
Es sábado, son las 6 menos cuarto, y llueve. Hoy es el tercer día y toca excursión con Timberbush Tours al Lago Lomond y los Trossachs, y Stirling, asomándonos a las Tierras Altas escocesas. Los Trossachs, en el límite geográfico entre las Lowlands y las Highlands, a unos 80 kms de Edimburgo, tiene montañas, valles, bosques y lagos, y la cuarta parte de las especies en peligro de extinción del Reino Unido.
La salida es desde The Hub, en la Royal Mile a las 9'15, y hemos de estar media hora antes. Llegamos pronto, y tomamos un café antes de subirnos al furgón, junto a otra docena de personas más o menos. La excursión es en inglés, pero recibimos un par de folios de gentileza con una explicación en español de lo que esta por venir.

LAGO LOMOND Y LOS TROSSACHS
Recorridos 60 kms desde Edimburgo, el minibus pasa de largo Stirling, dejando la visita para la tarde, y una vez cruzado el pueblo de Callander, entra a los Trossachs por el Queens Elizabeth Forest Park, para coger la carretera hacia el sur que bordea tres lagos, por orden de aparición, Loch Venachar, Loch Achray, y Loch Katrine.
Después de una parada de repostaje en una cafeteria con tienda de productos típicos escoceses, en la que mientras los demás toman café o compran algo, nos echamos unas risas haciéndonos fotos con una bromista gorra escocesa con peluquín rojo pegado, continuamos hacia Balloch bajo la lluvia.

El viaje, además del placer del paisaje, se convierte en un show por la ingeniosa personalidad de Hamish, el cincuentón conductor poeta, que monta las excursiones como si su minibus fuera un escenario rodante, en el que va representando una obra interactiva con los lugares que va recorriendo, y con los personajes que discurrieron por ellos a lo largo de la historia.

Con su banda sonora preparada, Hamish va pinchando la música idonea para acompañar sus explicaciones sobre lo que va cruzándose por el camino; música épica para sus narraciones de escenarios de batallas; sinfónica o new age al hablarnos sobre los valles, bosques, lagos y montañas que pasamos; canciones tradicionales para ensalzar a los heroes nacionales y personajes de leyenda que han campado por los parajes; música de cámara al divisar palacios y castillos; clásica para ensalzar su voz mientras nos entona con entusiasmo rimas de poetas escoceses; melodías celtas de fondo para sus relatos sobre los mitos.

Entre lo que vemos a través de las ventanillas, y lo que escuchamos al son de los relatos y canciones de Hamish, desfilan personajes como Walter Scott, mientras se inspira para escribir su poema de “La dama del lago”; Rob Roy, el proscrito Robin Hood escocés, nativo de estas tierras; los Monty Python, rodando sus caballeros de la mesa cuadrada en el castillo de Doune; los Kelpies, los caballos de leyenda que vivían en las profundidades de los lagos; Robert the Bruce, el rey escocés que lideró en el siglo XIV, las guerras de independencia contra los ingleses; William Wallace, el héroe y mártir nacional, inmortalizado en su monumento victoriano de 70 metros cerca de Stirling.

Nuestro destino es Balloch, un encantador pueblecito a orillas del Lago Lomond, puerta de entrada al Parque Nacional del lago Lomond y los Trossachs, a solo 35 kms de Glasgow. Hamish, nos deja directamente en el embarcadero, y nos ofrece dos opciones: llegar a Luss, otro pueblecito de la ribera del lago, aún más pintoresco si cabe que Balloch, navegando por el lago bajo la llovizna durante una hora, o rodando por la carretera en el minibus.

Todos elegimos pagar las 9'50 £ del pasaje, y el barco desatraca bajo el cielo encapotado y una lluvia persistente. La travesía es bonita a pesar de todo, y aunque es dificultoso salir a cubierta, aprovechamos a ratos para disfrutar de las orillas, de algunas de las 37 islas del lago que cruzamos durante el trayecto, y de las montañas bajo el drámatico cielo de ese día.

En Luss, un pueblo de postal con casitas de dibujo de niño y jardines de cuento, con la hora y media de que disponemos, incluida la comida, apenas tenemos tiempo para un paseito y para disparar unas cuantas fotos de rigor a las casas y a sus insanos jardines, colmados de perversos gnomos, inquietantes animalitos, budas panzudos, enanos deformes, molinos de viento terroríficos, florecillas macabras y setas alucinógenas.

En el pueblo no hay mucho más, solo el par de calles de casitas del mismo molde con jardines macabros, Beds and Breakfast y un par de hoteles, un club náutico, un camping caravaning, una iglesia presbiteriana, alguna tienda de souvenirs y artesanía tradicional, un museo kitch del clan de la zona, los Colquhoun, y el restaurante al que vamos a parar todos, el Village Restaurant.

