Arrancamos nuestra segunda etapa por Normandía, donde tras despertarnos en El Havre, iniciamos nuestra ruta hacia Honfleur
La distancia entre ambos destinos era poquita (media hora en coche), por lo que llegamos muy rápido tras cruzar el río Sena por un puente que tenía una altura increíble y unas vistas espectaculares, de las mejores de nuestro road trip!!
Honfleur es el típico pueblecito para perderte recorriendo sus calles. Se respiraba un ambiente muy guay a pesar de la multitud de turistas que habían. No sé si sucederá todos los días, pero a nosotros nos coincidió que ese día había mercado y en cada una de sus calles había puestos y más puestos de todo tipo de cosas, lo que animaba mucho el ambiente pero al mismo tiempo agobiaba un poco
Entre todo ese meollo de gente encontramos la Iglesia Sainte Catherine, concebida inicialmente como un templo temporal pero que finalmente ha permanecido con su diseño original (en base a madera). La entrada es gratuita y merece la pena entrar y echar un vistazo porque es un lugar muy singular. Al igual que el puerto viejo de Honfleur, el cual tiene mucho encanto y mucha historia, ya que fue uno de los más importantes de Francia durante el S. XVI y XVII. Hoy en día es el punto de referencia del pueblo
Como nos apetecía salir un poco del follón de la gente, nos pusimos a andar junto al río Sena y llegamos hasta la playa Du Butin y hasta unos jardines muy bonitos que se llaman Le Jardin des Personnalités. Este último sitio tenía encanto, a mi personalmente me transmitió mucha paz.
Tras picar algo de los puestecitos locales de comida, nos dirigimos a nuestro siguiente destino: Deauville.
En Deauville no nos complicamos nada. Nos dedicamos a disfrutar de su preciosa playa. La verdad que este sitio transmitía mucha calma. La playa era muy extensa, apenas había gente y los que estaban aprovechaban la marea baja para coger marisco.
A nuestro regreso, como se hizo la hora de cenar, terminamos en La Mare au Lièvre por recomendación del dueño de nuestro B&B y fue un acierto. El menú, de 20 euros por persona, está fenomenal porque los platos llenan bastante y el postre está que te mueres. Lo que estaba más caro eran las bebidas locales, que no estaban incluidas y tenían un precio elevado para su tamaño.
¿Dónde dormimos?
Encontramos este acogedor hotel llamado Le Cardinal. El matrimonio que lo regenta es agradable, las habitaciones están bien, el desayuno está rico. Buena experiencia.