Este día lo dedicamos por completo a Nantes, nos bajamos al centro con el coche y lo dejamos en una calle antes de que empezase la zona de hora (aprox 10 min andando del centro). Bajamos al centro y fuimos a la oficina de información y turismo que se encuentra frente al Castillo. Allí cogimos el mapa e información sobre la ciudad.
En Nantes hay una línea verde dibujada en el suelo de todo el centro que recorre todas las zonas de interés. Es un recorrido muy largo, pero a nosotros nos resultó curioso y útil cuando nos despistábamos.
En Nantes visitamos el castillo de los Duques de Bretaña donde nació Ana de Bretaña. Este castillo tiene un foso muy bien cuidado por el que se puede pasear. Además se puede pasar dentro del castillo gratis, y dentro del castillo hay museos que sí cobran entrada. Pero se puede subir a las murallas, ver las vistas, y dar un paseo por el castillo y desde allí se ve la Torre Lu. Además tiene un tobogán muy grande por el que se puede tirar la gente y te deja en el foso. El foso está muy bien cuidado con césped alrededor. A continuación fuimos a la Catedral y en esta sí pudimos entrar.


Nantes es una ciudad muy bonita y que además tiene multitud de cosas curiosas distribuidas por toda la ciudad y que se ven en el recorrido de la línea verde. Además tiene una isla donde hay edificios muy singulares y están las máquinas de la isla. Estas máquinas son un guiño a Julio Verne que tiene en Nates un museo dedicado a él. En esta ocasión el invento que había en la isla era un inmenso elefante que te llevaba a un Tio Vivo antiguo y muy alto. Esto para los niños es una muy buena opción. Nosotros no montamos en el elefante porque la niña ya es mayor para eso. Si se pasea por la isla al final hay una zona para las familias donde había un restaurante abierto y multitud de hamacas a libre disposición, así que aprovechamos para descansar después de comer en unas de las hamacas.


La verdad que anduvimos cerca de 20 km porque esta vez no cogimos bicis, y la niña quería ver todo lo de la isla. Hay también unas mesas de ping-pong muy raras, y edificios muy curiosos en la isla.
Ya volviendo otra vez al centro, la niña quería ver unas macetas gigantes que estaban en el Jardín de las plantas y allí nos llevó que ya no podíamos levantar los pies del suelo. Yendo vimos un campo de futbol circular que tenía un espejo cóncavo al lado, donde se reflejaba el campo de manera rectangular.
También había una fuente de espejos frente al castillo, pero más pequeña que en Burdeos.
Recomiendo también ir al pasaje de Pommeraye que es un centro comercial entre dos avenidas pero por dentro es un edificio que hay que ver.

Después del jardín de las plantas volvimos al coche agotados y fuimos al apartamento a cenar y descansar.