Bueno, pues un año más que elegimos Suiza como destino vacacional, ya sabéis porqué este país nos robó el corazón. El flechazo fue instantáneo desde la primera vez que pusimos un pie en Suiza, y debe ser amor verdadero porque ya van 5 años veraneando allí y no descarto para nada alguno más.
Es bonita, sus gentes son hospitalarias y educadas, en sus calles te podrías perder durante horas, y sin querer queriendo te vas enamorando del país, y como solo pasas por allí un par de semanas, no te da tiempo a ver las cosas negativas. Que oye, las tiene.
Me fastidia no poder comer un menú en un restaurante ni poder subir a la Jungfrau, ambas cosas por sus prohibitivos precios, pero disfrutamos de otra Suiza: la del bocadillo y los senderos, la de las calles adoquinadas, la de los lagos cristalizados y atardeceres en las montañas. Eso, y la comodidad que nos ofrecen Ernst y María año tras año, hace que planear el verano hasta el momento sea pensar en suizo. Y dicho sea de paso, que algún año tambien nos pegamos un capricho....veréis, veréis...
Pues lo dicho, salimos de Gandía, furgo cargadita de víveres, primera noche reglamentaria en Llinars con la familia y al día siguiente kilómetros y kilómetros que cada año se nos hacen más cortos hasta llegar a casi última hora de la tarde al lago de Neuchâtel, desconocido para nosotros hasta ahora...
¿Por qué este y no otro lugar? Pues bien, en Suiza el tema de pernoctar fuera de campings está entre complicado e imposible, y aquí encontramos un área de pernocta ideal. Está en el mismo puerto del lago, tiene zona de playa que por cierto estaba hasta arriba de suizos (turismo más bien poco), barbacoas, merenderos, baños, duchas....y todo por 10 chf.- la noche. Ideal, vamos.
Este lago, ofrece zona recreativa, con barcas de pedales, puestos de helados y refrescos, restaurante e incluso un pequeño supermercado. Pero nada masificado, había mucha gente pero no era agobiante, de hecho el parking estaba practicamente vacío, la mayoría de la gente eran vecinos de la zona que pasaban allí la tarde, porque con 32 grados de temperatura que teníamos bien se agradecía un bañito en el lago.
El lago de Neuchâtel es el más grande de los que se sitúan en territorio plenamente suizo, y una curiosidad: investigadores descubrieron a más de cien metros de profundidad, cráteres submarinos producidos por actividades sísmicas.
Allí pasamos lo que quedaba de tarde, nos mojamos los pies, hicimos fotos, paseamos por el puerto, cenamos unos bocadillos en los merenderos y finalmente montamos el campamento en la furgo y nos dispusimos a pasar una noche que estuvo pasada por agua y por fuertes tormentas eléctricas.
Es bonita, sus gentes son hospitalarias y educadas, en sus calles te podrías perder durante horas, y sin querer queriendo te vas enamorando del país, y como solo pasas por allí un par de semanas, no te da tiempo a ver las cosas negativas. Que oye, las tiene.
Me fastidia no poder comer un menú en un restaurante ni poder subir a la Jungfrau, ambas cosas por sus prohibitivos precios, pero disfrutamos de otra Suiza: la del bocadillo y los senderos, la de las calles adoquinadas, la de los lagos cristalizados y atardeceres en las montañas. Eso, y la comodidad que nos ofrecen Ernst y María año tras año, hace que planear el verano hasta el momento sea pensar en suizo. Y dicho sea de paso, que algún año tambien nos pegamos un capricho....veréis, veréis...
Pues lo dicho, salimos de Gandía, furgo cargadita de víveres, primera noche reglamentaria en Llinars con la familia y al día siguiente kilómetros y kilómetros que cada año se nos hacen más cortos hasta llegar a casi última hora de la tarde al lago de Neuchâtel, desconocido para nosotros hasta ahora...
¿Por qué este y no otro lugar? Pues bien, en Suiza el tema de pernoctar fuera de campings está entre complicado e imposible, y aquí encontramos un área de pernocta ideal. Está en el mismo puerto del lago, tiene zona de playa que por cierto estaba hasta arriba de suizos (turismo más bien poco), barbacoas, merenderos, baños, duchas....y todo por 10 chf.- la noche. Ideal, vamos.
Este lago, ofrece zona recreativa, con barcas de pedales, puestos de helados y refrescos, restaurante e incluso un pequeño supermercado. Pero nada masificado, había mucha gente pero no era agobiante, de hecho el parking estaba practicamente vacío, la mayoría de la gente eran vecinos de la zona que pasaban allí la tarde, porque con 32 grados de temperatura que teníamos bien se agradecía un bañito en el lago.
El lago de Neuchâtel es el más grande de los que se sitúan en territorio plenamente suizo, y una curiosidad: investigadores descubrieron a más de cien metros de profundidad, cráteres submarinos producidos por actividades sísmicas.
Allí pasamos lo que quedaba de tarde, nos mojamos los pies, hicimos fotos, paseamos por el puerto, cenamos unos bocadillos en los merenderos y finalmente montamos el campamento en la furgo y nos dispusimos a pasar una noche que estuvo pasada por agua y por fuertes tormentas eléctricas.
