Sábado 23 de junio de 2018
El tercer día fue para visitar el centro histórico de París. Nos despertamos sobre las 7:15 para poder reservar turno para visitar las torres y el campanario de Notre Dame. Se puede hacer muy fácilmente a través de una aplicación llamada "JeFile" que te permite hacer la reserva a partir de las 7:30 de ese mismo día, y te evita esperar colas innecesarias. Una vez tuvimos eso hecho, desayunamos con calma en el piso, nos preparamos y salimos sobre las 9:00.
Empezamos el día en la Île de la Cité; nada más salir de su estación de metro están la Plaza Louis Lépine y el precioso Mercado de las Flores, que a esas horas estaban muy tranquilos. Dimos una vuelta por los puestos y nos fuimos a nuestro siguiente destino: la Catedral de Notre Dame. Como aun faltaba un ratito para el turno de visitas a las torres que habíamos escogido, pero no suficiente tiempo como para entrar a verla por dentro, aprovechamos para hacernos unas fotos frente a su impresionante fachada (como pudimos, ya que había muchísima gente). Unos 10 minutos antes de nuestra hora nos pusimos en la fila de visita a las torres, donde había una muchacha comprobando la hora de reserva de cada persona para hacer grupitos y dejarnos pasar cuando llegase nuestro turno. La gente que iba sin hora tenía que ir a unas maquinas en el lateral de la catedral a sacar unos tickets escogiendo turnos libres. Una vez dentro y tras subir unas escaleras te hacen pasar a una sala, que es donde se paga la entrada (si tienes que hacerlo) y tras eso ya te permiten subir.
Empezamos el día en la Île de la Cité; nada más salir de su estación de metro están la Plaza Louis Lépine y el precioso Mercado de las Flores, que a esas horas estaban muy tranquilos. Dimos una vuelta por los puestos y nos fuimos a nuestro siguiente destino: la Catedral de Notre Dame. Como aun faltaba un ratito para el turno de visitas a las torres que habíamos escogido, pero no suficiente tiempo como para entrar a verla por dentro, aprovechamos para hacernos unas fotos frente a su impresionante fachada (como pudimos, ya que había muchísima gente). Unos 10 minutos antes de nuestra hora nos pusimos en la fila de visita a las torres, donde había una muchacha comprobando la hora de reserva de cada persona para hacer grupitos y dejarnos pasar cuando llegase nuestro turno. La gente que iba sin hora tenía que ir a unas maquinas en el lateral de la catedral a sacar unos tickets escogiendo turnos libres. Una vez dentro y tras subir unas escaleras te hacen pasar a una sala, que es donde se paga la entrada (si tienes que hacerlo) y tras eso ya te permiten subir.
Las vistas nos encantaron, y aunque el espacio es bastante estrecho y se sube y baja por turnos, te da tiempo de sobra a ver todo muy bien, campanas incluidas. No sé deciros si había más o menos escalones que en el Arco del Triunfo, pero a nosotros se nos hicieron más asequibles. Cuando terminamos con la parte superior, visitamos el interior de Notre Dame, para el cual solo hay que hacer una breve cola de registro de mochilas y te dejan pasar. Es impresionante. Personalmente, tenía unas expectativas bastante altas (como fan de El Jorobado de Notre Dame de Disney)y no me decepcionó en absoluto; me sentí como Esmeralda totalmente. Para niños y personas que hayan crecido viendo películas de Disney como yo, os va a encantar.

Una vez acabamos con Notre Dame, nos fuimos hacia la Sainte Chapelle, donde los techos y vidrieras de ambas plantas nos dejaron con la boca abierta. Aprovechamos que era la hora francesa de comer (sobre las 13:00) y apenas nos encontramos gente. De camino a salir de la isla por el Pont Neuf pasamos junto a la Conciergerie, aunque no llegamos a entrar. Ya en el barrio de Saint Germain buscamos un sitio para pararnos a comer y descansar un rato. Con el estómago lleno y los pies descansados, pasamos junto a las Iglesias de Saint Germain des Pres y de Saint Sulpice, y nos fuimos a los Jardines de Luxemburgo a pasear para bajar la comida. Nos sorprendió mucho ver la cantidad de actividades que se pueden hacer en el parque, desde jugar a la petanca (y creedme, juegan impresionantemente bien) a navegar unos barquitos de vela en la fuente central, entre ellos uno con vela negra y bandera pirata.

Desde allí continuamos la ruta por el Barrio Latino, donde además tenía una crepería apuntada (Le Fournil) que no nos decepcionó en absoluto: deliciosos y a buen precio. Primero vimos varios de los edificios de La Sorbona y después fuimos al Pantheon, aunque por desgracia no pudimos entrar ya que estaba vallado por algún evento. Otro de los atractivos de este barrio fue entrar en diversas librerías y tiendas de comics, ya que a nosotros nos gustan mucho. A Shakespeare & Company precisamente no entramos ya que había cola, pero sí echamos un vistazo por fuera.
La tarde siguió con un paseo por la orilla de Sena hasta el Puente de Austerlitz, viendo Notre Dame esta vez desde el otro lado del río y pasando junto al Jardin des Plantes (botánico). Tomamos este camino ya que en nuestra ruta hacia Le Marais teníamos planeado ver la preciosa y colorida Rue Cremieux, para mi gusto una de las calles más bonitas y diferentes de todo París. También quisimos ver el Passage L'Homme, pero nos encontramos con un cartel que decía que ya no se puede visitar porque es una "vía privada"; toda una decepción realmente. Por suerte muy cerca de allí estaba nuestra última parada del día, la Plaza de la Bastilla. Este día estábamos muy cansados y se nos hizo un poco tarde para ver la Casa de Víctor Hugo, que ya había cerrado, por lo que nos fuimos a nuestro distrito a dar un breve paseo y al piso a descansar.