* Ellensburg
Nos despertamos temprano para tomar el desayuno.
Era un desayuno buffette bastante completo. Aprovechamos para cargarnos de energía para buena parte del día.
Hicimos el check-out y con el coche nos dirigimos en busca de aparcamiento. A pesar de lo temprano de la hora la densidad de tráfico era considerable y todos los coches con un sólo objetivo, encontrar aparcamiento.
- The Ellensburg Rodeo Parade
En vista de que aparcar en la calle libre de pago era imposible, dimos un par de vueltas para evaluar los diferentes aparcamientos. A más cerca estaba el aparcamiento del rodeo, más caro era. Los más caros eran de unos 15$ todo el día. Encontramos un aparcamiento a menos de diez minutos caminando del rodeo por 5$. Se trataba de una sencilla esplanada gestionada por una escuela local. Estaba claro que allí todo el mundo trataba de aprovechar el rodeo para sacar tajada.
Pagamos nuestro ticket, que dejamos en el salpicadero, y nos dirijimos al centro. Nos hicimos con un recorrido del desfile en el que figuraban cada una de las entidades que iban a participar. Caminamos entre las decenas de comparsas que empezaban a prepararse para participar en el desfile: desde vendedores de maquinaria agrícola hasta bomberos, policías, escuelas.... Era de lo más curioso.
Mirando el mapa, elegimos un punto que nos pareció bueno para presenciar el desfile. Como aún quedaba una hora, entramos en un Starbucks a tomar un café para hacer tiempo. Junto al Starbucks un grupo de animadoras ensayaba un número. Eran todo tan americano.... ¡nos encantaba!

En el Starbucks, estudiando el recorrido del desfile
Cuando se acercó la hora, nos situamos en el punto elegido. Numerosas personas se concregaban a lo largo del recorrido. Muchos con sillas y sombrillas para verlo cómodamente.

Todo el mundo listo para el desfile
Y entonces empezó el desfile. Consistió en más de 50 comparsas que pasaron una detrás de la otra durante una hora y media. Hubo de todo, como os podéis imaginar, así que a continuación sólo pondré algunas de las que nos resultaron más curiosas.

Un instituto de Ellensburg, respresentado por el equipo de fútbol americano y las animadoras

Más animadoras

Una asociación LGTBi

Animadoras de los Wildcats

La banda de música de otro instituto

Sus correspondientes animadoras

El Sheriff

Una representación de una de las tribus de la zona

Más miembros de la tribu

Miss Rodeo Washington

Pequeña voluntaria encargada de recoger los restos de los caballos que pasaban

Asociación religiosa

Más asociaciones

Bomberos Forestales

Representación Demócrata

Representación Republicana (se llevó más aplausos que la de Hillary)

Final de la Parade
Como véis había de todo, de las más llamativas a las más sencillas. Desde un espectro político a otro. Todos tenían allí representación.
Algunos lanzaban caramelos y otros regalos, con lo que acabamos con un buen cargamento de caramelos, lápices, globos, incluso pegatinas de Trump.
Nos sorprendió mucho que la mayoría no llevaba música, con lo que la mayor parte del desfile quedó bastante desangelado.
Se nos hizo un poco largo, pero aguantamos allá hasta el final, ya que teníamos tiempo de sobra y al fin y al cabo esto era lo que veníamos buscando, pero fue de lo más interesante. Especialmente todas aquellas comparsas que tanto relacionábamos con lo que vemos en las películas y las series de televión: las animadoras, los equipos de fútbol americano, los políticos, las misses....
Finalizado el desfile, nos fuimos derechos hacia el recinto de la feria.
- La Feria
Entramos en el recinto enseñando las entradas para el Rodeo. Ya desde fuera pudimos comprobar que era una feria acondicionada con edificios del más típico Oeste americano en los que podías encontrar tiendas para comprar de todo y restaurantes.

Entrada a la feria
Un poco más hacia el interior nos encontramos con los vallados en los que se encontraban descansando los toros que después formarían parte del Rodeo. Eran unas bestias impresionantes. Sólo de pensar en intentar montar uno de aquellos animales te ponía los pelos de punta.

