Hoy nos levantamos con un día radiante, nada que ver con el anterior, así que nos apresuramos a desayunar y prepararnos para subirnos en el crucero que nos llevaría a la base de las cataratas.

Creo que en algún sitio leí que el barco en la parte estadounidense era más barato (unos 18.25$), pero como no íbamos a cruzar la frontera sólo para eso, decidimos contratarlo aquí. De todas formas la moneda canadiense es más barata, lo que al cambio puede que venga a ser lo mismo.
Nos llevamos unas zapatillas abiertas, nos dieron unos chubasqueros y nos empapamos de lo lindo una vez que llegamos al centro de la catarata.

El crucero dura unos 15 minutos. Después nos cambiamos el calzado, nos quitamos los chubasqueros y comenzamos a caminar rumbo a Niagara on the lake. Por el camino decidimos coger el bus (la línea verde) con dirección a Floral Clock.
Para poder entrar en el bus hay que tener una tarjeta de 24 ó 48 horas que contratas en algunas tiendas. A nosotros nos dejó subir y nos llevó "gratis" hasta la parada de Floral Clock.
El nombre es debido a que hay un reloj de flores que estaban arreglando y que no tenía ningún atractivo en ese momento.
Nos dirigimos a la única tienda que hay a por el pase del bus de la línea naranja y un pase de 24 horas que nos hacía falta para regresar, ya que el conductor del bus nos regaló uno para volver
El pase de 24 horas sale 7.50$ por persona, y el pase para llegar de Floral Clock a Niagara on the lake ida y vuelta nos costó 28$ en total, unos 7$ por trayecto y persona.
En total la visita a Niagara on the lake nos costó 35.5$ y gracias a que nos regalaron un pase de 24 horas.

Al llegar a Niagara on the lake, valió mucho la pena pagarlo, aunque tuviéramos que aguantar al pesado del conductor durante todo el camino con la emisora en la mano metiéndose por zonas que nadie entendía a modo de guía turístico hasta el punto de conducir sin manos en algunas zonas
El pueblo merece mucho la pena, y si os acercáis al lago Ontario, pillando un buen día, podréis ver Toronto a lo lejos.


Así que de vuelta a Niagara Falls, nos fuimos a comer de nuevo a la pizzería del día anterior, pero pidiendo una pizza grande. Sinceramente, no vimos la diferencia de tamaño, pero si de precio.
Después nos fuimos al hotel, a dar un paseo por las cataratas, esta vez encendidas con luces de colores
y de nuevo al hotel.










