Este miércoles tocaba viajar a Peje, localidad en la que se encuentra el Patriarcado de Pec y localizada igualmente a 12 km del monasterio de Decani, que visitaríamos el día siguiente. Desayunamos en una cafetería en la que curiosamente el propietario hablaba un perfecto castellano, que nos dijo aprendió cuando proveía de pan y otros alimentos a los militares españoles allí destinados. Llegamos de nuevo a la estación de Pristina, desde donde salía nuestro autobús rumbo a Peje en 5-10 minutos. Hay a todas horas, salen más de 40 cada día y cuesta 4 euros. El autobús va medio vacío pero me sorprende que en cualquier lugar recogen gente. Nada más salir de la estación se sube un grupo, a los pocos minutos otro y así. Los autobuses, sin lujos pero cómodos. En todos ellos hay que pagar arriba y te dan ticket, lo que evita cualquier intento de timo.
Pristina y su aglomeración urbana se extiende por varios kilómetros y nos cuesta bastante rato salir a carretera abierta. El trayecto dura hora y tres cuartos y transcurre sin incidentes. La carretera parece buena e incluso vamos por autovía en parte del trayecto. Poco antes de llegar a Peje vemos la fábrica de cerveza Peja, la más conocida del país y que me acompañaría en todas las cenas. También divisamos antes de llegar a la ciudad numerosos cementerios con retórica albanesa.
Me dejo llevar por mi intuición al querer orientarme por Peje y me equivoco caminando tontamente en dirección contraria con las mochilas a cuestas y a pleno sol. Una vez situados vamos al hostal Stone Bridge, también situado entre la estación de bus y el centro, muy moderno, con baño privado y nos costó 28€ la noche. Recomendable. Antes de llegar al hostal pasamos por el animado bazar de la ciudad.
Descansamos un poco y salimos rumbo al Patriarcado, situado a 25 minutos del centro, en las afueras de Peje y justo al comienzo del cañón Rugova. El pequeño centro de la ciudad está algo más cuidado, con numerosas estatuas y monumentos en honor a los caídos en la guerra. Todos ellos rodeados de banderas albanesas y del Ejército de Liberación de Kosovo. Me llama la atención que aquí se ven menos banderas kosovares y más albanesas. Y también me sorprende la cantidad de banderas del ELK, grupo armado considerado terrorista prácticamente por todo el mundo y aquí ondean sus banderas con toda naturalidad en monumentos públicos, incluso venden souvenirs con pegatinas del grupo.

Una vez abandonas el centro, el trayecto hasta el Patriarcado no es muy agradable y es que una vez sales del pequeño bulevar de Peje, las aceras de la ciudad están en un estado calamitoso, los coches aparcan en cualquier lado y no hay nada destacable que nos llame la atención. A todo esto hay que sumar un sol de justicia que achicharra a cualquiera. En el plano que nos dieron en el hostal aparece un par de puntos turísticos: un cementerio austrohúngaro de la Primera Guerra Mundial y la iglesia católica de Santa Catarina. El cementerio son cuatro lápidas en un regular estado de conservación y la iglesia está cerrada. Comemos un kebab con bebidas por 5 euros entre los dos. No dejan de sorprenderme estos precios. Pocos minutos más tarde llegamos al Patriarcado.
En la entrada al recinto hay una garita con dos policías kosovares a los que dejamos un pasaporte, el mío solo y eso que vamos dos personas, devolviéndomelo al momento. Entramos en un recinto inmenso en el que hay una pequeña caminata hasta el propio Patriarcado, un recinto interior que, como todos estos lugares, son un remanso de paz y tranquilidad que consta del templo, unas casas donde viven los religiosos (en este caso religiosas), una zona ajardinada muy cuidada y una tienda de souvenirs. Es mediodía y estamos completamente solos. Están las típicas indicaciones de prohibición de hacer fotos en el interior y la obligación de vestir con decoro. A pesar de eso, voy en pantalón corto y nadie me dice nada.

