Martes 17 de marzo y toca madrugón de los buenos. Nos habíamos planteado la opción de visitar algún fiordo en una excursión de un día desde Ålesund; pero en invierno los trayectos en barco no están operativos, así que tuvimos que improvisar un poco. Preguntamos ayer en la oficina de turismo cómo podíamos llegar a Geiranger y la única opción que teníamos era la del bus interurbano. Si queríamos aprovechar el día, tendríamos que coger el bus que sale de Ålesund a las seis de la mañana.
Desde Ålesund a Geiranger apenas hay 110km, pero nosotros tendríamos que coger tres autobuses y un ferry, y nos llevará unas tres horas y media.
El día empieza tempranísimo, noche cerrada aún, porque el bus sale de la estación de Ålesund (Ålesund rutebilstasjon) a las seis menos cuarto de la mañana. En un recorrido de una hora, con una parada más larga en Moa Traffikterminal, nos deja en la estación de Sjøholt. Allí ya está esperando el siguiente bus con destino Linge, pasando por Stordal y Liabygda. Como detalle, este bus es el que usaban todas las quinceañeras para ir al instituto por la mañana, así que realizó bastantes paradas. Con la mañana avanzando, la luz del día nos dejaba ver ya el paisaje de los fiordos.

La ruta alterna tramos al borde del fiordo, con pasos entre montañas, donde la nieve todavía está presente.


El bus se desvía ligeramente de su ruta para hacer parada en el ferry (Linge ferjekai). allí dejamos nuestro segundo bus para tomar el ferry a Eidsdal. Son diez minutos de trayecto, pero después aún tendremos que esperar un rato por el tercer bus. Toca pasar el rato en un pueblo fantasma a las ocho de la mañana.



A las 8:45 aparece el bus. Aún quedan unos 40 minutos de viaje hasta llegar a Geiranger, y solo vamos cuatro pasajeros: nosotros dos y dos chicas ¿rusas? que también van a pasar el día a Geiranger, se han hecho las tontas y se han llevado al huerto al conductor.
Todavía hay que pasar un pequeño puerto nevado, junto al lago Eidsvatnet.

De repente:
La carretera del águila (Ørnevegen) comienza a serpentear ladera abajo hacia el fiordo Geiranger. Su primera curva de horquilla, la más alta, alberga el mirador Ørnesvingen; donde el conductor al ver que todos éramos turistas (y quizás como premio a la "amabilidad" de las rusas, de la cual también nos beneficiamos nosotros




Por fin llegamos a Geiranger. son las nueve y media de la mañana y tenemos tiempo hasta las cuatro de la tarde. El bus nos ha costado 245nok (unos 28€) con un mismo billete que vale para todo el trayecto, incluido el ferry.
Como es invierno, el pueblo está muerto, así que haremos algún trail. Un cartel los muestra todas las opciones. Vamos a subir hasta el Geiranger Fjordsenter, y después haremos las rutas A hasta Vesterås Gard y C hasta Løsta.



Mires desde donde lo mires, el paisaje es precioso, incluso sin el verde característico de sus prados en verano. Es muy difícil creer que estás al nivel del mar rodeado de estas impresionantes montañas de más de 1700m de altitud.
Reconozco que estoy hecho una mierda físicamente, pero es lo que hay y por eso nos ha llevado casi dos horas subir hasta Løsta.







Allí, en medio de las montañas a 500m sobre el mar, uno se sentía como Marco, o Pedro con sus cabras...


Si la subida era agotadora, la bajada es rompepiernas. Menos mal que las vistas lo curan todo. Cascadas medio heladas por el camino y nieve en las cumbres.
De vuelta al pueblo, éste tendrá mucha vida en verano, pero en invierno puedes prenderle fuego y nadie se dará cuenta. el día está espectacular y las montañas brillan con el sol mientras el fiordo apenas se queda en la penumbra. Gran contraste. Hasta las casas están cubiertas con tejados de hierba. (buen aislante, por cierto)


Como nos hemos traído la comida de casa, hoy toca AC/DC, es decir, a comer de campo.
¡¡Pero qué comida tan buena con esta vista!!

Hacemos un poco de tiempo antes de tomar el bus de vuelta, caminando por la orilla del fiordo hasta Homlong, donde hay unas buenas perspectivas de Geiranger.


Casi las cuatro de la tarde y hay que esperar por el bus. No da para más el día, pero satisfechos quedamos de la visita al fiordo Geiranger. Nos preguntamos si las rusas volverán a tiempo o se las habrá comido un oso, pero ahí aparecen puntuales y "amables" con el conductor como antes. Hasta se han comprado unos caramelos en la tienda y le ofrecen al busero...
La verdad es que no sé si les ha funcionado, pero el caso es que el viaje de vuelta nos ha salido más barato que la ida: los 245nok se han quedado en 178nok, ¡por descuento de grupo! ¡Si somos dos!...
Así que los 28€ se han quedado ahora en 20€. Viva Rusia!!!
De nuevo en ruta hacia Ålesund, tres buses y ferry, pero el atardecer todavía nos regala alguna postal...

Cansados por la excursión pero satisfechos. Mañana, a madrugar de nuevo.
Tromso y sus auroras boreales