Uno de los toros del rodeo
Y tras ellos, el recinto donde se celebraría el rodeo.

Recinto del rodeo
Teníamos un montón de ganas de que empezara. Era uno de los momentos que esperábamos del viaje con más ganas, llenos de curiosidad. ¿Nos gustaría? ¿Nos cansaríamos a los cinco minutos? Aún faltaba más de una hora para poder comprobarlo.
Seguimos avanzando, atravesando una zona de casetas de comida y de venta de todo tipo de artículos para cowboys y cowgirls: sombreros de muy diferentes precios y calidades, vaqueros, hebillas de cinturón, botas, pañuelos... No faltaba de nada.
De hecho la gran mayoría de visitantes de la feria vestían de esta manera y aunque desde nuestro punto de vista nos pareciera que ese tipo de prendas no sirven más que para disfraces, allí forman parte del atuendo habitual de mucha gente. Está claro que para ellos es de lo más normal vestir así. Los identifica con un estilo de vida concreto. En realidad allí, los que llamábamos la atención, éramos nosotros.

Interior de la feria
Un poco más allá encontramos unas enormes naves en las que había diferentes animales abasto. Y es que la fería incluía concursos de ganado de diferentes tipos.

Naves para el ganado
En cada nave había un tipo diferente de animal. Estaban alojados cómodamente a la espera de que llegara el momento de desfilar en su categoría correspondiente. Cada uno de los animales tenían a su cuidador al lado, limpiándolos, dándolos de comer... en fin, trabajando para que fuera el que más luciera ante los jueces. Los cuidadores eran en su mayoría niños que demostraban un cariño y un cuidado por sus animales tremendo. Y para muestra un botón.

Había de todo: cerdos (como habéis visto ya), cabras, terneros, caballos... ¡hasta llamas!

Un chaval presumiendo de ternero

Niños dejando a sus cabras como los chorros del oro
Luego entramos en las naves donde se celebraban los concursos y estuvimos observando algunos de ellos. La verdad es que son exactamente iguales a los concursos de ganado que se celebran en nuestro país.

Concurso de terneros

Niñas posicionando a sus cabras ante el juez
Una vez más lo más curioso era observar la estrecha relación que tenían aquellos chavales con los animales que presentaban.
Seguimos paseando por la feria y entramos en una zona que era un museo al aire libre. Recreaba un antiguo pueblo del oeste americano con edificios originales reconstruidos.

Pueblo del Oeste Americano

Antigua casa particular

Interior de la escuela
Al salir del "pueblo" nos encontramos con nuevos vallados con animales.
En la siguiente foto, atención al cowboy, con su gorro y guitarra al lado, observando al caballo. No me digáis que no es una imagen de lo más "Oeste americano".

O unos toros de cuernos enormes.

Y así acabamos de recorrer todo el recinto de la feria. En ese momento se acercaba la hora de inicio del rodeo, así que fuimos hacia el recinto a ponernos en la cola.
Tras pasar por seguridad, accedimos a nuestros asientos. Grada central, bajo la sombra... No nos íbamos a perder ni un detalle.
Por fin había llegado el momento tan ansiosamente esperado: íbamos a ver un rodeo.
- Ellensburg Rodeo
La gente empezó a ocupar sus asientos. La mayoría con montones de comida y bebida preparados para el espectáculo. Una vez más nos sentíamos "los raros". Los únicos turistas que habíamos visto claramente de fuera de los Estados Unidos eran una pareja de japoneses que perdimos de vista al entrar en el recinto.
Pronto salió el presentador a la arena. Compartiría los ejercicios de presentación con un locutor que había en la cabina de radio. El diálogo entre ellos, la mayoría de veces divertido, fue la tónica de la presentación.
Empezaron dando paso a una representación de las tribus indias de la zona, los mismos que habíamos visto en el rodeo.

