Después del ajetreo de Delhi, Jaisalmer fué una bendición, al llegar te reciben, como no, un centenar de Tuktuks que te van ofreciendo precios cada vez más bajos, usé la técnica de Old Delhi de caminar hasta oír un buen precio, y un señor que recogía gente de un hotel, me dijo que me llevaba por 10 rupias, ya casi cuando estaba fuera de la estación, así que me salió bien la jugada.
Mi hotel estaba dentro del fuerte y ahí no pueden pasar los coches, así que me dejó a la entrada, que maravilla poder andar sin tener que estar con todos los sentidos alerta. Pasan solo motos y Tuktuks que te esquivan ellos a ti. Como la subida al fuerte es empinada, al final de la cuesta paré en German bakery a desayunar, que solo llevaba un chupito de té en el cuerpo y era ya medio día. Me tomé un café con leche y una deliciosa galleta de coco por 60 rupias todo.
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Llegué tras el desayuno al hotel, qué bonito, pensé, hago el checking, me acompañan a mi habitación... preciosa, con baño para mi sola, cuanto he pagado por esto? Reviso y eran solo 95rupias la noche, demasiado bonito para ser verdad. Pero bueno, voy a disfrutarlo mientras dure, me di una ducha de agua caliente, me lavé el pelo, lavé toda mi ropa sucia, la tendí y me fuí a recorrer la ciudad.
Es preciosa, una fortaleza amurallada llena de havelis (palacetes) muy bien conservada, antes Jaisalmer era una próspera ciudad de comercio, pero desde que cerraran la frontera con Pakistan dependen exclusivamente del turismo. Y se nota... todo el mundo te para por la calle para tratar de venderte algo, y es una buena manera de conocer locales.
Tras una vuelta por la ciudad fuí a la agencia Troters Independent en la que me había reservado el tour por el desierto dos días después, hay varias opciones, yo elegí la de pasar solo una noche. Me explicaron un poco todo, pagué y volví al fuerte, la agencia está justo en la entrada.
Por la subida me paró el primero de los muchos motoristas que me ofrecerían un atardecer inolvidable, así que me invitó a un chai en la tienda con la excusa de que le tradujera algo al español y una vez que ya éramos amigos, pretendió llevarme al desierto a ver el atardecer y las estrellas, le dije que si, que iba al palacio y luego volvía, después le mandé un whatsapp diciéndole que no iba a ir.
La siguiente persona que me paró fué un joven invitándome a ver las vistas desde la terraza de su hotel, es gratis, no tienes que tomar nada, así que subí, yo y otras dos italianas que iban paseando detrás de mi también. El chico era un gran conversador, así que tras muchas fotos y mucho rato hablando, una de las italianas le pidió una cerveza de las grandes que compartimos entre las tres. Luego nos fuimos pero le dije al muchacho que volvería a cenar, unos metros más adelante estaba uno de los templos Jain, así que estaba haciéndole fotos a la fachada, cuando vino un hombre a informarme de que solo abrían por las mañanas, de 11.00 a 13.30, que por las tardes era para los fieles. Me enseñó las dependencias del templo, donde los jainistas se cambian y lavan antes de la ceremonia y me contó un montón de cosas acerca de la religión Jainista. Tras un buen rato de conversación y, como no, un té, me volví al hotel Suraj Vilas (la preciosa haveli donde nos habían invitado a subir anteriormente) a cenar, me hizo un guiso de pepino exquisito, yo nunca había probado el pepino cocinado, eso y unos chapati de cebolla 400 rupias, al té me invitó. Era un poco caro (para mi presupuesto) pero el lugar y la comida bien lo valieron, además no me había gastado un duro desde el desayuno
Como estaba yo sola estuvo charlando conmigo toda la cena, me contó muchas cosas acerca de su cultura, un gran chico.
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Me volví a mi hotel y me estaban esperando, “ha habido un error” ya lo sabía yo... así que empaqué mis cosas para irme a la otra habitación y resulta que !me había equivocado de hotel! Era el hotel de al lado, se llaman muy parecido y están uno al lado del otro, así que me instalé en mi habitación cutrecilla y sin baño. Eso si se disculparon mil veces. Pues que queréis que os diga, la habitación no tenía el lujo de la otra, pero mi hostel era mucho más bonito, y el dueño un hombre amabilísimo. Me quedé en el restaurante que parecía sacado de las mil y una noches tomando un café, y vino el dueño del otro hotel a disculparse de nuevo. Pobre gente, se ve que esperaban a una mujer sola que había reservado a través de Booking también y ni miraron el nombre.
