Hoy tocaba visitar la capital y el enclave serbio de Gracanica. Salimos del hostal buscando alguna cafetería para desayunar. Entramos en una que tenía buen aspecto y el chico que nos recibe llama a un colega suyo porque no tiene ni idea de inglés. Primera persona joven no española que me encuentro que no sepa nada de inglés. No iba a ser la tónica general puesto que nos pudimos desenvolver sin problemas en un inglés básico en el resto de comercios. Como nos ofrecen sopas y tortillas, declinamos su propuesta y nos indica dónde podemos desayunar cruasanes y demás dulzaina. Llegamos adonde nos habían propuesto y nos pedimos dos cruasanes de chocolate y dos enormes cafés por el módico precio de 1,70 euros que nos comimos en la agradable terraza del local mientras veíamos la vida pasar.
Lo primero que nos encontramos fue la Biblioteca Nacional de Kosovo, de discutido diseño. Algunos ven algo espectacular y otros la catalogan como uno de los edificios más feos del mundo. A mí como me gusta el diseño atrevido, me gusta. Entramos dentro donde nos sorprendió ver un "corner USA" con un montón de tomos relacionados con el colega estadounidense.

Compartiendo césped con la biblioteca está la iglesia de Cristo Salvador. Se trata de un templo inacabado, totalmente vacío en su interior y cerrado a cal y canto. Milosevic la quiso levantar dando a entender que aquello es Serbia pero no se entendió semejante templo para una ciudad en la que apenas había ortodoxos. Ahora dudan si derruirla o terminarla. Como ninguna solución es buena, ahí está como se quedó antes de la guerra. Volvemos sobre nuestros pasos de anoche y llegamos al bulevar Nene Tereza, pasando antes por la gran plaza de Ibrahim Rugova. Vemos el puesto de información turística, en el que no vimos preguntar a nadie salvo nosotros. Subiendo por el bulevar vimos la estatua de la Madre Teresa, monumentos en honor a la KFOR y al final del bulevar una fuente de la que sale agua del suelo junto a edificios gubernamentales y la estatua de Skanderberg, héroe albanés que defendió a su país de los turcos y vasallo del rey de Aragón Alfonso V.

Abandonamos el bulevar fotografiándonos con la estatua de Ibrahim Rugova, líder albanokosovar que falleció sin ver a su país independiente. Antes de adentrarnos en el barrio de las mezquitas vemos el altísimo monumento de tres puntas de la época yugoslava que representa la armonía de las tres principales etnias del extinto país, hoy con unas figuras delante pintadas con las banderas de los países que reconocieron antes a Kosovo. Ahora sí cruzamos la calle y nos encontramos la mezquita Jashar Pasha cerrada. Seguimos subiendo hasta que vimos la torre del reloj, que tampoco nos dice gran cosa. Y finalmente llegamos a la mezquita Fatih, la más grande de la ciudad. Estaba cerrada por dentro aunque desde el patio se podía ver el bazar de Pristina, al que accedimos bajando la calle. Había muchos puestos de fruta, ropa y complementos. Y mucha ropa de marca por supuesto falsificada. Compré una camiseta con la bandera de Kosovo por 5€ y otra de la selección nacional de fútbol por 8€. No sé si tenía que haber regateado o no, pero los precios no me parecieron como para apretar a los vendedores. Volvemos por el bulevar y nos desviamos un poco para ver el "New Born", levantado con la independencia del país. Me lo hacía más grande y llamativo, pero es una de las imágenes de la ciudad. Enfrente está la escultura "heroína" en honor al esfuerzo de todas las mujeres kosovares en la guerra, y detrás el palacio de la juventud. Ya solo nos quedaba ver la catedral católica, denominada, cómo no, Madre Teresa. Es de reciente creación pero sorprende el tamaño de la misma para una ciudad en la que no hay católicos. Es tan nueva que en sus vidrieras se puede ver a los papas Benedicto XVI, Francisco y por supuesto a Teresa de Calcuta. Hay un mirador en su torre al que se puede subir, pero en nuestra visita estaba estropeado el ascensor y las escaleras cerradas.