Tras explicar un poco la historia de la tribu, el presentador invitó al público a bajar a la arena para hacer un gran corro en un ejercicio de hermandad.

Mientras los cowboys esperaban su turno sentados sobre las vallas metálicas que delimitaban la zona de salida de los toros.

A continuación dieron entrada a las diferentes misses, a una familia de cowboys que actuarían durante la media parte del rodeo con malabarismos sobre los caballos y con los látigos, a diferentes representantes de diferentes asociaciones... Todos ellos presentes en el desfile que habíamos visto hace un rato. La cuestión es que en cuestión de minutos la arena se llenó de gente.
Fue en ese momento, cuando dieron paso a la banda de música que habíamos visto en el desfile y las primeras notas del himno americano sonaron. Todo el mundo en pie, sombreros fuera, manos al pecho... Y como una sola voz, todo el público cantando. Se nos pusieron los pelos de punta. Fue un momento terriblemente emocionante. Increíble.
Tras esto siguieron unas cuantas palabras del locutor sobre cómo los Estados Unidos eran la mejor nación del planeta y demás (literalmente).
Y tras esto, todo el mundo abandonó la arena y empezó el espectáculo.
Tras las vallas metálicas el jinete cabalgó sobre el toro. Un monton de gente alrededor pendiente de que no hubiera accidentes.

Preparados....

Listos...

¡Abre la verja y sal de enmedio que sale el toro!

Y empieza a correr el tiempo. ¡Aguanta...!
imagenUn poco más...

Casi, casi...

Y al suelo...
Como os podéis imaginar secuencias como estas grabamos a montones. Hubo todo tipo de pruebas: de resistencia de tiempo sobre toro, sobre caballo, lanzar el lazo, atar las patas del ternero... Cada una de ellas más emocionante que la anterior. Fue un verdadero espectáculo que, pese a no entender el tema de las puntuaciones o la validez de unos concursantes sobre otros, disfrutamos muchísimo.
A continuación os dejo alguna foto más para que os hagáis una idea.




Lo estábamos disfrutando un montón y casi sin darnos cuenta habían pasado dos de las tres horas de duración del rodeo. A pesar de estar pasándolo bien había llegado el momento de tomar una decisión.
Una de las posibilidades, tras Ellensburg, era visitar Roslyn el pueblo donde se rodó la serie Doctor en Alaska. Pero si queríamos visitar Roslyn, teníamos que marcharnos ya. Si nos quedábamos a ver acabar el rodeo, sería demasiado tarde y no nos daría tiempo de visitar Roslyn y llegar a nuestro alojamiento en el Mount Rainier antes del anochecer. Así que le propuse a A. sacrificar el final del rodeo por la visita a Roslyn. Y así hicimos.
Nos hubiéramos quedado lo hara de más, pero considerábamos que con aquellas dos horas habíamos visto suficiente y yo no me quería quedar sin visitar Cicely.
Salimos del recinto, fuimos hasta el aparcamiento donde habíamos dejado el coche, y nos pusimos en marcha, abandonando Ellensburg y un día de vivir a fondo el mundo de los rodeos. Fue una experiencia inolvidable.
* Roslyn
En media hora ya nos aproximábamos a Roslyn. Una vez más llegó el momento de echar mano de mi carpeta de música On Location y así, mientras escuchábamos la música de cabecera de Doctor en Alaska, llegamos a Cicely... Quiero decir, Roslyn.
Fue un momento mágico para mí. Estar en aquella calle que tantas veces había visto... Me parecía que en cualquier momento el Doctor Fleischman saldría de su consulta para ir al bar o a la emisoria de radio de Maurice...

