Después de desayunar fuimos a los bajos de la estación de Perrache. En unas máquinas compramos un par de billetes de 24 horas para los transportes que nos costaron 6,20 euros cada uno. Cogemos el tranvía 1 y vamos hasta la estación de Part Dieu Auditorium. Part Dieu es el distrito financiero de la ciudad y es donde se concentran algunos rascacielos. Uno de ellos es la Tour Incity, el edificio más alto de Lyon y el tercero de Francia con 202 metros.
Mucho más curioso (y justo donde nos bajamos) es la Tour Part Dieu, con forma de lápiz gordo de color marrón. Tiene 45 plantas y mide 165 metros. Fue completado en 1977 y se mantiene actualmente como la novena construcción más alta de Francia. Alberga oficinas y un hotel Radisson. Justo al lado se encuentra un edificio bajo que hace funciones de auditorio. Enfrente hay una extraña fuente con unos surtidores que parecen estar hechos de hormigón.

Damos una vuelta por el barrio hasta llegar a Les Halles, un mercado cubierto de cubierto de 13.500 m2 que se construyó en 1971 y que hoy se dedica a Paul Bocuse, famoso chef ya fallecido, ganador de 3 estrellas Michelin. Vemos una foto suya en el cristal exterior. Bocuse visitaba este mercado habitualmente. Las paradas del mercado están muy bien dispuestas y todo tiene muy buena pinta.
Toda esa zona está en obras. Tanto es así que se nos hace complicado ir andando hasta la parada siguiente, que es la de la estación de trenes. Y como ya hemos comprado el billete de 24 horas, aprovechamos que viene el tranvía para cogerlo. Una vez allí encontramos un ascensor que nos bajó hasta los andenes.
Cogemos el metro y vamos en la línea azul hasta Saxe Gambetta. Allí hacemos transbordo hasta la línea verde hasta Monplaisir Lumière. Con este nombre está claro que hará referencia a los hermanos Lumière. De hecho, no tardamos en ver una especie de enorme fuente-monumento que les han dedicado.
Encontramos un pequeño mercado de comida. Justo enfrente está la Villa Lumière, que forma parte del Instituto del mismo nombre. El Instituto Lumière es una institución académica francesa con sede en Lyon, que fue creada en 1982 por Bernard y Maurice Chardère Trarieux-Light, el nieto de Louis Lumière, presidente de la asociación de los hermanos Lumière y administrador de la sucesión Lumière. El Instituto consta de un museo, un centro de proyección y edición. La casa era impresionante aunque solo la vimos desde el exterior.

Los hermanos Lumière son los famosos inventores del cinematógrafo. El museo Lumière está ubicado en una casa que Antoine Lumière, padre de los inventores del cinematógrafo, había construido en 1899 en la plaza de Montplaisir, cerca de las instalaciones de la empresa "Antoine Lumière y su hijo " (donde se filmó la famosa primera película " La sortie des ouvriers des usines Lumière à Lyon Monplaisir" (Salida de los obreros de la fábrica Lumière en Lyon Monplaisir), que se proyectó por primera vez el 22 de marzo de 1895. De hecho, al otro lado de los pequeños jardines (abiertos al público) hay un edificio que era donde estaba la fábrica mencionada. Este edificio, conocido como Hangar du Premier-Film, ofrece sesiones de cine diarias.
Volvemos a coger el metro para ir a la última parada de la línea naranja, Cuire. Esta línea parece un funicular. Es un metro muy pequeño, con asientos acolchados, que salva los enormes desniveles del barrio de Croix-Rousse. En este barrio era donde se instalaban todos los tejedores de seda. Tenía el sobrenombre de " el cerro que trabaja" en contraposición a Fourvière, que era el "cerro que reza".
Hoy en día el barrio se ha convertido en un lugar tranquilo, no tan turístico como Vieux Lyon. Las casas de los tejedores se han reformado y son viviendas bohemias. Aquí hay tiendas pero como pueden ser las de cualquier barrio obrero de cualquier ciudad y los restaurantes o cafeterías no están pensados para turistas. También se ha instalado un mercado ambulante pero más caro que el otro.
Visitamos la Maison des Canuts (2 euros por persona). Nos dan unas hojas con explicaciones en español. Se organizan también distintas visitas guiadas que explican la historia de los tejedores, hacen demostraciones o relacionan los traboules del barrio con la Resistencia en época nazi.
