El día de Todos los Santos, el 1 de noviembre de 1755, se produce el gran terremoto de Lisboa de derriba casi todos los edificios. Muchos se dirigen a la costa para huir cuando les sorprende un tsunami que invade Lisboa, y además se produce un...
El día de Todos los Santos, el 1 de noviembre de 1755, se produce el gran terremoto de Lisboa de derriba casi todos los edificios. Muchos se dirigen a la costa para huir cuando les sorprende un tsunami que invade Lisboa, y además se produce un gran incendio que termina de asolar la ciudad. El marqués de Pombal se encarga de la reconstrucción de la ciudad diseñando largas avenidas rectas que terminan en grandes plazas.
Esta introducción es importante porque vamos a ver todo el centro y la Lisboa reconstruida.
Cogemos nuestro metro a las 9:30 en la estación Colegio Militar/Luz y nos sacamos el billete de las 24 horas por 6,30 euros. Bajamos en “Parque”, ya que vamos a iniciar nuestro itinerario por el parque Eduardo VII, el punto más alejado hacia en centro. El Parque Eduardo VII, se ubica en pleno centro, y se divide en estufas o invernaderos. Desde arriba en el monumento obtenemos una buena panorámica hacia abajo.Nosotros no accedimos a la famosa Estufa fría, algo así como un jardín botánico porque era de pago (3,50 euros) y no pretendíamos hacer una visita extensa, de modo que no nos compensaba. Al lado está el lago con cisnes y carpas y justo después el parque con columpios y una tirolina donde dejamos a los niños entretenerse unos minutos.
Tras dejar el parque llegamos a la plaza Marqués de Pombal con su estatua en homenaje en una rotonda, de hecho le llaman la Rotunda.
Tomamos la avenida da Liberdade que suele compararse con los campos Elíseos de París, pero nosotros barriendo para casa nos recuerda al paseo del Prado y Recoletos de Madrid. En el paseo, a la altura de la embajada de España, se encuentra el monumento a los caídos en la Gran Guerra.
Llegamos hasta la amplia plaza de Restauradores cuyo obelisco en el centro conmemora la independencia de Portugal de La Monarquía Hispánica en 1640.
Continuando al poco llegamos a la preciosa Plaza Rossio o de Dom Pedro IV, donde, como dije en la primera etapa, destaco su maravilloso suelo, mosaico haciendo un precioso efecto óptico con sus formas onduladas alternadas en blanco y negro. Tiene dos fuentes separadas por la columna con la estatua de Pedro IV, rey de Portugal y primer emperador de Brasil.
Llegamos a Santa Justa con la intención de tomar el elevador para subir al Barrio Alto.
Se trata de un ascensor dentro de una torre vertical de hierro de 45 metros para comunicar con el Barrio Alto. El estilo del armazón de hierro recuerda al de la torre Eiffel por lo que se piensa que fue diseñado por un alumno de Eiffel. Hoy día más que un medio de transporte habitual es una atracción turística, ya que las colas para cogerlo y subir al mirador pueden ser de dos horas, que fue lo que nos dijo que el chico del chaleco encargado de gestionar la fila, y como no nos compensaba la espera dejamos la fila a los 15 minutos y emprendimos andando la subida por la rua Garret a Chiado, que pasamos de largo hasta arriba. Ya volveremos sobre nuestros pasos para conocerlo.
Subiendo las cuestas hasta el mirador Pedro de Alcántara noté contacto a mi espalda (llevo un bolso estilo mochila con cierre de seguridad), me giré y vi una pareja ascendiendo; como era una calle estrecha continué y al instante volví a notar movimiento en mi espalda, eché la mano atrás y la señora me había abierto de par en par el bolso, me giré y grite “me han abierto el bolso”, ella ni se inmutó y de hecho seguía como si nada. Delante de ellos, porque iba acompañada de un tío mazas, mi marido me dijo que revisara si me faltaba algo, pero no les había dado tiempo a sacar nada. Entonces si se dieron media vuelta y se fueron en dirección contraria. Hay carteles que advierten del peligro de los carteristas en los tranvías, pero mucho cuidado en toda Lisboa. Desde ese momento, aunque tuviera el cierre de seguridad llevé la mochila por delante.
Llegamos al mirador Pedro de Alcántara pero no lo disfruté mucho porque aún tenía mal cuerpo del incidente. Allí había varios puestos vendiendo comida con mesas tipo merendero, muy agradable.
