Martes 13 de Agosto:
Para este día teníamos previsto visitar la costa oeste de la isla, Kona. Esta es la parte más soleada de la isla de la Big Island y cuenta con playas blancas con palmeras y numerosos lugares para hacer snorkel. El camino desde Pahoa es largo, más de dos horas de coche, y otro tanto para volver, así que este día nos iba a tocar pasar un buen rato en el coche otra vez.
Lo primero que visitamos fue el Pu'uhonua O Hōnaunau National Historical Park, un parque nacional hawaiano pero de contenido histórico más que nacional. Se trata de una zona arqueológica que contiene varias casas tradicionales de una aldea indígena, las típicas casa de tejado de paja y un pequeño recinto amurallado. La verdad es que el entorno es idílico, junto al mar, palmeras... la típica estampa hawaiana.

La visita se hace por tu cuenta siguiente un plano-guía que te dan con la entrada y se ve en una hora y media o así. La visita nos gustó mucho, y hay algunos lugares muy fotogénicos.


La siguiente parada la hicimos en Kealakekua Bay. La tarde del día anterior, como estaba lloviendo y no pudimos hacer gran cosa, estuvimos buscando sitios para hacer sknorkel, y ésta era una de las que teníamos apuntadas. También los dueños del B&B nos la habían recomendado, por lo que allí nos planatamos. En esta zona se encuentra también el monumento al capitán Cook, ya que murió en esta bahía. Cuando llegamos vimos que no estaba el día para mucho snorkel... había mucho oleaje, y la playa no era de arena, si no de piedras bastante grandes, por lo que lo vimos peligroso y nos fuimos.
Comimos en un bar en la ciudad de Kealakekua, ya muy cerca de Kailua-kona, la ciudad principal de la zona. Era el típico bar de deportes y comida tipo hamburguesas, sandwiches, aritos de cebolla, etc. y de allí nos dirigimos a Kahalu’u Beach Park, otra de las playas recomendadas para hacer snorkel. Aquí si que estuvimos un rato y lo pudimos practicar. La playa tiene un pequeño arrecife sumergido, no se ve desde fuera. Esto complica la entrada y salida del agua, ya que hay una zona con piedras resbaladizas, pero lo bueno es que cuando lo pasas puedes bucear a gusto y sí, vimos muchos peces de colores. Nos gustó mucho también el rato que echamos aquí.
Un poco más adelante encontramos una playa llamada Magic Sands Beach Park. La arena de esta playa es muy blanca, y tiene la particularidad de que desparece durante el invierno o principios de la primavera debido a las corrientes y las tormentas, lo que deja las rocas expuestas a la erosión. Lo malo es que es una zona donde hay muchas corrientes y el oleaje es fuerte, y eso ha ocasionado numerosos accidentes de gente que ha sido empujada contra las rocas que sobresalen en la arena. Pudimos probar en persona la fuerza de las olas aquí, tremenda. Estuvimos un rato también bañándonos y tomando el sol y cuando quedaba ya poco para atardecer nos fuimos a la ciudad de Kailua-Kona.

La ciudad es la principal población de la costa oeste, donde se concentran la mayoría de los servicios. Hay muchas tiendas, restaurantes, empresas de excursiones y actividades de deporte y aventura... Dimos una vuelta y pasamos por delante del Palacio de Hulihee, residencia de verano de la monarquía Hawaiana. Hoy es un museo en el que se exhiben artefactos de la era victoriana pertenecientes al rey Kalakaua y a la reina Kapiolani. El resto de la ciudad tiene poco de interés, pero era la hora del atardecer y la luz le sentaba muy bien.

Al fondo del muelle se veían luces y se oía música y nos acercamos. Era un espectáculo folclórico hawaiano en un hotel. Estaba cerrado, suponemos que sólo accesible para clientes, pero desde lejos aún pudimos ver un poco y escuchar las canciones. Después el espectáculo fuimos a cenar a un italiano que encontramos, con terraza al lado del mar, nuestra última cena en Hawaii y en las vacaciones...
La vuelta a Pahoa fue algo estresante. Cuando salíamos de Kona se puso a llover, al principio poco pero en seguida se puso a diluviar, tan fuerte que no veía la carretera, y encima era de noche. Estuve a punto de parar en el arcén por seguridad, pero cuando iba a hacerlo escampó un poco y seguimos adelante. La vuelta la hicimos cruzando al isla por el centro, entre el Mauna Kea y el Mauna Loa. Aquí la altitud es mucho mayor y el paisaje cambia radicalmente, es todo árido, casi lunar. Nos llamó la atención que en el desvío donde sale la carretera que sube al Mauna Kea había un montón de coches aparcados y gente de acampada y grandes farolas que lo iluminaban todo. Parecía una película apocalíptica.
A partir de aquí la carretera ya iba de bajada pero en cierto momento entró una niebla que no se veía nada, había que ir con mucho cuidado, porque aunque no había mucho tráfico algo sí que había.
Llegamos al B&B tarde. El camino se hizo muy pesado entre la noche, la lluvia y la niebla, pero lo conseguimos sin ningún percance. Nos acostamos directamente porque no era plan de ponerse a esas horas a hacer las maletas. Al día siguiente teníamos el vuelo de vuelta a Vancouver pero salía sobre las 4 de la tarde, así que teníamos tiempo por la mañana.