La Maison des Canuts fue creada en 1970 por COOPTISS, una cooperativa de tejidos en una casa del siglo XIX. Incluye una tienda donde venden productos de seda.
Podemos ver los telares y se nos habla de Jacquard. Hijo de un maestro artesano en seda brocada, desarrolló el telar que lleva su nombre que funcionaba con unas tarjetas perforadas. De esta forma, un solo trabajador puede operar el telar sin la ayuda de un tirador (trabajo generalmente realizado por una mujer).
Los canuts, sometidos a duras condiciones laborales (trabajaban dieciocho horas diarias), se rebelaron en numerosas ocasiones. Su primera revuelta, en noviembre de 1831, se considera una de las primeras revueltas obreras. Ocuparon Lyon con gritos de: "¡Vive libre trabajando o muere luchando! ". El rey Luis Felipe envió 20.000 soldados y 150 cañones para reprimir el motín.
El 14 de febrero de 1834 los canuts se rebelan de nuevo, ocupando algunas zonas de Lyon, y se enfrentan a 12.000 soldados durante seis días, aprovechando los traboules, pasajes oscuros que permiten ir de una calle a otra en a través de edificios.
Una tercera insurrección tuvo lugar en 1848, en el momento de la proclamación de la Segunda República. Estaba dirigida por la sociedad obrera de los “ Voraces ”. La República permite que las sociedades obreras salgan de la clandestinidad al autorizar asociaciones de tipo mutualista o cooperativo.
Los mismos Voraces encabezaron una cuarta insurrección en 1849, haciéndose eco del levantamiento de los republicanos parisinos. Fue reprimido violentamente.
Vemos los hilos que se usaban así como un vídeo que nos explica de dónde surge la seda.
En la casa de un canut vivía la familia, que solía colaborar en los trabajos, así como los empleados, que dormían y comían en casa de su empleador. En el lado de la ventana están los comercios, mientras que en el rincón más oscuro se instala una buhardilla (entrepiso). La parte superior alberga el dormitorio y la parte inferior sirve como cocina. En el techo, grandes vigas de roble permiten fijar firmemente el imponente telar. Las ventanas altas dejan entrar la luz. En un rincón, a menudo había un pájaro en una jaula. Su buena salud garantizaba la ausencia de gases tóxicos.
En Croix-Rousse se encuentra el peculiar Jardín Rosa Mir, creado a mediados del siglo XX por el español Jules Senis en honor a su madre. Se trata de una apacible zona ajardinada inspirada (más o menos) en Gaudí. Está compuesto por un conjunto de columnas y pórticos adornados con miles de conchas, rocas volcánicas y caracoles en medio de una densa vegetación. Con una superficie de unos 400 metros cuadrados, el jardín es accesible a través del número 87 de la calle Grande Rue de la Croix-Rousse. Eso sí, con un horario muy restringido.
Aquí también se encuentra "Le mur des Canuts", considerado el fresco más grande de Europa, con unas dimensiones de alrededor de 1.200 m2. El mural retrata escenas cotidianas del barrio con todo lujo de detalles. En 1987 se pintó un mural en la parte trasera de un edificio que no tenía el menor encanto. Supongo que la idea gustó mucho porque en 1997 se pintó nuevamente. El que vemos ahora data de 2013.

Ya nos marchábamos cuando nos encontramos con la iglesia de Saint Denis, en la Rue Jacques-Louis Hénon. Fue construida por los trabajadores que trabajan en las fábricas de tejidos de seda y ampliado con el tiempo (después de 1830). Por dentro es bastante bonita.
Aunque la tarde anterior ya habíamos visitado un poco el Viejo Lyon, volvemos de día para verlo mejor.
Se puede empezar el recorrido en la parada de metro de Vieux Lyon, cerca de la Avenida Adolphe Max. Allí encontramos el Palacio Saint Jean, el centro diocesano y tiendas.
El Palacio Saint Jean es el antiguo palacio episcopal. Tiene una fachada de estilo gótico que da al río y un patio con dos pórtico monumentales (que no vemos). Lo mandó construir el cardenal Carlos de Borbón a finales del siglo XV y fue reformado en los siglos XVIII y XIX. Actualmente allí está la biblioteca.