De vuelta paramos en el museo arqueológico do Carmo que antes habíamos pasado de largo e hicimos la cola. Si queremos ver una muestra de lo devastador que fue el terremoto tenemos que entrar en el museo arqueológico do Carmo que ocupa el lugar donde estaba el convento del mismo nombre. El terremoto y el posterior incendio derribaron el techo y todo el interior, pero podemos observar el encanto de las columnas y arcos que aún siguen en pie en el claustro de entrada. El museo es privado y pertenece a un grupo de arqueológico por lo que no aplican algunas reducciones, en el museo podemos ver los restos de lápida y la tumba de Fernando I.
Tras la visita nos paramos a comer en un restaurante de la misma plaza en Chiado, esta vez el bacalao com nata, un bacalao mezclado con patatas y cebolla con una bechamel, algo similar al día anterior pero más ligado. Debo decir que el que yo hago está mucho más rico, preguntad a mi marido.
Después de comer ya recorremos Chiado, entramos en la Basílica dos Martyres y llegamos sólo hasta plaza Luis de Camoes ( no fuimos más al norte, lo veríamos más tarde en el recorrido del tranvía 28).
Bajando de nuevo por la rua Garret además de todas las tiendas de moda está el café A Brasileira, un emblemático lugar que fue punto de reunión de artistas, entre ellos el poeta Fernando Pessoa en cuyo recuerdo hay una estatua en la terraza donde te puedes sentar al lado y hacer una foto con él.
Ya abajo de nuevo
aterrizamos en la Plaza del Comercio que describí en la primera etapa, pero para dar coherencia a este recorrido vuelvo a mencionar: la plaza del Comercio es una enorme explanada donde se ubicaba el palacio real y que fue quedó destruído por el terremoto. Después el marqués de Pombal al reconstruir la ciudad diseño esta magnífica plaza. Rectangular, con la estatua del rey José I a caballo en el centro, la plaza está flanqueada a ambos lados por soportales y banderas, abierta al por el río Tajo en un extremo (por donde llegaban los navíos de América), y al frente por el Arco del Triunfo para celebrar la reconstrucción de la ciudad que da acceso a la rúa Augusta, nuestra calle Preciados de Madrid, una agradable avenida peatonal comercial. En esta ocasión en vez de atravesar el Arco para salir disfrutamos un rato de su embarcadero a pie del río y las gaviotas.
Después y empezando a llover salimos de la plaza por la derecha recorriendo la ribera del río hasta Cais do Sodré donde se encuentran las dársenas para tomar las embarcaciones.
Allí sacamos los billetes ida y vuelta a Cacilhas (12 euros los dos adultos incluyendo la expedición de la correspondiente tarjeta) para llegar al santuario del Cristo Rei. Cogemos el barco de las 15:05. Hay buena frecuencia de barcos. Es un paseo corto en barco que solo aprovechamos mi pequeño y yo para subir a la cubierta bajo la lluvia un momento antes de empaparnos).
Al llegar a la otra orilla hay que dirigirse a la izquierda al intercambiador de autobuses y buscar la parada del 101 que lleva al santuario. Los autobuses pasan cada media hora a “y 25” y a “menos cinco” y cuesta 1,45 el viaje ( no nos vale el de 24 horas porque es otra empresa de transporte).
Llegamos al santuario y mientras mi marido y los niños suben en ascensor hasta el pie del Cristo yo me acerco al mirador para contemplar como desde ningún otro sitio el emblemático puente de 25 de abril, de color rojo.
La participación de Portugal en la primera guerra mundial acrecienta la miseria en que se sumía la ciudad y un golpe de estado fascista da comienzo al Estado Novo, una dictadura opresora que termina cuando el 25 de abril de 1974 la Revolución de los claveles iniciada por militares sublevados le pone fin. Se denominó así porque las vendedoras de flores de la plaza del comercio regalaron claveles rojos a los soldados que los colocaron en sus fusiles.
El monumento del Cristo Rey se erigió como copia del Cristo Redentor de Río de Janeiro tras una visita del Cardenal de Lisboa a esa ciudad y quedar impresionado. Aun así se tardó 25 años en construir y simboliza la gratitud a Dios por mantener a Portugal al margen del horror de la Segunda Guerra Mundial. Pocas palabras puedo expresar en referencia a la sensación que proporciona encontrarse a sus pies ante su brazos abiertos con sus 28 metros de altura sobre un pedestal de otros 75 metros.
Cuando volvemos a la otra orilla de Lisboa, son las 17:30. Si queréis hacer esta excursión contad con que os llevará de dos horas a dos horas y media (y no tuvimos que esperar los barcos), pero si vais con niños es imprescindible: mis hijos la colocaron entre las tres primeras en su ranking de visitas del viaje, tanto por el barco como por el ascensor a las vistas y magnificencia que no deja indiferente ni a los más pequeños.
