Esta preciosa ciudad fue fundada por un ex-capitan de un barco cuando su finca fue invadida por unos 10.000 buscadores de oro que iban hacia en nacimiento del rio Yukon en los lagos Lindeman y Bennet.
Estos buscadores seguían como podían el duro sendero Chilkoot hacia Canadá.
Hoy pasaremos por el White Pass (frontera entre EEUU y Canadá) y nos montaremos el Yukon Raílway que se terminó de construir en 1899.


Lo primero que hicimos al desembarcar es darnos una vuelta por la ciudad. Es muy especial y esta muy bien cuidada. Nos encantaron las pasarelas de madera que utilizan como aceras. Hay muchas tiendas pero no da tanta impresión como las otras de marabunta de comercios para los turistas. Desde aquí salen los trenes hacia el White Pass y el Yukon canadiense.
Nuestra idea inicial era hacer este recorrido en tren hasta el punto más lejano posible pero cuando planeábamos la ruta no pude encontrar esta ruta disponible. Sin embargo otros días sí era posible, no he conseguido averiguar el motivo.
Finalmente, gracias a los consejos de una compañera del foro nos decidimos por una excursión de la agencia Chilkoot Charters que se llamaba “Yukon Raíl & Bus Excursión”que nos costó 195$ por persona.
Un inciso respecto a la entrada en Canadá: es necesario llevar el pasaporte porque pasa un policía por el autobús o tren a revisar que todos lo llevemos. Nosotros habíamos sacado también el ETA porque era un poco confuso si lo necesitaríamos o no, pero finalmente no era necesario.
Nos llevaron en una micro furgoneta muy nueva y cómoda. Íbamos unos 12. Nos iban parando en diferentes puntos para que pudiéramos hacer fotos. Si vais con la excursión del barco lo que pasa es que te meten en autocares al uso, con más gente, todo es menos ágil y ves menos cosas.




Para comer paramos en un sitio que se llama Caribou Crossing, que es a donde nos llevan a modo rebaño a todos los turistas....
Es una especie de granja-zoo-restaurante donde las estrellas son los huskys de Alaska. Son tan monos que te mueres de amor nada más ver lo ansias que se ponen para que los elijan para tirar del trineo...y además hay una zona de cachorritos donde te dejan entrar para achucharlos y jugar con ellos.

La comida no se podía elegir. Era rollo cucharón de ensalada y pollo a la barbacoa. De postre unas rosquillas. Me sorprendió porque estaba muy rico.
Otra parada la hicimos en Carcross a orillas de lago Bennet, un pueblo histórico del Yukon que tiene un almacén de la fiebre del oro y una locomotora de Vapor. Además aquí se puede hacer la gran frikada de estamparte un sello del Yukon en el pasaporte. También encontrareis un puente ferroviario rojo que es una pasada y al fondo unas cabañas destartaladas que me parecieron la esencia máxima del lugar.

Después nos llevaron hasta Fraser para subir al tren y hacer el recorrido de vuelta a Skagway.
El vagón no lo podréis elegir pero una vez subáis conviene ser un pelin avispado y posicionarse bien. Si van muchos asiáticos con vosotros mejor, porque no suelen levantarse, les mola hacer fotos con el cristal por en medio y algunos son tan craks que hasta se duermen como marmotas. Lo mejor es sentarse detrás, en el lado derecho y en ventana. Una vez estén todos despistados salir a la parte exterior por detrás a la derecha y si es posible no perder la posición... desde aquí podréis fotografiar o gravar lo mejor de todo el trayecto.
Os darán un folleto. Pedirlo en español. Durante el recorrido iréis viendo letreros y así podéis ir leyendo la descripción de cada punto. También nos dieron un agua a cada uno.



Al regresar a Skagway nos dio tiempo de hacer las últimas compras. Nos llevamos una ballena hecha con un bidón viejo, el imprescindible Totem y un clavo oxidado y viejo de la antigua vía del ferrocarril.
Fue un día fantástico, memorable e irrepetible.