Caminamos unos metros y llegamos a la Plaza de Saint Jean, la más antigua de la ciudad. Como ya habíamos visto la noche anterior, hay una fuente. Data de 1844 y es obra de Dardel, arquitecto de la ciudad y autor de la Cámara de comercio. Tiene aspecto de pequeño templete neorrenacentista. Hay cuatro pilas de piedra y se representa el bautismo de Cristo. Desde allí, si levantamos un poquito la vista, podemos ver perfectamente la Basílica de Fourvière.
El edificio más importante de la plaza es la Catedral primada de San Juan Bautista. Se construyó entre 1170 hasta el siglo XV. Es por eso que encontramos varios estilos. El ábside y el coro son románicos y el transepto y la nave son góticos. Precisamente el ábside, del siglo XII, es la parte más antigua de la catedral.
La fachada es muy curiosa. Data de los siglos XIV y XV y es del llamado estilo gótico del norte. Lo más llamativo son sus 300 bajorrelieves del siglo XV. En el siglo XVI, el barón de Adrets, calvinista, destruyó todas las estatuas de santos en los nichos de la fachada y de todos los ángeles de los tres portales. Lo más raro quizás sean las torres, que parece que se hubieran quedado a medio hacer.
Del interior lo más destacado es la Capilla de los Borbones, obra maestra del gótico flamígero de finales del XV y principios del XVI. Las vidrieras son del siglo XIII y el coro es del siglo XII.
Alberga un reloj astronómico que ya estaba documentado en el siglo XIV. Ha sudo reataurado muchas veces y ahora tiene aspecto barroco. Tiene autómatas (un ángel que dal a vuelta a un reloj de arena y un gallo que canta tres veces) y un calendario anual. Indica la posición de la luna, del sol y de la Tierra, así como la posición de las constelaciones sobre la ciudad de Lyon. Hay que considerar, sin embargo, que producto de las teorías imperantes en el momento del diseño de este reloj, el modelo seguido es el geocéntrico, es decir el que considera que es el sol el que gira alrededor de la tierra. Aunque se acostumbra a poder ver en funcionamiento, en nuestra visita estaba en mantenimiento y no funcionaba. Es muy bonito, eso sí.
En 1245 el Papa Inocencio IV convocó en esta catedral el primer concilio ecuménico lyonés que sirvió para excomulgar al emperador Federico II Barbarroja. En 1274 se celebró el segundo, que pretendía la reunificación de las iglesias latina y griega (algo que nunca se consiguió). Clemente V y Juan XXII fueron consagrados aquí a principios del siglo XIV. Finalmente, y no menos importante, en esta catedral se casaron en el 1600 Enrique IV y María de Médicis.
A la derecha de la catedral está la Manécanterie, la Escuela coral de la Catedral. Es el edificio más antiguo del barrio viejo. Se construyó en el siglo XI y presenta una mezcla de estilos románico y gótico. Sirvió como refectorio de los canónigos de Saint Jean. Luego fue la casa de los cantantes de Saint Jean (de ahí deriva su nombre).
La calle más importante del Vieux Lyon es la de Saint Jean, que conecta la plaza Saint Jean con la de Change. Vale la pena recorrerla y detenerse a ver no solo las tiendas sino sus edificios, muchos de ellos de estilo renacentista. De hecho ese estilo abunda en el barrio, aunque a veces nos pasen desapercibidos.
En el número 37 nos detenemos a ver la llamada Casa del Chamarier. El "chamarier" era el intendente de finanzas del obispado. Supervisaba la seguridad, la justicia y los caminos. Era una especie como de jefe de policía que tenía a su mando a 12 agentes. Tenía las llaves de las puertas de la ciudad. La casa se construyó en el siglo XIV por los dignatarios del capítulo, entre ellos el canónigo François d'Estaign. Es una mezcla de gótico flamígero y renacentista. Un cordón de piedra rodea la fachada. Parece ser que en esa casa se alojó Madame de Sevigné.
Cerca está el Jardín arqueológico, en la calle Mandelot. Aquí están los restos de la antigua sede episcopal (que tenía tres iglesias). Se pueden ver algunos restos.
