Lunes 16 de marzo y seguimos volando hacia el sur. Salimos de Trondheim hacia el aeropuerto, esta vez en tren, que cuesta 77nok (unos 9€). el vuelo hasta Ålesund es cortito, apenas una hora. Volamos con SAS por 99€, más otros 70nok hasta Ålesund.
Como en esta ciudad nos alojamos en una casa particular de Airbnb y no había nadie hasta las 4, dejamos primero las maletas en una taquilla de la oficina de turismo y nos dedicamos a turistear un poco.
La ciudad es pequeñita, apenas 46000 habitantes, y se ve rápido. Destaca la historia de su reconstrucción cuando en 1904 fue pasto de las llamas como otras tantas ciudades noruegas. Posteriormente se reconstruyó según el estilo arquitectónico de moda en la época: el art nouveau.
La belleza de la ciudad viene por su especial enclave. Mar, fiordos, montañas, ciudad. Todo se mezcla y forma una composición única.



Nos quedamos impresionados cómo en el canal que forma el pequeño puerto antiguo, el agua era tan transparente que se veía perfectamente el fondo y los barcos parecían flotar en el aire.



A pesar del día espléndido que hacía, poca gente se veía en las calles, como si todavía estuviesen en plena hibernación. Dentro del islote donde se asienta el centro histórico, subimos la pequeña colina, en cuya cumbre hay un minúsculo parque con un bonito mirador de la ciudad y su entorno.



De nuevo en el puerto, 127nok (15€) nos bastaron para comer un fish and chips con bebida, antes de emprender la actividad de la tarde. En la zona del puerto, dentro del fiordo, se puede observar en la lejanía las montañas de los Alpes Sunnmør.


Con la intención de ver el atardecer, aunque al final se ha nublado bastante, hicimos la última actividad del día: subir a pie el monte Aksla, que domina la ciudad y su entorno.






La noche se acerca de nuevo y bajamos la colina para aprovisionarnos en el supermercado antes de ir a cenar y dormir en casa, que mañana toca un buen madrugón.
Quisiera mencionar lo maja que era nuestra chica noruega anfitriona, cuyo marido estaba de viaje de negocios en Sevilla.
Tromso y sus auroras boreales