La mañana siguiente desayuné como una princesa en el restaurante del hotel, que por cierto se llama The Surya Paying Guest House
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Traté de darme una vuelta por la ciudad pero un muchacho me vió dubitativa, preguntó que buscaba y me acompañó al mirador que estaba buscando, después me dejó tranquila. Al volver a pasar por su puerta me paré a charlar y acabé tomando un té en su bonito local, Top view café se llama y volvería muchas veces.
A las 11 me fuí a los templos jainistas, son 7 en total, pero chiquititos, se paga una sola entrada de 200 rupias para verlos todos. Esta religión es de de las más antigua en India, y aunque no cuenta con tantos adeptos como el hinduísmo o el islamismo, es muy respetada. La fundó por un profeta contemporáneo de Buda, y es similar al budismo. No adoran a ningún dios, la imagen que veréis por todos los templos, pertenece a un profeta, todos se representan igual, sólo les distingue un simbolito. Jamás se han involucrado en un conflicto bélico y practican estrictamente la no violencia. No os suelto más rollo, pero, si os interesa, buscar información acerca de ellos porque son fascinantes.
Y los templos, a pesar de ser pequeñitos, son preciosos, llenos de detalles por todas partes. Una visita imprescindible en Jaisalmer.
Tras eso me disponía a ir al palacio, pero me encontré con el señor que me había hablado de los templos el día anterior y me preguntó que qué me había parecido, etc... cuestión que mientras hablábamos llegó su mujer con la comida y me ofreció compartirla en su tienda... que rico, era como un Thali casero, nos echamos unas risas porque no se me daba demasiado bien comer con las manos, especialmente el arroz. Pues mientras comíamos me dijo que, como mi siguiente parada era Jodhpur, fuera a ver el palacio allí que era mucho más interesante, y me recomendó ir al lago artificial de Gadisar o a los cenotafios de Bada Bagh (donde insisten en llevarte los motoristas). Así que le hice caso y me fuí hasta Bada Bagh en tuktuk. La entrada cuesta 150 rupias sin cámara, cuando iba a entrar me dijeron que no podía entrar con la cámara ni el teléfono, aunque lo llevaba todo dentro de la mochila, como el conductor me estaba esperando, fuí a dejarlo al tuk tuk, pero se ve que les di pena (o vieron que no iba a soltar un duro) y me dijeron, da igual, haz fotos, no pasa nada. Otra vez más la amabilidad India
Menos mal, porque pasé un buen haciendo fotos a los cenotafios reales, que son monumentos funerarios, las tumbas están en otro sitio. Y hablando de realeza, un día alguien me dijo, mira esa es la reina de Jaisalmer... le pregunté como que había reina, pero no entendí muy bien la explicación, lo que acabé entendiendo es que de alguna manera los descendientes de los maharajás, no tiene ningún poder ya, pero socialmente son muy respetados. Lo siento, mi inglés no llega para tratar de temas políticos.
Tras muchas fotos a los cenotafios y harta de decirle a los niños que había por allí que no tenía dinero, le dije al del tuktuk que me llevara al lago. Apenas había andado unos metros cuando me paró una gitana de un puesto para que le enseñara los tatuajes, dijo que si nos podíamos hacer un selfie, y acabamos contándonos la vida, cuando me fuí me regaló unos pendientes de serpiente como uno de mis tatus y también una pulsera para el pie. Hay gente maravillosa por el mundo.
Tuve la suerte que era el día de Shiva, así que estaba lleno de fieles haciendo ofrendas en el templo del lago y cantando. No me esperaba ni que fuera tan bonito, ni que hubiera un ambiente tan mágico, flipé.
Y me hicieron otro regalo sin querer, tres chicos de Punjab que estaban haciendo turismo en Rajastán me pidieron un selfie, y uno de ellos era el típico sij, tan guapetón con su barba y su turbante, así que aproveché y saqué mi cámara también , resultó que uno de ellos era un apasionado fotógrafo así que se puso ha hacer fotos a lo loco, parecía el día de mi boda. El del turbante era muy vergonzoso y su inglés era tan malo como el mío, a pesar de ello nos reímos bastante en la sesión fotográfica, luego intercambiamos contactos todos y vamos teniendo comunicación fluida, en este viaje no creo que me vaya a dar tiempo, pero me encantaría conocer Punjab, e ir a Amritsar a ver su magnífico templo dorado.
