lago y sin duda es uno de los más bellos de Austria, y eso que cuenta en el país con una dura competencia.
Nos hubiera encantado dar un paseo en barca y ver el pueblo desde el lago, pero no llegamos a tiempo pues el servicio solo está disponible hasta las 18h (otra vez los horarios…). Creo que por la orientación del pueblo el mejor momento para hacer fotos en Hallstat debe ser por la mañana, cuando el sol incide en la montaña y se produce el reflejo sobre el lago, aun así, dado lo fotogénico del lugar, las que pudimos tomar a estas horas son bonitas también.
Ponemos rumbo a Salzburgo todavía embelesados con las imágenes que llevamos en la retina.