En la calle de las Tres Marías podemos encontrar muchas casas antiguas. Al lado está la Plaza de la Ballena. El nombre viene por un letrero con la forma de ese animal o quizás por un fragmento de esqueleto de ballena que se encontró por aquí. En la plaza hay muchos locales para comer algo.
En la Plaza del Gobierno encontramos un edificio del siglo XV que fue posada hasta 1826.
Volvemos a la Rue Saint Jean. En el número 9 encontramos un edificio de 1516 de transición entre el gótico flamígero y el renacimiento.
Una de las casas más antiguas de Lyon es la que se encuentra en el número 2 de la Place du Change. Se llama Casa Thomassin y sus cimientos datan de 1298. La fachada fue reconstruida en 1493 en estilo gótico por petición de Claude Thomassin (de quien tomó el nombre), uno de los hombres más importantes de Lyon de su tiempo, rico comerciante. De la casa del siglo XIII apenas si queda una sala con los techos pintados con los escudos de San Luis y de la familia Fuers, propietarios en aquel momento. En el primer piso hay un friso con decoración de los signos del zodíaco. En el segundo piso se pueden ver los escudos del Dauphin (el pez), Carlos VIII (la flor de lis) y Ana de Bretaña (el armiño). El último piso data del siglo XIX.
La Place du Change ya era un lugar de intercambios comerciales y cambio de moneda en el siglo XIII. Allí era donde se celebraban las ferias.
La primera Logia de cambio se construyó en 1653. En el piso más bajo era donde se practicaba el comercio y se instalaban los cambistas. El edificio fue ampliado a mediados del siglo XVIII. En lo más alto hay dos relojes que enmarcan el escudo de armas del rey. También puede verse un cicloscopio, que es un cuadrante único en el mundo. En 1803 se convirtió en templo. En 1938 las cuatro iglesias protestantes de Lyon se unieron en una sola, la Iglesia reformada de Francia.
La Rue Lainerie tiene edificios muy bonitos. Casi oculta por un restaurante indio, vale la pena detenerse a ver la Casa Claude Debourg, de 1516. Este señor, su propietario, era un importante magistrado cuyo escudo de armas puede verse en la puerta. Que esté inclinado a la izquierda parece que quiere decir que la familia participó en las cruzadas. Su fachada es de estilo gótico flamígero.
La iglesia de Saint Paul tiene su origen en una construcción del 549. Se reconstruyó en los siglos XI y XII y la torre campanario en el siglo XIII. Con posterioridad se han ido haciendo muchas modificaciones.
Interesante es también detenerse a ver la Casa de Henri IV, aunque solo queda de la casa de origen una parte. En el siglo XIX se destruyó parcialmente para construir el funicular. Recibe su nombre por un busto del siglo XIX del rey Enrique IV que está en el primer piso. El rey se alojó aquí así como también lo hizo antes Francisco I. La casa pertenecía a un juez del siglo XVI.
Otra de las calles interesantes del Vieux Lyon es la de la Juverie, llamada así porque era donde vivían los judíos entre los siglos XIII y XIV. Acogía los mercados de ganado. En el siglo XV dejó de hacerse allí el mercado y la calle se convirtió en una de las más ricas de la ciudad. Allí vivían los nobles y ricos comerciantes. En tiempos de Carlos VIII se realizaban torneos. Es por eso que encontramos preciosos ejemplos de casas renacentistas. Una de las mejores es la del número 8, casa Bullioud. En el interior se encuentra la galería construida por Philippe de l'Orne. Se trata de una conexión entre dos edificios mediante galerías y patios. Conserva el pozo. En Francia, un traboule o una traboule es un pasaje que atraviesa los patios interiores de uno o de varios edificios, permitiendo así pasar de una calle a otra cruzando el interior de la manzana. En el Vieux Lyon hay muchos. Podemos ver algunos (algunas puertas están completamente cerradas y otras simplemente debemos empujarlas) pero siempre teniendo en cuenta que allí vive gente. Éste es uno de los más luminosos y elegantes pero hay de todo.

En Lyon hay cerca de 500 callejones. Se sitúan mayoritariamente en los barrios del Viejo Lyon (215 patios y traboules censados), de la Croix-Rousse (163 patios y traboules censados en las cuestas) y de la Presqu'île (130 patios y traboules). Los callejones del Viejo Lyon datan del Renacimiento. Fueron construidos siguiendo el modelo del patio romano, con sus galerías y el pozo en el patio.