El Village Restaurant es un rico sitio para comer, familiar, y los platos son sabrosos. Tras echar un vistazo a la carta, nos decidimos por dos hamburguesas gourmet de ternera a 12 £ con patatas fritas caseras, un acompañamiento de "coleslaw", -ensalada de col-, y un par de cervezas. El precio pica, pero la burguer es de matrícula de honor, y la atención es afable.

Tras arrancar a rodar, en unos 45 minutos hacemos los 60 kms hasta Stirling, para ver el castillo con andamios, de
STIRLING
Antigua capital del reino escocés, Stirling es famosa por su castillo, escenario de asedios varios durante las guerras de independencia escocesas a principios del siglo XIV, en los que consta fue usada una catapulta, -también denominada fundíbulo o trebuchet-, bautizada como "Warwolf", que con 18 metros de altura fue la más grande usada jamás, y por la figura mitad ficción mitad realidad de William Wallace, convertido en heroe por la derrota inflingida a los ingleses en la batalla del puente de Stirling en 1297, y convertido en mártir y leyenda por la atroz muerte que le dieron los ingleses, tras apresarlo 8 años después.
Su supuesta legendaria espada de 1'70 cms, -a las espadas escocesas que solo se pueden blandir con las dos manos se las conoce como espadas Claymore-, se muestra junto a un tartán (tela a cuadros que identifica a los distintos clanes de Escocia) del clan Wallace, en una urna del National Wallace Monument, una torre gótica de 70 metros a 3'5 kilómetros de Stirling, visible perfectamente desde la explanada del
EL CASTILLO
Aunque las primeras edificaciones datan del año 1124, los edificios que se visitan en la actualidad son de los siglos XVI y XVII. El castillo fue residencia de los reyes de Escocia desde 1216, y el ultimo asedio que vivieron sus murallas fue en el año 1746.

La entrada vale 15 £, y nosotros no las pagamos, y preferimos voltear por los alrededores y bajar al centro del pueblo. Arrancamos metiéndonos bajo el castillo, por el cementerio de la iglesia de Holy Rude, la segunda construcción más antigua de la ciudad y equiparada a templos como la Abadía de Westminter, por haber sido techo de bautizos y coronaciones reales. Su cementerio, histórico camposanto de Stirling en la ladera del castillo, además de haberse convertido en unos de los mayores parques públicos de la ciudad y un mirador espectacular, es hogar de varios monumentos importantes y tumbas de muchas personalidades históricas del país.

En nuestro bajada al centro del pueblo, coincidimos con la celebración de una boda en la iglesia de Holy Rude, justo en el momento en que todos los glamurosos invitados se fotografiaban al lado de los novios en el pórtico del templo. La imagen era digna de captura, y a pesar de los esfuerzos de la organizadora de la boda, poniendo su cuerpo de pantalla para impedir cualquier imagen que no fuera la del fotógrafo oficial, y disparándome su cámara a un palmo de la cara, logré inmortalizarlos con sus radiantes sonrisas de felicidad, sus tocados y sombreros, sus kilts tradicionales, y sus trajes y vestidos de boda.

Por Upper Castlehill, la calle de subida al castillo, bajamos hasta el centro peatonal de Stirling, sede del Ayuntamiento, y pateamos un rato antes de volver a subir por Baker St, una calle paralela más tranquila, donde puedo chafardear un poco en los espacios interiores entre los bloques de viviendas, y pasar delante de la entrada a la torre de la antigua cárcel de Stirling, la Tolbooth, hoy en día teatro del municipio.

Tras una vuelta, con parada en Queensferry las orillas del río Forth, entre los puentes viario y ferroviario que cruzan el fiordo, llegamos de vuelta a Edimburgo pasadas las 7 y media de la tarde, y nos dirigimos al Drouthy Neebors, el pub de Newington cerca del hotel, donde tomaremos un par de pintas antes de la retirada.

EL DROUTHY NEEBORS
En el pub son las 8 de la tarde del sábado, y todo el mundo lleve traje de tweed o chandal, tenga 20 o 60 tacos, dentadura sana o destrozada, sea hombre o mujer, aficionado del Celtic o del Rangers, está entre achispado y como una cuba, pero sin un solo atisbo de mal rollo, y socializando hasta con los que salen por la tele. Como ejemplo valga el que se nos acerca a saludarnos y darnos la mano, y el anciano sentado en la barra que se interesa por si estamos atendidos y nuestras pintas están al punto.

Parezco contratado por el pub, pero como dije en otra etapa, el hecho de que esté en el bonito barrio de Newington, pegado a los Meadows; en vez de turistificación haya una jukebox con buena música; y que la cerveza del mes, la Mc Ewans, valga 2'4 £, bastante menos que en la mayoría de pubs; nos convirtió en asiduos para saborear una buena cerveza.
