Por fin ha llegado nuestro día en el que comienza nuestro tan esperado viaje, el que llevamos tanto tiempo esperando. En mi caso es mi primer vuelo trasatlántico y de tantas horas. ¡A ver cómo se nos da el vuelo! Qué nervios!
Llegamos al Aeropuerto Adolfo Suárez de Barajas más tarde de la hora prevista ya que por un error de cálculo, a parte de tardar más de lo habitual con la nueva combinación que hemos probado, la Renfe nos deja en la Terminal 1, y corriendo llegamos por los pelos a la Terminal 4.
Pasamos el control a Estados Unidos que es más riguroso que para el resto de los destinos, pero es lo que tiene viajar al Continente Americano y concretamente a USA. Ya sabéis, fuera cinturones, botas, zapatos, chaquetas, cualquier aparato electrónico que lleves, cámaras, objetivos, cargadores, móviles…. incluso los auriculares!!! Me pregunto qué clase de artefacto peligroso se puede fabricar con unos auriculares, pero bueno. Tras el despliegue de bandejas y volver a vestirnos y recolocar nuestra maleta de mano, nos vamos corriendo a nuestra puerta de embarque, ¡¡¡pero aún nos queda el control de pasaportes!!! por suerte no hay demasiada cola y pasamos sin mayor dificultad. Ya por fin nos dirigimos a nuestra puerta de embarque (¿por qué en todos mis vuelos siempre me toca la puerta de embarque más alejada de la terminal?)y vemos que la gente empieza a embarcar.
Si señor, esto si que es planificar bien el tiempo.
En esta ocasión viajamos con Air Europa, y tengo que decir que fue un vuelo bastante largo e incómodo. Para ser un viaje transoceánico, no disponíamos de pantallas individuales y en mi caso no funcionaban los auriculares y tenía visión limitada de las pequeñas pantallas en mitad de los pasillos durante todo el vuelo (que sí, que además estoy un poco cegata..).
Al poquito de despegar nos sirven lo que para nosotros es la merienda, ya que son las 19.15 de la tarde.

Intentamos ver desde la ventanilla la Estatua de la Libertad o algo que nos recuerde a New York desde las alturas, pero ya empieza a anochecer y no conseguimos ver más que millones y millones de lucecitas que comienzan a brillar en la noche.

Y ya si que sí, ¡podemos decir que estamos en Nueva York!
Tras pelearnos un rato con los servicios que ofrecen taxis, conseguimos un suttle para los 6 y ponemos rumbo a Manhattan.
Unos 40 minutos después, empezamos a alucinar porque poco a poco vas viendo todos los rascacielos al fondo y ves como poco a poco te vas acercando a ellos. Y tu cabecita ya empieza a asimilar que estás allí de verdad, y que ese edificio sale en tal peli y aquello de allí en aquella otra.


Os dejo unas fotillos de nuestro paseo nocturno por Times Square. El cuerpo no dio para llegar más lejos.







