Tras salir de Siena fuimos directos a Monteriggioni, un pueblo con forma de elipse amurallado que se recorre en seguida, pero que es muy bonito. Tiene un museo templario gratis, que se ve en 5 minutos que es curioso. Se puede subir a las murallas pagando, pero no creo que merezca mucho la pena, el encanto del pueblo está dentro. Pero realmente merece la pena hacer esta parada.


De ahí nos fuimos a Volterra. De camino, a lo lejos, ya divisamos las majestuosas torres de San Gimignano.

A Volterra hay que llegar temprano o te puedes ver con el problema de no tener aparcamiento. Nosotros tuvimos suerte y encontramos uno en una de las puertas de la ciudad, en la misma puerta. Te toca subir un buen tramo de escaleras para estar en el centro del pueblo. Volterra es uno de los pueblos más bonitos de la Toscana, sin duda, aunque también uno de los más visitados, por lo que te puede pasar lo que nos pasó a nosotros, que de tanta gente que había, nos gustó menos que otros. Demasiado turismo, y demasiado turístico.


No obstante es parada obligatoria, pero preferiblemente muy temprano o quizás por la tarde y noche, como hicimos con San Gimignano y acertamos sin duda.
Comimos en Volterra, tras recorrerla paseando y pusimos rumbo a San Gimignano que era uno de los puntos fuertes del viaje. Y no decepcionó.
Como en todos estos pueblos, debes dejar el coche en los parkings habilitados fuera del pueblo, y pegarte tu pateillo, siempre cuesta arriba, hasta llegar al centro. Nos alojamos en la Locanda la Mandragola. Bien situado y buena habitación, pero como a veces pasa, cuanto más turismo hay, peor es el servicio. Nada malo que decir del hotel, pero nada bueno que destacar, salvo las vistas. Pero creo que cualquier hotel en este pueblo tiene buenas vistas.
El pueblo en sí, una maravilla. Conviene leerse la historia para comprender el porqué de tantas torres. Actualmente quedan 13 en pie, pero en origen fueron unas setenta! Un Nueva York adelantado a su época.
Aconsejo visitar la torre Grossa, que es la más alta de todas, y desde donde se puede observar todo el pueblo y sacar unas fotos muy bonitas.




También hay que ir a la Rocca di Montestafolli, desde donde hay una panorámica de las torres muy fotogénica. Aquí mismo hay una enoteca para tomar algo.

San Gimignano es para pasearlo bien, perderse por sus callejuelas…Está atestado de gente, pero no desesperes. La gente se va, viene de excursión, pero no se queda, por lo que al caer la tarde, se va despejando hasta el punto de poder cenar en cualquier sitio sin necesidad de esperar ni reservar.
Cuando planeé el viaje pensé en quedarme a dormir aquí precisamente por esto, para poder verlo por la noche sin tanta aglomeración de gente, y no me equivoqué. Además, este pueblo, gana con la oscuridad y la iluminación. Es sin duda un pueblo precioso. En la plaza de la cisterna está la heladería campeona del mundo en tres o cuatro ocasiones, por lo que es parada obligatoria probar un helado allí. Recomiendo también probar el vino blanco de Vernaccia de San Gimignano, está muy bueno. Un buen sitio para probarlo es en la enoteca Divinorum, que tiene unas vistas espectacuares y es un sitio muy agradable para tomar algo o incluso cenar.

Nosotros tras tomar un par de vinos allí, cenamos en un restaurante en la misma plaza de la cisterna, el restaurante la Cisterna. Cenamos en la terraza del restaurante en la misma plaza, con la música de fondo de una mujer que tocaba un arpa y cantaba música celta…vaya, no se podía estar más a gusto.
Realmente este pueblo tiene más que ganada su fama.