En el n.º 16 de la rue du Boeuf se puede ver el “traboule de la Tour Rose”, todo un símbolo de la historia del Vieux-Lyon. En este edificio el rey Enrique IV de Francia se alojó durante su boda con María de Médici en 1600. Es uno de los edificios más bonitos del centro.
En la Croix-Rousse, los callejones son más recientes a partir de la construcción de edificios de trabajadores de la seda. Estos caminos permitían a los obreros y artesanos llevar sábanas y otras piezas de tela (en su mayoría de seda) a través de la ciudad quedándose refugiadas en caso de lluvia.
También permiten, desde las "pendientes" atravesar rápidamente la Presqu'île en línea recta, a través de atajos.
En el 20 de la Rue Juiverie está la Casa de Etienne Grolier, duque de Orléans. La casa es de 1493. En 1576 la compró un comerciante italiano, Pierre Duxio.
En el 23 está la Casa de los leones o Dugas, del siglo XVII. Es uno de los palacios más bonitos de la ciudad. Se llama así por las quinde cabezas de leones talladas.
Nos paramos para comer en un bouchon llamado Vieux Lyon. Los platos eran caseros. Nos decantamos (y no sé si fue una buena elección) por el menú típico. Estaba muy bien cocinado, eso sí. Comemos ensalada lyionesse y saussicion brioché con ensalada a la mostaza antigua (de primero; para compartir), andioullitte con callos por dentro y quenelle de segundo y fromage blanch con crema fresca y tarte con praliné ( compartir). 19,90 por persona.
Cogemos después el funicular. A la colina de Fourvière se puede ir en el funicular o subiendo por la empinada cuesta de Gourguillon (la vía más antigua) o algunas otras calles, igualmente empinadas. Sinceramente creo que lo mejor, sobre todo si tienes comprada la tarjeta de 24 horas, es ir en el funicular.
En el año 43 A.C. las tropas romanas se asentaron en la colina de Fourvière. En lo alto se ubica la basílica neobizantina de Notre Dame, ocupando un antiguo emplazamiento romano y construida por los lioneses durante la guerra de 1870. Es, sin duda, uno de los lugares más visitados de la ciudad.
Nada más salir del funicular ya vemos la impresionante estampa del edificio y la cantidad de turistas que hay.
Los romanos fundaron la ciudad de Lugdunum en la cima de la colina. La parte frontal de la basílica es el lugar donde se encontraba el antiguo foro de Ciudad de Foro Vetus, que dio nombre al distrito de Fourvière. Parte de este foro se derrumbó en el siglo IX a causa de un gran deslizamiento de tierra. La basílica actual se construyó sobre el antiguo foro de la ciudad romana.

En 1643 se construyó en ese mismo sitio una pequeña iglesia en honor a la Virgen, quien supuestamente salvó entonces a la ciudad de una plaga. También se le atribuyó a su intercesión en la retirada de las tropas prusianas en la Guerra Franco-prusiana, que, triunfantes después de haber tomado París, se dirigían hacia Lyon. Había tanto que agradecer que fue por eso que empezó a construirse un edificio mayor. No se terminó del todo hasta 1964. Esa iglesia del siglo XVII no fue la primera. En realidad parece que ya en el siglo XII había aquí un pequeño templo (relacionado con apariciones marianas). Era una iglesia muy modesta dedicada a la Virgen María y al recientemente canonizado Tomás de Canterbury. Fue destruida en las guerras de religión y reconstruida más tarde.
La basílica fue construida con fondos privados entre 1870 y 1896. Es obra de los arquitectos Bossan y Sainte-Marie Perrin. Se inspira en el arte románico y bizantino. De hecho, esta última referencia puede verse en la cantidad de mosaicos que hay en el interior y que son, seguramente, una de las cosas más impresionantes del edificio.
Hacía mucha falta hacerla. La vieja iglesia estaba en estado ruinoso. En 1830 se demolió la torre y diez años después fue sustituida la estatua renacentista de madera policromada de la Virgen María, que la adornaba, por una nueva y colosal escultura de bronce, bañada en pan de oro, de Jose Fabisch, de 5 metros de altura y 3 toneladas de peso.
