Tanto a ver, tanto a vivir !!!

Después de unos días en el desierto occidental, en la zona de El Fayum, encontrar este modesto hotel, situado en la calle Oskofia a un tiro de piedra de la bahía, bastante céntrico, enfrente de un colegio cristiano, en un lugar tranquilo, fue una buena elección. El Alexotel nos recibe con un significativo signo de identidad: la bandera de Grecia, orgullo y símbolo de la manera de hacer de sus propietarios.



Dejamos maletas y un poco aseados nos urge pasear, nos urge sentir la brisa del mar, me urge tocar el mismo mar que baña las costas de mi tierra, es fantástico pasear esta corniche, el tiempo no avanza, nadie nos mira, nadie nos ofrece nada, solo están ahí, en su ciudad y nosotros de paso.
Ciudadela y Fortaleza de Qatbey
Emprendemos camino hacia el extremo oeste de la bahía donde antaño dicen estaba ubicado el faro de Alejandría construido en 279 aC por Techos un arquitecto bajo las ordenes de Ptolomeo I, derruido por unos terremotos en los años 1303 y 1323, allí podemos visitar dentro de la ciudadela la fortaleza de Qait Bay que en 1480 construyo el sultán Qaitbey utilizando los restos del faro.
El lugar se llamaba Pharos (ahora unido a tierra, fue en realidad una pequeña isla) Homero la menciona en la Odisea. Según la leyenda, el rey de Esparta Menelao desembarcó en la isla, el nombre de la que no conocía. Preguntó a un hombre cuál era el nombre del propietario, y el egipcio contestó Per-Aa (en egipcio antiguo, Faraón). El rey entendió Pharos, por lo que dio a la isla este nombre.
Al salir la compra de un imán para la nevera y un helado cerraron la ruta peatonal, para tomar un vehículo y dirigirnos a cenar.









Aprovechamos para ir a cenar a un restaurante que nos recomendó un empedernido viajero de lugares para comer, y acertó como siempre, el Fish Market esta situado en un lugar privilegiado, en el centro del paseo marítimo con unas espectaculares vistas de la bahía y de la ciudadela de Qaitbay, en primera línea de mar.
Pero lo mejor estaba por llegar, el pescado, un extenso mostrador con todas las especies pescadas del día, nos permitió elegir desde una dorada a la parrilla a unas gambas, para nuestra cena. El local, muy limpio, con un excelente servicio, y con un precio increíble.
Comer en Alejandria - Recomendacion -
Os recomiendo especialmente la sopa de pescado, es una pasada.








Ya la jornada terminaba, con un paseo de regreso al hotel, mañana seria otro día.
