Tras desayunar opíparamente en el alojamiento, disfrutar de la belleza de la finca y hasta llevarnos unos kiwis recién cogidos por nosotros mismos, nos preparamos para un segundo día de caminata y vuelta a Madrid.
Comenzamos visitando Arenas de San Pedro, pues quedaba de camino hacia nuestra nueva ruta: el Sendero de las Cinco Villas.

Luego, cogimos el coche y nos dirigimos a Mombeltrán. Allí dimos una vuelta por sus calles y fotografiamos su castillo, tras lo que comenzamos el pateo.

La ruta es circular y se puede iniciar en cualquiera de las cinco poblaciones del valle, simplemente nos decidimos por Mombeltrán por ser el pueblo más grande. Nos dirigimos hacia Santa Cruz del Valle, y la única pega que le veo a nuestra elección es que así tuvimos que superar la gran subida que hay, para remontar dicho valle, ya que justo empezamos en el pueblo más bajo. Eso sí, claro, las vistas, geniales:

Tuvimos suerte y en estos pueblos estaban justo montando aún la decoración de Navidad y fue bonito ver a los vecinos colaborando entre sí en cada villa. Además, compartían una característica común y es que todo era hecho a mano y con materiales reciclados, eso sí, a simple vista no lo parecía y de lejos sólo se intuía la originalidad de los elementos. Tengo que decir que quedaba bonito y nada cutre como quizá haya quién pueda pensar.
Proseguimos camino hasta San Esteban del Valle y allí paramos a comer el bocata en la plaza del pueblo. Al ser puente y hacer sol y buena temperatura, estaba lleno de gente y había buen ambiente.
Todo el camino estaba plagado de olivos dispuesto en terrazas, de hecho, nos enteramos de que en la zona hay un museo del aceite que no pudimos visitar por falta de tiempo.

También nos encontramos mucha vid y todo ello conformaba un paisaje totalmente recomendable.
Continuamos hasta Villarejo del Valle, pueblo que aún conserva muchas casas típicas y que nos pareció bonito para dar una vuelta, y terminamos ya en Cuevas del Valle, último pueblo en altura antes de bajar de nuevo al valle donde se encuentra Mombeltrán.

Tras 17,28 km. de caminata, nos tomamos un merecido cafetito en el bar frente al castillo donde compramos un décimo de lotería del que posteriormente nos tocó la pedrea, y de ahí, aunque sin saber que con un pedacito de suerte en nuestras manos, volvimos a Madrid encantados con la zona.