Bangkok
El día 30 de Diciembre de 2008, tomo un avión de Thai Airways en Madrid con dirección Bangkok. El día 31 de Diciembre llego a Bangkok a las 6 de la mañana y tras coger mi maleta, tomo el bus que lleva del aeropuerto al centro de la ciudad. Hace mucho calor para ser tan pronto... Bajo en Khao San Road y tras buscar un hostel (D&D Inn, 12$ habitación pero una muy recomendable piscina en el tejado), ducha rápida y a desayunar. A la salida del hostel hay varios restaurantes con mesas al aire libre donde sirven todo tipo de comida rápida, desde hamburguesas hasta ensaladas de frutas o yogurt- Ésta es mi primera comida en Tailandia, que empezar con Pad Thai a las 8 am da miedito:

Khao San Road es un auténtico hervidero de turistas. Cuando salgo a la calle principal, me llama la atención la cantidad de mochileros que deambulan por la calle. Algunos tienen pinta de llevar siglos allí, llevan el pelo largo, la ropa raída y un andar bastante arrastrado:

Dedico el dia a pasear por la zona y hacer las primeras compras, tarjeta de teléfono internacional para las cabinas amarillas (abundantes por todo el país, sobre todo en las grandes ciudades), productos de higiene básica, algo de ropa más ligera... Por la noche, ya al calor de la Nochevieja, quedo con un amigo que conocí a través de este foro y nos dejamos llevar por el espíritu de la fiesta (Al fondo arriba se ve el letrero del D&D):

Al dia siguiente, me dedico a buscar y recorrer el MBK pero de resaca, comprendo que no es el mejor momento, además de que las aglomeraciones no son lo mío y vuelvo prontito al hostel para descansar en la piscina:

El siguiente día, ya en mejores condiciones, visito los 3 grandes templos de Bangkok. El recinto del Palacio Real y el Wat Phra Kaeo es inmenso:

Tardo unas dos horas en recorrerlo entero. Está lleno de fieles que rezan y visitan los diferentes templos del complejo. El siguiente templo es el Wat Pho, el templo que contiene la enorme estatua del buda reclinado:

Pero el que más me gusta es el que visito al final del día al otro lado del río: El Wat Arun. Este templo, con sus pagodas de piedras es el que más me llama la atencion, quizás por ser el más diferente de todos en su estilo arquitectónico. La piedra tallada domina los espacios, a diferencia de la piedra lacada en oro de los otros complejos:

Una última foto desde lo alto de la pagoda. Bangkok tiene esa extraña y maravillosa mezcla de tradición y modernidad en su skycraper (No recuerdo la palabra en castellano).

Ayuthayya
El cuarto día decido que ya es hora de moverse de Bangkok. Me dirijo a la estación de tren con mi mochilón y allí compro un billete de tren para Ayuthayya. Compro el más barato de todos a sabiendas de que puede ser una experiencia desastrosa pero quedan muchos días por delante y no me sobra el dinero. Mi billete: 15 baths, unos 30 céntimos de euro...

Al final tengo suerte y consigo asiento pero conforme vamos pasando las estaciones, la gente se va amontonando por los vagones, escolares, trabajadores, familias con niños...
A mi llegada a la estación de Ayuthayya, decido dejar mi mochilón en consigna para ver mejor las ruinas de la antigua capital de Tailandia. Le pregunto en inglés a una turista si conoce su ubicación y al rato de iniciar la conversación, me invita a visitar Ayuthayya con ella y su amigo y viajar después con ellos a Chiang Mai. Así es como conozco a Jana, de Serbia y a Lazarous, de Grecia.

Pasamos un día muy divertido visitando la ciudad. Las ruinas no me resultan llamativas pero el buen tiempo de este país se agradece tanto que todo se disfruta el doble (Había salido de Donosti en el preludio de dos grandes nevadas). Acudiendo un poco a la historia antigua, nos enteramos de que fue fundada en 1350 por el rey Ramathibodi I y durante 400 años ostentó la capitalidad del antiguo reino de Siam (la actual Tailandia).

Dedicamos toda la mañana a recorrer las ruinas y después comemos en un puesto a lado de uno de los grandes templos donde tantas personas rezan a diario. La comida, al igual que en cualquier parte de Tailandia, como más tarde comprobaría, es simplemente deliciosa.
Tras el almuerzo, visita a unos templos y vuelta de paseo a la ciudad, donde cenamos en uno de los restaurantes que quedan en la rivera del río Chao Phraya. La tarde es cálida pero hay una brisilla muy agradable. Es increíble que estemos en Enero...

Después de cenar, tren nocturno a Chiang Mai. Este tren está genial, se viaja en vagones de bastantes personas pero cada cama tiene su cortinita para tener cierta intimidad. Descubro que estoy agotada y duermo de tirón. Yo voy en un tren anterior al de Jana y Lazarous porque no quedaban camas libres en el de su hora, así que al llegar a Chiang Mai decido buscar un hostel para mí y esperarles.
Chiang Mai
Tengo la suerte de encontrar sitio en un hostel genial, el SK II hostel:


La variedad y abundancia de alojamientos en Chiang Mai es increíble, en cada esquina te encuentras uno y la mayoría tienen muchas comodidades como piscina,

cable, agencia de viajes...