El 8 de diciembre –día de la Inmaculada– de 1852 se inauguró el nuevo campanario con su nueva estatua y ésta quedó flanqueada, aquella noche, por cuatro antorchas que le debieron dar un brillo milagroso sobre el panorama de la ciudad. Los lioneses, impresionados, homenajearon a la Virgen llenando sus balcones de velas de colores, y desde entonces, cada 8 de diciembre, se repite la tradición, que ha dado lugar al Fête des Lumières o Festival de las Luces de Lyon, la fiesta más famosa de la ciudad.
La basílica de Fourvière es el emblema de Lyon. Su estampa se ve casi desde todas partes. La cabecera, la parte más vista de la iglesia por ser la que se asoma a la parte baja de la ciudad, está coronada por una escultura monumental de San Miguel venciendo al Dragón.
La nave principal está flanqueada por cuatro altas torres, que simbolizan las cuatro virtudes cardinales. Miden 48 metros de altura. La Prudencia y la Templanza se orientan hacia la ciudad; la Fuerza y la Justicia dan a la plaza.
Como decía, son los mosaicos del interior lo más espectacular del conjunto. El pan de oro se ve por todas partes, las columnas están construidas en mármol de Carrara... La nave de Fourvière contrasta con la sobriedad del interior de la catedral de Saint Jean. Es patrimonio de la Humanidad igual que el Vieux Lyon. El interior de la Basílica de Notre-Dame de Fourvière está formado por dos iglesias superpuestas. La iglesia alta está presidida por tres cúpulas e iluminada por seis vidrieras que aportan luz destacando una rica decoración. Los materiales utilizados para la construcción y la decoración compiten en calidad y belleza, mármol blanco de Carrara, granito rosa del norte de Italia, mármol azul de Saboya, ónix verde, virutas de plata y oro, bodas. ébano y marfil. La iglesia alta está sostenida por 16 columnas.
En las paredes laterales, seis paneles de mosaico de 50 metros cuadrados, de Charles Lameire y Georges Décote, ilustran a la izquierda la relación de María con la Iglesia y a la derecha, la relación de María con Francia.
Las vidrieras también hacen alusión a la Virgen.
El altar representa a María rompiendo las cadenas de Adán y Eva para librarlos del infierno. Está presidido por una gran estatua de la Virgen, con el Niño en brazos y a la que coronan unos ángeles.
Una escalera de mármol rojo conecta la iglesia alta con la iglesia baja. La construyó Sainte-Marie Perrin y está presidida por una estatua de la Sabiduría.
La iglesia inferior no tiene la espectacularidad de la iglesia alta pero es enorme. Es lo que nosotros entenderíamos como una cripta. Está dedicada a San José y se diseñó para ser la entrada de los peregrinos, que debían ir de la oscuridad de la cripta (representada por san José, pobre) a la luz de la iglesia, representada por la Virgen.
La estatua del altar representa a san José con el Niño en brazos. Pero justo debajo se encuentra esculpida su muerte (una representación que, creo yo, no se ha tratado mucho en el mundo del arte). En el suelo, bajo la estatua, hay un mosaico de los siete pecados capitales. Y es que toda la basílica se concibió como una representación del Bien contra el Mal.
La cripta alberga once estatuas de la Virgen de santuarios de todo el mundo. Podemos ver Nuestra Señora de la Aparecida de Brasil, Nuestra Señora de Fátima de Portugal, la Virgen de Czestochowa de Polonia, Nuestra Señora de la Salud de Velankanni de la India (con un sari indio), Nuestra Señora de las lágrimas de Sangre (húngara), la Virgen de Loreto (Italia), Notre Dame de la Naval de Manila, Nuestra Señora del Líbano, Nuestra Señora de China (monísima), Nuestra Señora de África y la Virgen de Guadalupe de México. Pero, además, hay un apartado (que es lo primero que vimos) dedicado al apóstol Santiago.
Se puede visitar también la Capilla de la Virgen, fundada en 1174, demolida parcialmente en 1562 durante las Guerras de Religión, luego reconstruida. Desde finales del siglo XVII, las paredes se cubrieron con exvotos pintados sobre lienzo.
En el exterior hay unos barracones donde se han instalado unos lavabos. También hay una pequeña maqueta de la ciudad y, desde luego, unas vistas magníficas.