Pero volviendo a Jaisalmer, no os perdáis la visita al lago, es un lugar fantástico. Volví a pié al fuerte, prácticamente todo el camino es por el bazar así que se hace muy entretenido, son unos 10 minutos.
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Iba al mirador que había visto por la mañana a ver el atardecer pero el dueño del Top view café me recomendó ir a una haveli cercana, habló con un trabajador para que me permitiera pasar a una de
las terrazas y allí desde la muralla vi un atardecer impresionante. No pongo el nombre de la haveli porque no sé si estaba permitido que estuviera allí, porque ni pagué, ni me tomé nada, yo creo que me colaron. De todas formas, la muralla está llena de bares y hay algún mirador también, la única diferencia es que allí estaba sola y me pude explayar con la fotografía nocturna, en la que soy una principiante y necesito mi tiempo.
Volví al Top view café a agradecerle el favor, y me tomé allí una cerveza, había sido un día maravilloso y tenía que celebrarlo, luego fuí a cenar a mi hotel, deliciosa la comida, curry de verduras variadas con naan 170 rupias, qué acierto de hotel! Y me querían meter en el insulso ese de lujo...
El día siguiente ya me tenía que ir porque empezaba mi excursión en el desierto, así que me tomé el cafecito en el hotel, y mochila al hombro me dirigí a la oficina de Trotters, parando a medio camino de nuevo en German Bakery, donde desayuné un lassi y una tarta de miel, todo muy rico.
Como no salíamos hasta la una, aproveché para irme a dar una vuelta fuera del fuerte y ver un par de ornamentadisimas havelis que hay, no entré en ninguna pero me entretuve en el bazar y compré una camisilla de manga larga, que veía que no llegaba a Pushkar con tan poca ropa a pesar de ir lavando al día.
Es muy fácil lo de lavar la ropa, porque en todos los baños hay un cubo, así que echo el jabón y la ropa ahí, mientras me ducho voy lavando, así también aprovecho el agua,como he traído una cuerdecilla y unas pinzas tiendo la ropa en mi cuerda (sino hay literas) y con el ventilador en una hora está todo seco. La lavandería aquí es muy cara y la pastilla de jabón me costó 10 rupias. Y hablando de limpieza de ropa, traeros una sábana, o un pareo grande o algo así, si vais a viajar en plan cutre como yo me lo agradeceréis, no cambian las sábanas, NUNCA, yo en Delhi dormí dentro del saco, pero hacía calorcillo, y en el primer tren “tomé prestada” una sábana, prometo devolverla en el último trayecto.
Continuo... La excursión al desierto no es gran cosa, es decir, si nunca has ido antes está bien, pero yo comparándolo con Jordania, por ejemplo... nada que ver. Y eso que fui con la agencia “ buena” por lo visto te venden cada cosa... Nos llevaron en jeep hasta un oasis (un lago, sin nada interesante, pero nos reímos bastante fotografiando cabras) y también a un pueblo deshabitado con un pequeño fuerte, le preguntamos al conductor porque estaba deshabitado pero no conseguimos entender ni una sola palabra de lo que nos dijo, y eso que éramos 5, dos austriacos, dos franceses y yo... qué risa, mientras el pobre nos explicaba nosotros nos mirábamos asombrados, y cuando se fue nos preguntamos: Habeis entendido algo? No... jajaja!
Normalmente es fácil entenderse aquí, especialmente si hablas inglés como “los indios”, porque como aprenden de oído simplifican todo, usan las palabras justas, los verbos en infinitivo... pero hay excepciones, este señor era una de ellas.
Tras el pueblo deshabitado ya nos llevaron a los camellos, yo no suelo involucrarme en nada que tenga uso de animales, pero esta agencia lleva una persona por camello, con lo cual no van sobrecargados, además, están en su hábitat natural, por lo que no me pareció mal, y se les veía bien alimentados.
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Montamos alrededor de una hora o más en los camellos hasta el campamento, el último tramo es el mejor, donde empiezan las dunas y dejas de ver construcciones humanas. Nada más llegar te preparan té y un aperitivo y ofrecen cerveza fría (es lo único que no está incluido) yo no compré, en el paseo había tomado demasiado sol como para meterme una cerveza de esas grandes en el cuerpo.
Luego vas a las dunas a ver el atardecer, lástima que estaba un poco nubladillo, y cuando vuelves ya tienes la cena lista. La cena estaba muy rica y era bastante abundante, un Thali del que podías repetir tanto como quisieras. Lo mejor fue verles preparar la comida, que bien se apañan sin apenas instrumentos de cocina.
