Toca a diana bien temprano este día el despertador, a eso de las 7:30, para instalarnos en el camping y coger después el bus a las 10:00 hacia Venecia. Ordenamos nuestras cosas en el bungalow y nos montamos en el autobús que, tras unos 20 km de autovía con los arcenes acuáticos, nos deja en Piazzale Roma y comienza nuestra ruta de nuevo.
Entre el mapa de la guía y un plano lamentable que conseguimos en el camping, nos adentramos en Venecia en busca del Gran Canal (así contado parece una película de aventuras...jejejeje

Cuando llevabamos cinco minutos por Venecia, creo que nos habíamos perdido seis veces jejeje, pero en seguida encuentras algo que te devuelve a la dirección correcta. Ibamos los cuatro encantados pero sin rumbo, intentando guardar en nuestras retinas cada acera, cada tejado y cada puente y disfrutando simplemente del encanto de andar por unas calles por las que parece haberse detenido el tiempo.
Después de un rato, vimos un cartel con forma de flecha en el que ponía "A Rialto", así que hacia allí nos encaminamos. Aunque aún no era demasiado tarde, Lorenzo ya nos alumbraba con fuerza así que compramos una yonki-lata (esas latas de 33 centilitros) de cerveza para calmar la sed y llegamos a un puente que resultó ser el de la Academia y para celebrarlo, pues otra latita.
A lo tonto nos bebimos medio litro de cerveza cada uno que nos dejo un poquito txorimorcis, con la sonrisa en la boca, y cruzamos el puente como si fuéramos elevados un palmo del suelo (algo que contaré a mis nietos jijijiji).
Caminando por las callejuelas salimos casi sin querer a la Piazza de San Marco.

No quisiera cometer la estupidez de contar algo indescriptible. Sólo he de decir que molaban hasta las palomas cuando se subían a tu mano para comerse lo que les dieras....
Cuando ya parecíamos japoneses sacando fotos a todo, nos fuimos a ver el puente Degli Uffizi y el Puente de los Suspiros, sin perdernos claro está todos los chiringuitos con artículos de toda clase: cristal de Murano, máscaras carnavalescas, llaveros, cucharllas, anillos, pendientes, camisetas...Después de esto empezamos a tener hambre, por lo que fuimos en busca de un restaurante que nos recomendaba la guía junto al puente de Rialto. Como no encontramos el restaurante en cuestión, volvimos unos 2 km sobre nuestros pasos para ir a una zona con terrazas en donde nos comimos unas pizzas buenísimas y en dónde había un camarero español jejejeje. Debo añadir que nos tomamos el mejor café manchiatto de todo el viaje mientras siesteábamos en la mesa.
Por fín llegó el momento de "gondolear" y tras regatear con un par de gondoleros, no nos quedó más remedio que pagar los 80 eurazos por media hora que nos pidieron, pero bueno, es una vez en la vida.
Muy bonito y, aunque caro, muy recomendable el paseo por el pequeño canal con explicaciones sobre la vida en general en Venecia que nos dió el capitán.

Se nos pasó el tiempo volando...
Después subimos a la torre del Campanile, situada junto a la catedral y con unas vistas preciosas de todo Venecia y algunas islas colindantes, una visita imprescindible.



También imprescindible "la boutique del helado" donde la relación calidad precio está más que rentabilizada jejejeje
Casi sin darnos cuenta se nos pasó nuestro primer día por Venecia y tuvimos que correr para coger el autobús de regreso al camping. Una vez allí nos duchamos, cenamos y nos encamamos.