El mítico mural de Cicely

Calle principal

Oficina del Dr. Joel Fleischman, ahora reconvertida en tienda de recuerdos
No pudimos evitar entrar en la tienda y, aunque no compramos nada, tuvimos la oportunidad de escuchar una conversación (sí, somos un poco cotillas) entre la dependienta de la tienda y una fan de la serie, en la que la mujer le decía que al parecer se estaba estudiando de retomar la serie. ¿En serio? ¡Ojalá!
Estuvimos sólo una media hora en el lugar porque el trayecto hasta el alojamiento a Mount Rainier era largo. Así que tras empaparme todo lo que pude de esa visita fugaz a la Alaska televisiva, volvimos a la carretera.
* Mount Rainier National Park
Tres horas tardamos en llegar a destino. Primero por autopistas flanqueadas por terrenos planos e interminables, después un por paisajes más rocosos. Tras atravesar algunas poblaciones, empezamos a pasar por zonas boscosas cada vez más tupidas. Y mientras el cielo se iba nublando poco a poco, cada vez más.
El trayecto se nos empezó a hacer especialmente largo, especialmente cuando caímos en la cuenta que con la emoción del rodeo y de visitar Roslyn, ni siquiera habíamos comido.
Mirábamos el plano a la espera del desvío hacia la carretera que empezaría a subir hacia Mount Rainier, pero iban pasando los diferentes cruces y nada de nada. ¿Nos habría jugado Patricia una mala pasada de nuevo y estábamos perdidos?
- Mount Rainier Paradise Inn
Por suerte no fue así y pronto nos empezamos a situar. La carretera fue ganando altura, tanta que las cimas que se veían, cubiertas casi en su totalidad de nubes, parecían quedar a nuestra altura.
El paisaje era espectacular... Espectacular y misterioso. Y más cuando llegamos al tramo final de subida hacia el lugar donde estaba situado nuestro alojamiento, el Mount Rainier Paradise Inn (135,75 dólares en habitación doble con baño compartido y sin desayuno).

El Paradise Inn desde el aparcamiento
En la carretera apenas se veía unos metros por delante del coche. Tras un día de sol intenso, ahora estábamos totalmente envueltos en niebla. Estaba claro que no íbamos a tener la deseada imagen de encontrarnos con la cima del Mount Rainier nevado, tal y cómo nos había pasado a la llegada al Mount Hood.
Por fin llegamos al aparcamiento, que estaba repleto de coches. Tuvimos que dejar nuestro coche un poco alejado del lodge, porque, a pesar del nombre, el Mount Rainier Paradise Inn era un espectacular lodge. Al salir del coche hacía un frío que pelaba.
Al entrar en el edicicio, un hermoso vestíbulo flanqueado por enormes chimeneas nos recibió. El ambiente era de lo más cálido y acojedor. Hicimos el check-in y subimos a la habitación. Se trataba de una habitación no muy grande, pero que estaba muy bien. Echamos un vistazo a los baños y duchas compartidos y todo tenía muy buena pinta.

Interior de la habitación

Detalle de la ventana de la habitación
Bajamos al coche a por las maletas y volvimos a la habitación.
Tras dejar las cosas un poco colocadas, bajamos al restaurante del hotel. Estábamos muertos de hambre y necesitábamos comer con urgencia. Por suerte acababan de abrir, así que no había mucha gente aún y conseguimos sitio enseguida.
Los precios eran bastante caros, pero en esos momentos nos daba un poco igual. Sólo queríamos comer.
Tomamos una ensalada para compartir y de principal, A tomó unos Mac and Cheese con gambas y yo un plato de carne. Los Mac and Cheese estaba deliciosos.

Mac and Cheese

Mi plato de carne
Hubo sitio incluso para compartir luego un postre.
Tras saciar el apetito, estuvimos un rato por el vestíbulo hasta que A decidió irse a dormir. Yo fui a la segunda planta del vestíbulo (en la misma planta en la que estaba nuestra habitación) que estaba llena de pequeñas y acojedoras mesas con sus lámparas donde poder leer un rato. Me quedé allí más de una hora. Había echado tanto de menos encontrar un momentito en el viaje para leer relajadamente... Y por fin había llegado.

Detalle del techo del vestíbulo desde la segunda planta
Pasado ese tiempo, seguí los pasos de A y me fui a dormir.
Mañana tocaría descubrir aquél maravilloso parque.
