03/05/2026
Nuestro vuelo de regreso sale por la tarde, por lo que podemos aprovechar bastante el día.
Por la mañana vamos a pasear por Stresa, que a pesar de que ya hemos estado en su estación y muelle, realmente no hemos visitado la ciudad.
Elegimos el tren para desplazarnos desde Arona, tanto a la ida como a la vuelta, porque es más rápido y más económico que el ferry.
Es probablemente una de las ciudades más turísticas del lago, aún teniendo menos de 5.000 habitantes, porque es la más cercana a las tres populares islas. Además, su ubicación es especialmente atractiva porque está justo enfrente de la gran abertura del lago, y la vista desde aquí nos asemeja a un fiordo, (sin haber visto ninguno en realidad)
Desde la estación bajamos hasta la orilla del lago en menos de diez minutos.
Desde aquí recorremos el lungolago hacia el norte, es un paseo ajardinado muy cuidado, a un lado, el agua cristalina, al otro, preciosos hoteles de lujo, con elaborada decoración art nouveau.
Destaca el Grand Hotel des Iles Borromees, así, en francés, que le da más caché,
El paseo llega hasta la parada de ferry de Carciano. A partir de aquí, la costa es de acceso privado de las mansiones construidas a primera línea de lago.
Habremos caminado unos veinte minutos y damos media vuelta.
El centro del pueblo consta de varias calles peatonales con negocios dedicados principalmente a los souvenirs. Predominan los jabones y perfumes hechos con cítricos, al igual que en la costa amalfitana, a pesar de estar a casi mil kilómetros de distancia.
También hay numerosos restaurantes. Pero nosotros elegimos comer en la plaza del lungolago, pues hoy celebran la fiesta de la cerveza artesana y hay muchos puestos de comida y bebida.
Hacemos una degustación de productos de la tierra como unos spaghetti, una sfogliatella y un par de aperol spritz.
A pesar de que las vistas son fantásticas y que el pueblo es muy bonito, nos da la impresión que ya lo hemos visto todo, así que al mediodía regresamos en tren a Arona.
Una vez en Arona, volvemos a dar un paseo por las calles peatonales, la piazza del popolo y el paseo lacustre.
Nos aventuramos un poco más allá de la calle comercial pero no vemos nada de interés.
Nos tienta subir al mirador del castillo o a la estatua gigantesca de San Carlo Borromeo pero estamos algo cansados.
Paseamos y curioseamos por el mercado de antigüedades que tienen montado enfrente al lago hasta que se hace la hora de dirigirnos al aeropuerto.
Ha sido un día super tranquilo para culminar este viaje de palazzos y jardines, junto con maravillosos paisajes de montañas infinitas y azul intenso.
Y así culmina esta escapada primaveral en un destino poco conocido pero muy recomendable. Espero que haya resultado de interés a los lectores, y finalmente como siempre, agradecer las fotos a Roger.