Tras un infructuoso paseo dando vueltas buscando una parada del tranvía 28 que no tuviéramos que esperar colas llegamos a la Plaza Martin Moniz donde nos resignamos a esperar un hora. La frecuencia de paso era de 4 a la hora, sin embargo el segundo tardó en llegar más de media hora y luego fueron dos seguidos, creo que tomamos el tercero y justo fuimos los últimos de ese tranvía en tener asiento, y curiosamente nos habían dejado ¡los de delante! Este paseo fue otra emoción para los niños ya que además desde nuestro sitio podíamos anticipar la calle y la gente iba saludando con la mano.
Nos subió por Alfama y nos permitió ir recorriendo nuestro itinerario del primer día, tras bajar sube a Chiado y tras pasar la plaza de Luis de Camoes nos lleva a descubrir la zona que hay más allá, por lo que podemos ver la Basílica da Estela hasta el cementerio. Allí nos indican que hay que bajar y esperar al siguiente para hacerla vuelta. En este nuevo recorrido pasamos por delante del Parlamento o la Asamblea de la República, muy blanca, y de nuevo nos hacen desalojar esta vez en la Plaza Luis de Camoes. Desde allí ya andamos hasta el metro Restauradores para volver en la línea azul a casa.
La verdad es que ha sido un día muy aprovechado.
De la ciudad de Lisboa nos faltó la zona más actual correspondiente a la exposición universal de 1998 conmemorando el 500 aniversario del viaje a la India de Vasco da Gama: el parque de las naciones. Como siempre se dice que hay que dejarse algo para volver, ahí tenemos nuestra excusa.
Muchas gracias a todos, la verdad es que fue mejor de lo que pensábamos por tiempo meteorológico y a mi me encantó. Lo mejor del viaje mi pequeño compañero de 8 años, entregado e ilusionado con todo lo que veía y sus "enséñame en la guía qué vamos a ver mañana".
Le tengo un cariño especial a Portugal, me gustan sus ciudades, su comida, sus gentes y sus paisajes. Para mí, por cercanía y por cultura, Portugal no es el extranjero. Y ver diarios de pequeños viajeros que lo descubren por primera vez es emocionante. Gracias por compartirlo.
Un diario muy bien explicado y unas fotos estupendas!! Visité Portugal hace unos años, pero tengo una deuda pendiente que es la Quinta Regaleira, cuando yo fui no se visitaba y tengo muchas ganas de verla. Habéis aprovechado muy bien los días. Enhorabuena te dejo las 5*.
Gracias Marimerpa Alfma y Spainsun, me dan mucho ánimo e ilusión vuestros comentarios. A mi también me queda pendiente para otra la zona de la Expo.
Ahora pasado Eurovisión ha sido muy entretenido ir recorriendo de nuevo las zonas de Lisboa con los distintos reportajes de TV, y me ha recordado a cuando recién aterrizados de Roma televisaron Ángeles y Demonios.
Un saludo
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Podriais acercanos al Parque de las Naciones donde esta el Acuario y hay un telesferico. Sintra también es una buena opción, sobre todo el Palacio da Pena con sus jardines y la Quinta da Regaleira con sus grutas.
Nosotros fuimos a Lisboa con nuestro niño de dos años y nuestra sobrina de siete, y en cuanto a parques, es verdad que poco.
Sabíamos más o menos eso, por lo que le "abrimos" el apetito de ver cosas con mis miradores, en arte urbano, tranvías...
El paseo desde el monumento a los descubridores hasta la torre de Belén les gustó, así como por ejemplo la pink street.
También la zona de la plaza del comercio que es al río, donde aquel día chocaban un poco las olas, los elevadores...
La plaza Luis de Camoes también les gustó, pues estaba siempre animada con actuaciones y tal, y... Leer más ...
Nuestro próximo destino con nuestros hijos de 11 y 8 años será Lisboa, espero haber acertado!
He cogido para 3 noches, que serán casi 2,5 días para disfrutar la ciudad (entre que el día 1 llegamos medio día y el día 4 marchamos por la mañana...)
Creéis que vamos bien y será tiempo 'suficiente' o lo veis justo?
Empezaré enseguida con el planning, os iré diciendo, gracias!
@Noja en qué época del año?? No es lo mismo ir en verano con días largos que en enero, por ejemplo.
Dos días y medio para la ciudad lo veo bien, no hay margen para Sintra, Cascais o Estoril, por ejemplo (en mi opinión, claro).