Tras un desayuno riquísimo, nos pusimos rumbo a Castelina in Chianti. Pueblo precioso, con un pasaje cubierto lateral que atraviesa el pueblo muy curioso. Era temprano y aún estaban cerrados los comercios y las cafeterías y restaurantes estaban abriendo, pero se ve que tiene que tener vidilla el pueblo. Merece la pena la visita a la tumba etrusca que hay a la entrada del pueblo, ya que desde allí tienes las mejores vistas del pueblo.

Visto éste, nos pusimos rumbo a Greve. Teníamos una visita concertada a la bodega Castello di Verrazzano, pero como teníamos tiempo y la cosa iba de vinos, nos metimos 20 minutillos en la Enoteca Falorni, un templo del vino a mi parecer, en la que puedes probar los vinos que quieras mediante un sistema de tarjetas recargables, y que merece mucho la pena porque te ayuda a probar muchos vinos por entre 0.5 y 1 € cada uno, de forma que des con el o los que más te gusten y así no equivocarte a la hora de abrir o comprar una botella de vino.

Con la hora pegada al culo, llegamos al Castello di Verrazzano, una de las bodegas con más nombre en la zona. La visita a la bodega duró en torno a 2 horas o algo menos, y mereció muchísimo la pena. Tiene vistas muy bonitas y estancias muy chulas.


Nosotros escogimos la modalidad de visita con comida posterior en domingo, y nos costó 45€ por persona. A priori te puede parecer carete o no, pero ya te digo yo que con lo que comimos y bebimos, habría pagado con gusto más. Tras la visita te pasan al restaurante de la bodega, en la que te incluyen una comida de dos platos por pesona y postre, y una degustación de 4 vinos, que al final fueron cinco y un licor. La comida riquísima( una tabla de productos toscanos tipo embutido, queso etc, un plato de pasta) y abundante. La degustación de los vinos perfecta y bunísimos…Vaya, salimos de allí encantados, también por el trato recibido por el guía y por los que nos atendieron en el restaurante.
Tras la comida pusimos rumbo a dos pueblos de los que uno nos encantó y el otro es más de paso. El que nos encantó: Volpaia. Espectacular pueblo precioso y chico. Merece la pena ir expresamente a verlo aunque te salgas de la ruta.
El otro, Radda in Chianti, no nos motivó mucho, pero no está mal. Es más comercial, mucha tienda pero poco que ver.
Ya de vuelta y tras un bañito en la piscina y un descanso merecido, nos fuimos a cenar a Panzano de nuevo, a un restaurante con unas vistas muy bonitas desde el que vimos anochecer y cenamos muy bien. Se llamaba Il Vescovino.