Visto todo lo que había que ver en unas pocas horas, nos fuimos a la estación de autobuses para ir a Gracanica. El billete de bus cuesta 0,50€ y aquí hay que estar atento porque no se ve dónde están las paradas y el conductor tampoco avisa dónde estamos. En cuanto vi la pequeña Gracanica (una enana capilla que recuerda al monasterio) nos levantamos del asiento y nos bajamos. Gracanica es una localidad que, como otras tantas por estos lares, tiene una calle principal atestada de tráfico con numerosos comercios y restaurantes, y unas pocas calles perpendiculares mucho más tranquilas. En este caso, al ser un reducto serbio, todo está en caracteres cirílicos, se ven banderas paneslavas y algún coche más con matrícula serbia. Comimos en uno de los restaurantes de la calle principal dos hamburguesas, un plataco de salchichas y dos bebidas. Las salchichas las cogimos porque la hamburguesa costaba 1,80€ y pensábamos que sería pequeña.... craso error de nuevo. Fue la hamburguesa más grande que he comido nunca. El precio es barato porque estamos en Kosovo, no porque la comida sea escasa. La cuestión es que acabamos con dolor de estómago por querernos terminar unas salchichas que nos sobraban completamente. Gracanica tiene un plano turístico en el que aparte del monasterio, te proponen ver un par de estatuas de héroes serbios: Milos Obilic y el rey Milutin.
Entramos en el monasterio. Los monasterios de Kosovo son templos pequeños pero rodeados de una zona ajardinada muy cuidada que crean un gran entorno de paz y sosiego. Estaba disfrutando del momento. Recuerdo cuando estaba en la localidad herzegovina de Trebinje y subí a lo alto de una colina donde había una iglesia que se llamaba también Gracanica y pensaba lo que me gustaría ver la auténtica Gracanica, la que está en Kosovo. Pues bien, ahí estaba yo. Entramos y vemos un atractivo nártex, aunque no tan profusamente pintado como otros que veríamos posteriormente. Entramos en la iglesia y nos pareció realmente espectacular por la cantidad y calidad de los frescos.

Como están la monjas en algún tipo de ceremonia y nos miran raro, salimos de la iglesia a tomarnos unos helados con la idea de volver más tarde. El vigilante estaba sentado a la sombra en el jardín así que yo había aprovechado para echar alguna foto con disimulo porque pone bien claro que no están permitidas. Nos tomamos unos helados por... 0,20€ cada uno!! y una vez recuperadas las fuerzas volvemos a entrar y disfrutamos de todos los recovecos del templo. Estábamos completamente solos y no había vigilante a la vista así que saqué mi móvil y empecé a disparar en modo metralleta. Por supuesto sin flash, lo último que desearía sería dañar semejante tesoro. Salimos de la iglesia y justo aparece un grupo organizado, el único que veríamos en todo el viaje, y para nuestra sorpresa ¡el guía les habla en español! Me dio la impresión de ser un grupo de origen diverso, de varios países, pero el guía hablaba español así que nos pegamos disimuladamente a pillar algo de sus explicaciones. Lo más interesante que dijo fue que todas las pinturas son originales del siglo XIV. El guardia de seguridad ya había vuelto y echó un broncazo tremendo a un turista que hacía fotos sin el mayor disimulo. Yo no pude por menos que reír en silencio puesto que ya tenía mis fotos en el móvil al haber sido más espabilado. No he mencionado que la entrada al complejo es totalmente gratuita. La verdad es que me fascinó la iglesia, no tenía ninguna prisa en irme.


Cogimos el autobús de vuelta a Pristina enfrente de donde nos había dejado a la ida aunque tuvimos que esperar 15 largos minutos hasta que pasara. Como la comida había sido muy copiosa, para cenar nos conformamos con una mazorca que venden en uno de tantos puestos callejeros y un crepe en otro puesto callejero. El ambiente en el centro de Pristina era estupendo y la temperatura ideal. Terminamos el día echándonos una cerveza Peja en el patio del hostal mientras repasábamos lo que nos esperaba al día siguiente. Había sido un buen día.