Primer día de mini-vacaciones por Tokyo!
Una vez realizado el trabajo en la oficina y hecho el cambio de hotel, me dispongo a pasar 3 días de compras-turismo en la ciudad.
A pesar de haber estado ya 2 veces en Tokyo, la ciudad es tan grande que siempre hay cosas por ver. El itinerario del día será:

Va a ser un día duro, a pie bajo el sol de justicia. Pero Tokyo es una ciudad que hay que verla caminando, paseando con calma, observando a la gente, los edificios, las costumbres... Yo por lo menos es lo que recomiendo.
Empiezo el día temprano, aunque no tanto como debiera. Sobre las 8 salgo del hotel, ya desayunado y me dirijo a mi primer destino. En este caso se trata de uno de los santuarios más importantes de la ciudad: Kanda Myojin.
Con una historia de casi 1300 años, este santuario alberga uno de los 3 festivales más importantes de Tokyo, Kanda Matsuri. Es un festival que data de la época Edo, cuando la familia Tokugawa impartía justicia en el país desde la ciudad de Edo, hoy Tokyo.
Obviamente, el santuario ha sido reconstruido varias veces debido a terremotos, guerras, incendios... pero eso no quita ni un ápice de la belleza y aroma que se respira.




Después de contemplar el santuario y sus alrededores, me dirijo a una tienda-museo-fábrica bastante peculiar: Origami Kaikan.
Aunque muchos ya lo sabréis, el Origami es un arte japonés que consiste en el plegado de papel sin usar tijeras ni pegamento para obtener figuras de formas variadas, muchas de las cuales podrían considerarse como esculturas de papel, lo que aquí llamamos Papiroflexia.
Como os he dicho, dentro de Origami Kaikan podemos encontrar varias plantas.
En la planta baja vemos una exposición de las obras realizadas en el centro, así como obras de voluntarios o gente que expone las suyas.
En la primera planta podemos entrar en la tienda, donde se ven cosas sencillamente espectaculares.
Y la última planta visitable es la tercera, donde podemos ver el proceso de cómo se crea el papel que se utiliza para crear semejante arte.



Afortunadamente, llegué 5 minutos antes de que el maestro Kazuo Kobayashi hiciera una demostración. Kobayashi-san representa la cuarta generación de su familia que se dedica al negocio en Origami Kaikan. Todo un espectáculo.


Visita recomendada 100%!
Salgo de Origami Kaikan y me dirijo al santuario Nezu. No es que esté lejos precisamente, pero el calor y la humedad son bastante elevados. Aún y así, me dispongo a andar los casi 3 kilómetros que hay de distancia.
Por el camino me paro en algún punto de interés que, pese a haber estado ya en mis otros viajes, siempre es agradable volver y recordar viajes anteriores.
Parque Ueno.

Yushima Tenmangu.


Este último, Yushima Tenmangu, guardará siempre un recuerdo especial para mí. En nuestra primera visita a Japón, allá por el 2013, fue el primerísimo santuario que visitamos en nuestro recorrido de 18 días. Y pese a que no es muy grande, es muy bonito. Recomiendo el museo que se puede encontrar en el interior.
Poco a poco, y cargado de botellas de agua y la toalla, llego al santuario Nezu.
Es uno de los santuarios más antiguos de Japón, y en la actualidad se conservan todas las construcciones originales. En 1931 fue designado Tesoro Nacional, y la leyenda dice que fue fundado por el legendario sacerdote Yamato Takeru no Mikoto.
En 1705, Tokugawa Tsunayosi, construyó las estructuras actuales, trasladando el templo original a la zona de Nezu para conmemorar la adopción de Tokugawa Ienobu como su sucesor.




Una vez acabado el recorrido, después de haberme sentado y descansado un poco, pongo dirección sur de nuevo, pero esta vez a un sitio más concurrido: El mercado Ameyoko.
Es otro rato andando, pero con paciencia... Bordeo el parque Ueno, paso por las afueras del Zoo (huele a lo que es, a zoo) y llego a la calle Ameyoko. Porque Ameyoko es una calle (o más bien 2 o 3 paralelas) llenas de puestecitos, restaurantes, comercios,... Es un bullicio de turistas, de gente vendiendote cosas, de olores...
Lo primero que hago es pararme a comer, y pese a que hay centenares de restaurantes, es difícil decidirse. No sabría traducir el nombre del restaurante, pero comí muy bien.


Después de comer empezó la ruta de las compras. Puestos de camisetas, de recuerdos, de comida, de ropa, de bambas... puedes encontrar de todo, gangas de todo tipo, si inviertes tiempo y dinero.


Con energías renovadas y alguna que otra compra hecha, me dirijo a uno de los centros neurálgicos del budismo en Tokyo: Senso-ji, en Asakusa.
Otra vez, caminando, aunque esta vez un poco más nublado, cosa que se agradece.
Por el camino, y desviándome un poco, me paso por las oficinas centrales de Bandai en Tokyo. Tengo varios amigos que visitar y, para mi deleite, alguno más se ha añadido a la familia.


Me presento, como se debe hacer, en Kaminarimon, la Puerta de los Truenos. Es el inicio de la calle Nakamise-dori, repleta de tiendas y puestos de comida.
La puerta tiene, a ambos lados, estatuas Raijin, Dios del rayo, del trueno y de las tormentas, y Fūjin, Dios del viento. Pero lo que hace espectacular esta Tori es la enorme lámpara de bambú central.

He estado 3 veces en la calle Nakamise y, menos cuando la visité de noche (MUY recomendable), siempre está repleta de gente. Desde turistas como yo que vienen a contemplar la maravilla de Templo que es el Senso-ji y, de paso, comprar regalos-recuerdos, a gente que viene a rezar. Como siempre, la lámpara de incienso te recibe antes de llegar al Hall principal, acompañado de la Pagoda de 5 pisos erguida justo al lado.




De vuelta al hotel, cargado de bolsas, me paro en un McDonald's y decido cenar en la habitación. La verdad que tanto en los 7eleven, como en los Family Mart, como en los Lawson puedes encontrar comida preparada bastante buena, pero al no disponer de microondas en la habitación, prefiero comer caliente.
Llego al hotel, me ducho, ceno y a dormir... que mañana promete.