Cuando llegan Jana y Lazarous, no vamos de templos y a comer por ahí. Por la tarde, confundo los botes de jabón y de crema hidratante y me quemo el ojo izquierdo, así que me marcho a mi hostel a desinfectarme y descansar. Aunque tengo concertada una excursión con ellos al día siguiente, me veo obligada a cancelarla y quedarme todo el día siguiente en Chiang Mai sin hacer nada. A la mañana siguiente ya un poco mejor, decido visitar el templo de la montaña, el Wat Phrathat Doi Suthep, en las afueras de Chiang Mai:

El templo es bellísimo. Se encuentra al final de una larga escalinata formada por dos serpientes. Como es muy pronto por la mañana, está casi vacío y puedo visitarlo tranquilay con la luz de la mañana, lo que mi ojo agradece.

Dedico toda la mañana a visitarlo y cuando bajo al pueblo ya es hora de comer, asi que busco algún restaurante donde pueda sentarme a descansar un poco de la luz del sol y proteger mi ojito convaleciente. Encuentro un pequeño local israelí de comida tradicional y decido no almorzar tailandés ese día:

La carta es deliciosa, esta cocina es fascinante, como todas las que proceden de culturas milenarias, en este caso, la judía. Falafel, pan de pita... La boca se me hace agua!

Esa tarde quedo con Jana y Lazarous que han vuelto del trekking y nos vamos a tomar unas cervezas de despedida. Al día siguiente, ellos se bajan a Koh Tao y yo tengo el trekking por la selva donde me esperan más aventuras.
Al día siguiente, conozco a Claudia y a Moni, dos chicas suizas que están en el mismo hostel que yo y que esperan también el coche que nos recoja para llevarnos a la selva.

En el coche, hay dos parejas de italianos y otros tres holandeses. Es entonces cuando conozco a Bas. Hacemos muy buenas migas y como los dos viajamos solos, nos emparejan todo el tiempo:

La experiencia de la selva es súper recomendable. En realidad, no es nada dura, yo creo que hasta una mujer embarazada podría hacerla sin problemas. Se para cada poco tiempo y el camino, que está recorrido por un sendero, es realmente sencillo de realizar. Además, paramos en unas cascadas para darnos un baño. Aquí, los cuatro chapoteando:

El camino es tipo gymkana con obstáculos como pasar por troncos y cosas así, por eso no se hace nada monótono sino muy divertido:

Llegamos a nuestro destino por la tarde:

Un pequeño campamento de casitas de madera que me recuerda a los campamentos de verano cuando era pequeña por las montañas de Gipuzkoa...

La velada fue una auténtica delicia, conversamos de nuestros trabajos, de nuestras vidas, de los viajes... Bas y Claudia, relajados después de una buena cena:

El alojamiento no es un cinco estrellas pero en esos momentos no lo cambiaba por nada. Eso sí, pasamos un poco de frío, se nota que es la temporada seca:

Al día siguiente, después de un buen desayuno, nos ponemos en camino en el jeep, directos a dar un paseo en elefante. Pasamos toda la mañana riendo aunque hay momentos en los que lo paso realmente mal, sobre todo cuesta abajo, cuando parece que el elefante se va a caer rodando pero pese a lo que parezca, los elefantes son animales bastante ágiles y todo acaba sin mayores problemas:

El paisaje es precioso...

Vamos dando de comer a los elefantes durante el paseo, qué listos y zalameros son! Se me cae la baba...

Esa noche, ya de vuelta en Chiang Mai, unos cuantos nos vamos a ver un combate de Muay Thai, con posterior espectáculo de Lady Boys al final. Ambos resultan curiosos de ver. Los que se pelean son casi unos niños y hay diferentes modalidades para divertir al turista como el combate con venda en los ojos a tres bandas:
El show de Lady Boys me recuerda a los programas que echaban en la tele cuando era pequeña de Norma Duval, mucha pluma y playback horrible pero nos reímos un montón.
Esa noche cuando volvemos al hotel, me despido de las chicas. Moni y Claudia se van a Koh Tao a la playa también y yo decido proseguir la aventura con Bas, hacia Pai, al norte de Tailandia.
Pai es un pueblecito situado en la parte más septentrional del país, en la zona montañosa. El camino, subiendo por varios puertos, es una belleza:

Es un pueblo en el que abundan los turistas. Está lleno de tienditas de souvenirs y cajeros pero el ambiente que allí se respira es muy diferente al ambiente turístico de zonas como las playas del sur, por ejemplo.

Los tailandeses que viven allí tienen el pelo largo y rastas en el pelo y todos son fanáticos de la música reggae lo que le da al lugar un tinte bastante bohemio. Además, Pai tiene un famoso puentecito de bambú para acceder al otro lado del río, a la zona donde se encuentran los hostels tipo bungalow.

Este puente y las casas del otro lado del río, forman un pintoresco paisaje.

Esa noche, nos quedamos en un hostel rodeado de un vergel, con bungalows salpicando el entorno. Por la noche, salimos a cenar y a tomar algo y conocemos a mucha más gente. Los bares en Pai tienen todos hogueras alrededor de las que te puedes sentar a beber un bucket (cubo de plástico en el que te sirven tu copa). Pasamos la noche entre australianos, estadounidenses, alemanes, canadienses... Todos son viajeros muy jóvenes, algunos llevan más de un año viajando sin volver a casa. Siento envidia de no haber nacido en otro país en el que la gente se eche la mochila al hombro desde tan joven pero me alegro de estar viviendo unas experiencias tan bonitas.
Al día siguiente, Bas y yo decidimos que ya es hora de levantar el campamento y ponernos rumbo a Laos. Pensamos que la mejor forma de cruzar la frontera es por tierra, contratando en Pai unas excursión que te lleva en van hasta la frontera. Como se llega de madrugada, incluye un hostel donde dormir unas horas hasta que abren la aduana. Así que nos ponemos en camino esa misma tarde.