Nuestro vuelo sale a las 21:30 así que tenemos un montón de horas por delante, pero nos tomamos el día super en calma porque estamos agotados.
Tomamos la insensata decisión de acercarnos al Palacio Imperial, que tiene un gran jardín público.
Pues entre la gran extensión del parque, la ausencia de sombra, el cansancio acumulado y la temperatura que va subiendo exponencialmente, nos resulta una penitencia.
Retrocedemos después de estar solo media hora. Seguro que en cualquier otra época del año es muy bonito…
Estamos cerca de un par de edificios con miradores gratuitos con vistas a la Estación de Tokyo, ¡que todavía no la hemos visto!
El edificio Shin-Marunouchi tiene mayormente oficinas y tiendas, pero en la planta 7 hay restaurantes y una cuidada terraza con sillas.
Imagino que de noche es un sitio para tomar cócteles de lujo.
Desde aquí se ve en primer plano la majéstica Estación de Tokyo, este edificio de ladrillo rojo de estilo victoriano que parece sacado de cualquier ciudad de Inglaterra.
Crea un gran contraste visual con todos los rascacielos de cristal detrás.
El edificio Marunouchi-Kitte también tiene una terraza elevada de acceso gratuito. Está en la planta 6 y da una visión más frontal de la estación. Nos entretenemos un rato viendo los trenes entrar y salir.
En la planta 2 hay un pequeño museo de ciencias naturales, también gratuito, con piezas que forman parte del archivo de la Universidad de Tokyo.
Damos una breve vueltecita por el lugar.
A la hora de comer nos apetece probar otro restaurante de sushi giratorio y en googlemaps encontramos uno que nos parece bien.
Resulta que está en uno de los pasillos subterráneos de la ingente estación de tren y nos cuesta un montón localizarlo.
Una vez llegamos, a través de una máquina cogemos un número y pasamos a la “salita de espera”. Cuando nos toca nuestro número, vamos a otra máquina
¡Está todo tan digitalizado!
Para pedir la comida, se hace a través de una tablet que hay en la mesa. Y la comida llega a través de la cinta transportadora, acompañada del sonido de una campanita y el aviso electrónico “your food is here!” .
Para pagar, obviamente también es a través de una máquina. No hemos tenido ningún tipo de interacción con un humano en toda la comida. ¡Esto es el futuro!
Por la tarde regresamos a nuestro barrio, Akihabara, y resulta que los domingos por la tarde está peatonalizado. Hay un montón de gente porque las tiendas están abiertas. Hay un ambiente más relajado que ayer por la noche.
Es la hora de recoger las mochilas en el hotel e ir despidiéndonos de Japón.
En el aeropuerto acabamos de gastar el dinero que nos queda en las tarjetas Suica y lo poco que nos queda en metálico en una cenita sencilla.
El avión lleva unos cuarenta minutos de retraso pero nos da igual, no vamos a perder la conexión en Frankfurt porque es de dos horas.
Tras unas películas, unas pocas horas de sueño incómodo e interrumpido, una comida relativamente escasa y 19 horas de viaje (escala incluida), llegamos a nuestra tierra.
Conclusiones
Lo mejor de Japón:
el orden, la limpieza y el silencio. Son impecables.
Lo peor de Japón:
el calor en verano. Lo habíamos leído y escuchado e íbamos mentalizados, pero a veces incomoda tanto que es difícil disfrutar de lo que se está visitando.
la calidad del papel de baño. Con unos baños tan sofisticados y tienen un papel de una sola capa delgadísimo que no se aguanta por ninguna parte.
Para planificar este viaje me han servido mucho los diarios que han escrito otros viajeros/as, así que quisiera agradecerles su trabajo, además de agradecer al lector/a su tiempo y como siempre, a Roger, las fotos.