Entramos en el templo, otra iglesia Patrimonio de la Humanidad, en la que es inevitable soltar un ¡¡oooostras!! cuando entras en ella. Un nártex excepcionalmente pintado da la entrada a tres iglesias interiores de una calidad igualmente extraordinaria. Y eso lo puede apreciar hasta un auténtico profano en arte como yo. El conjunto consta de una cuarta capilla a la que se accede desde el exterior, muy pequeña y que casi dejamos de visitar porque estaba la puerta cerrada, que tiene que estar cerrada para evitar que sufran las pinturas.
En el momento en el que llegamos solo hay una monja pasando el aspirador, a la que preguntamos dónde coger el audioguía. Nos indica muy amablemente que en la tienda de souvenirs, pero al ir allí encontramos la tienda abierta pero sin nadie. Flipo al ver que dejan todo eso abierto para que cualquiera se lleve cualquier artículo sin pagar. Vemos en la misma tienda un mapa de "Kosovo y Metohija, provincia Serbia" así como folletos que indican la importancia de la iglesia para la escasa comunidad serbia de Kosovo. No deja de ser curioso el contraste entre las banderas del ELK que hay fuera con las menciones a Kosovo como provincia serbia en el interior del Patriarcado. Bueno, pasan por lo menos 10 minutos y como no viene nadie, nos vamos a ver la iglesia sin audioguía, qué le vamos a hacer. Entramos de nuevo y la pobre monja nos pide perdón por "molestarnos" con el aspirador. Como nos ve por ahí cambia de tarea y se dedica a pasar la fregona la pobre... Ni mucho menos nos persigue y aprovechamos para echar unas cuantas fotos. Volvemos a ver una iglesia extraordinaria para los dos solos, sin más turistas con los que compartir una experiencia tan bonita.

Absolutamente maravillados salimos al jardín donde hay una fuente y un banco en una zona a la sombra donde aprovechamos para refrescarnos. Se está realmente bien en este oasis de tranquilidad. Damos una vuelta por el recinto viendo un pequeño cementerio y volvemos a entrar en la iglesia. De verdad, no me canso de estar en estos templos ortodoxos tan maravillosos. Y aún antes de irnos definitivamente entro una vez más para volver a tener esa sensación de asombro al acceder a la iglesia.

Nos ha gustado mucho y me ha sorprendido lo poco protegido que está, tanto el exterior con solo dos policías kosovares que además no piden identificarse a todos los que entran, como el interior donde solo están unas monjitas con sus quehaceres diarios. En la capilla exterior más pequeña no hay nadie vigilando nunca. Lo cual me gusta porque te da más libertad pero desde luego si alguien quiere sabotear las pinturas no lo tiene muy complicado.
Vamos saliendo del Patriarcado y vemos una bonita estampa del río que recorre la ciudad con los montes al fondo. Como comentaba, aquí empieza el cañón de Rugova, una bonita zona montañosa que propone al visitante un montón de actividades de aventura, además de unas vistas estupendas. Como no tenemos coche, no podemos comprobarlo, así que volvemos al centro de la ciudad. El camino es un tanto tortuoso entre el calor y el pésimo estado de la zona destinada al peatón. Aprovechamos para comprar unos helados por 0,20€... y los había por 0,10€!

Antes de subir al hostal a descansar dimos un paseo por el bazar, pero tampoco vimos nada que nos llamara la atención. Caminamos hasta la principal mezquita de la ciudad pero estaba cerrada. Peje no es una ciudad atractiva y si no fuera porque tiene cerca el Patriarcado y Decani, sería fácilmente prescindible. Además, sin sentirnos inseguros, sí que vemos gente más rara, adultos en el suelo del parque sin ningún quehacer y algo de mendicidad. Peje es más rural, más albanesa y está visiblemente menos desarrollada que Pristina.

Salimos a cenar por el animadísimo bulevar central que en estos días de agosto presenta una temperatura estupenda. Se estaba realmente bien. Nos sentamos en la terraza de una pizzería en la que servían pizzas pequeñas, medianas y familiares a 1, 2 y 3€ respectivamente. Alucinante. Nos tomamos después un sabroso helado a 0,50€ sentados frente a uno de los muchos monumentos dedicados a los caídos en la guerra. Vemos con lástima cómo algunos de los fallecidos nacieron el mismo año que nosotros aunque tristemente perecieron con 19-20 años.
Peje tiene un pub/casino/restaurante molón con un montón de cochazos en el parking. Y aquí voy a hacer un inciso sobre los coches en Kosovo. Vimos cientos y cientos de coches de altísima gama y me estoy refiriendo a los modelos más caros de las principales marcas alemanas, además de varios Lamborghinis y algún Ferrari. Yo flipaba. Algunos tienen matrícula suiza o alemana. En un país con los sueldos tan bajos, con semejante tasa de paro, muy muy pocos habitantes deberían tener acceso a estos vehículos, por lo que pensé que podían ser emigrantes que vuelven a casa con su cochazo para que vean todos que les va muy bien. Pero sinceramente un emigrante en Alemania o Suiza, por muy bien que paguen allí, no suele llevar un BMW 7 equipado hasta arriba. También pensé que podían ser coches robados en Europa Occidental pero mantenerlos también es carísimo y vimos muchos muchos coches de lujo como para que sean todos de emigrantes que viven en el extranjero o coches robados. De verdad, un misterio. En la vecina Macedonia del Norte no vimos coches como estos.
Volvimos al hostal y subimos al ático donde había una terraza y allí echamos un último vistazo al plan de mañana. Llegaba el día más esperado del viaje.