El día antes del circuito lo habíamos previsto para ir a Eyup y San Salvador de Chora. Y allá que nos encaminamos. Gracias al foro sabíamos dónde coger el barco para Eyup. Lo que no conocíamos es que no paraba en Eyup, sino enfrente y que había que cruzar un puente sobre el Cuerno de Oro como el Gálata pero sin restaurantes abajo. Venían unos cuantos españoles en el barco, (Estambul está lleno de españoles, más que japoneses lo que ya es decir), y entre todos llegamos hasta la mezquita. Creo que es la mejor fórmula para llegar hasta allí. Desde donde deja el barco hasta la mezquita no hay más de un cuarto de hora puente incluido. Y el barco no tiene atascos.

S. Esteban de los Búlgaros desde el barco a Eyup
Eyup es mas la religiosidad que emite que el continente de la mezquita. Incluso tuve ocasión de fotografiar a una familia celebrando la circuncisión del niño que venía especialmente vestido para la ocasión.

Niño celebrando la circuncisión
Por otra parte el turismo ha llegado a los alrededores con muchas calles con comercios y sitios donde comer. Desde Eyup pensábamos irnos directamente a S. Salvador de Chora pero nos topamos con el funicular a Pierre Loti y nos dijimos, “ya que está aquí pues lo cogemos”. Y arriba que nos fuimos. No nos arrepentimos. Más que por el café que no es nada del otro mundo por las vistas y sobre todo porque eso nos dio la posibilidad de bajar andando a través de las tumbas de un mastodóntico cementerio y con vistas extraordinarias del Cuerno de Oro hasta Eyup.

Vistas del Cuerno de Oro desde Pierre Loti
Desde allí tomamos un taxi hasta S. Salvador de Chora. De nuevo sin problemas y también 9 liras. Esto si que merece la pena. Extraordinarios los mosaicos bizantinos. Realmente sorprendente. Que nadie se vaya de Estambul sin pasar por aquí.

Uno de los mosaicos de S. Salvador de Chora
Además comimos al lado del Museo, (hicimos lo necesario para que la hora de comer nos pillara allí), en Asitane, los platos mejor confeccionados de todos los que probamos y mira que estuvimos en lugares estupendos. La verdad es que se puede comer en Estambul de forma extraordinaria por cantidades que trasladadas a lugares similares en España serían prohibitivas. Exactamente 104 liras los dos en Asitane y con comida completa, dos entrantes, dos platos fuertes, bebidas y postre. Eso sí, sin vino.
Después de comer intentamos encontrar la mezquita de Fathiye pero nos resultó imposible. Nadie la conocía y por más que teníamos la calle y un plano no fuimos capaces. Ha sido el único sitio en Estambul que no hemos logrado encontrar. Cabreados y cansados cogimos un taxi y nos fuimos al hotel. Tras descansar un rato, nos marchamos hacia Eminönü porque teníamos pendiente la mezquita de Rüstem Pasa. A pesar de estar un poco escondida esta sí que la encontramos enseguida preguntando una sola vez. Curioso eso de entrar por un portal. No te imaginas lo que te vas a encontrar al subir las escaleras. También es de los sitios que merecen la pena. Callejeamos Mezquita Nueva hacia arriba hasta llegar casi a Bayezid. Y como teníamos reservada mesa en el Amedros allí nos fuimos. Estaba hasta la bandera. Menos mal que habíamos reservado. Una vez más muy bien y muy recomendable. Solo una advertencia. Las raciones son muy generosas por lo que dos entrantes y un plato fuerte se convierten en dos platos fuertes y abundantes. Al final no podíamos terminar. Como veréis al aspecto culinario lo hemos cuidado bastante. Y después de cenar al hotel que al día siguiente teníamos que levantarnos de madrugada para iniciar el circuito por Anatolia.