Después de cenar ya está la hoguera lista y te reúnes en el fuego a contar historias, cantar o lo que quieras, los trabajadores no se unieron, es la primera vez en mi vida que en un campamento no se comparte el momento del fuego. Pero ya sabéis... India, castas, colores, cada uno ocupa su lugar.
La anécdota de la noche fue que a uno de los austriacos le rozó la pierna un perro mientras orinaba a La Luz de las estrellas y como no sabía qué era, se llevó un susto tremendo, asustando al perro a su vez que se puso a ladrar lastimosamente, nosotros lo oímos todo desde la hoguera sin saber bien que pasaba, y cuando nos lo contó ya nos dió la risa floja para el resto de la noche, y acabamos adoptando al perro, que nos acompañaba “al baño” e incluso durmió a nuestros pies.
Yo tardé bastante en dormirme mirando las estrellas y vi como el perro hacía de las suyas lamiéndole la cara al francés y pisando a los demás hasta que encontró un lugar cómodo en el que dormir.
Entiendo al perro porque a mi me tenía bastante preocupada el frío, pero la verdad es que nos montaron unas camas muy calentitas, con muchas alfombras y edredones, no pasé nada de frío.
Por la mañana nos trajeron el desayuno a donde estábamos durmiendo, también muy abundante, galletas, tostadas, huevos cocidos, fruta, chai... Al igual que en la cena sobró de todo.
Después nos despedimos de los austriacos que seguían dos dias más en el desierto y los demás volvimos a Jaisalmer en camello el primer tramo y después en jeep. Fue mucho mejor el paseo por la mañana, sin ese sol abrasador cocinándome el cerebro.
Por el camino conseguí que entenderme con el camellero, me contó como es la vida en el desierto y que lo más lejos que ha ido es a Jaisalmer, qué vidas tan sencillas y que felices se les ve.
Llegamos al medio día y mi tren no salía hasta las 16.45, los de la agencia me ofrecieron ducharme y descansar en su hostal, pero como el dueño de mi hostal me había dicho lo mismo, preferí subir al fuerte, cogí lo necesario para ducharme y me guardaron la mochila en la oficina de Trotters porque luego me llevarían a la estación. Por cierto me cobraron 1950 rupias por la excursión, todo incluido excepto la propina que les di a los camelleros, es un poco más cara que otras agencias pero esta vez preferí asegurarme y pagar antes que ver un maltrato animal, que ya bastante duro es aquí el tema de los animales. Esa es otra, haceros la idea, porque la miseria es para todos, lo de los perros callejeros es brutal, y si os dan miedo, yo me plantearía seriamente si venir, hay muchos y muchas veces se pelean. A mi me encantan los bichos y aquí soy incapaz de tocarlos, llevo un plato y una bolsa siempre a cuestas y cuando no me puedo acabar la comida se la echo al primero que veo, pero esa es toda mi relacion con ellos. Y eso que veo cada cachorrín que me lo metería en la maleta, pero el instinto de supervivencia me prohíbe acariciarles.
Sigo con Jaisalmer que pierdo el hilo. Me duché y me tome mi último café en el restaurante que había sido como el salón de mi casa esos días, me despedí de algunos viajeros connlos que había compartido charlas allí y también del dueño del hotel y me fuí de la que había sido mi casa los últimos días.
Subi al hotel donde cené el primer día a despedirme también de Lala y allí conocí a un chileno con el que estuve hablando un buen rato, que alegría poder comunicarme en mi idioma, me encantan los chilenos además, en todos mis viajes hago amigos de Chile. Nos dimos los contactos y seguí mi ronda de despedidas.
El señor de la tienda me estaba esperando con mi comida preparada para que no tuviera que comprar comida basura en el tren y pudiera comer algo casero, y para colmo me regaló una estatuilla de Ganesha de plata para que me protegiera en mi viaje... No sabía como darle las gracias tratarme por tanto cariño. A mi no deja de sorprenderme la buena gente, por último pasé por el Top View, ahí fue menos emotivo y más de risa, lo que me vino bien porque estaba empezando a ponerme ñoña...
Y así termino mi etapa de Jaisalmer, cuyo recuerdo guardaré por siempre como un tesoro, os recomiendo absolutamente su visita, si podéis tomaros el tiempo necesario para disfrutarla y desconectar de la locura de India por unos días.