Al lado está la Tour métallique (torre de telecomunicaciones réplica de la Torre Eiffel).
Es posible bajar andando desde la basílica hasta el conjunto romano. Pero para pasearnos un poco, bajamos en el funicular y cogimos el otro, que deja justo delante.
Se puede acceder gratis a las ruinas romanas de Lugdunum. Y no se trata de cuatro piedras caídas, ni mucho menos. Son edificios impresionantes.
Lo primero que vimos es el Odeón. Un odeón era un edificio que se utilizaba en la Antigua Grecia y posteriormente en la Roma clásica para los acontecimientos musicales, que podían consistir tanto en las propias representaciones musicales como canto, poesía o teatro. En algunos casos, también servían como lugares de reunión política y judicial. En ese caso se llamaba Bouleuterión. Normalmente eran pequeños y estaban total o parcialmente cubiertos.
El de Lyon fue construido a finales del siglo I o principios del siglo II y podía acomodar hasta 3.000 espectadores. Se situaba en lo que se llamaba la llanura de los Minimes (nombre de la parada del funicular). Aprovechaba la pendiente de la colina para instalar las gradas. Por encima hay restos de una calle donde había tiendas y seguramente también unas letrinas.
El hemiciclo del edificio tiene un diámetro exterior de 73 metros, lo que lo convierte en uno de los mayores monumentos de este tipo en el imperio romano.
El teatro, uno de los más antiguos de la Galia, fue construido en el 15 a.C. y reconstruido por Adriano (117-138 d.C.). Tenía capacidad para unos 10.000 espectadores. Las excavaciones completadas en 1945 mostraron que lo que se creía que era un anfiteatro era en realidad un teatro completo.

El diseño original del Gran Teatro abarcaba 89 metros de diámetro y tenía dos niveles con cada nivel con capacidad para 4.500 miembros de la audiencia. Tanto una pasarela cubierta superior como una pasarela inferior se convirtieron más tarde para crear un tercer y cuarto nivel de asientos, con una capacidad para 10.000 personas.
A finales del siglo III o principios del siglo IV la ciudad romana se fue abandonando para instalarse en el llano, junto al Saona. Las ruinas del teatro y del odeón fueron explotadas como cantera de sillería para las grandes construcciones del siglo XII, la catedral, los puentes sobre el Saona y el Ródano. Los mármoles y la piedra caliza se destinaron preferentemente a la catedral. A final de la Edad media aquí se instaló un viñedo.
Al lado está el Museo de la Civilización Galorromana, que no pudimos visitar.
Volvemos a coger el funicular para bajar de nuevo a le Vieux Lyon. Una vez allí nos dirigimos a la Plaza Bellecour y desde allí bajamos hasta el Ródano. Lo atravesamos por uno de sus puentes de piedra.
Desde la otra orilla podemos ver la enorme estampa del Hotel Dieu. Este gigantesco edificio se fundó en el siglo XII. Fue administrado por los hermanos pontífices, los monjes de Hautecombe y los monjes de Chassagne-en-Bresse sucesivamente. En 1478 fue vendido a la ciudad de Lyon. Entre el siglo XVIII y XIX se construyó la enorme cúpula. Hoy en día es un hotel de 5 estrellas.
En origen era la Confrérie des frères pontifes, lugar de encuentro pontificio y refugio del clero pero también de viajeros. En 1454 se contrató al primer médico, Maître Martin Conras. Entonces el edificio se convirtió en hospital, uno de los más importantes de Francia.
En 1532 ejerció aquí François Rabelais, antiguo monje reconvertido en médico y humanista. Escribió aquí Gargantúa y Pantagruel.
En el siglo XVII fue ampliado por Guillaume Ducellet por orden de Luis XIII y Richelieu. En el siglo XVIII volvió a ampliarse por orden de Luis XIV. Era tan grande que llegaba hasta la Plaza Bellecour, donde ahora está la Oficina de correos.
Dejó de funcionar como hospital en 2010.
Seguimos nuestro paseo por la ciudad para acercarnos al gran parque de la Tête d'Or, uno de los más grandes de Francia. La parada de metro más cerca es Masséna.
Ocupa un total de 105 hectáreas. Fue construido en el año 1856 por los hermanos Eugène y Denis Bühler, que tardaron más de cinco años en acabarlo. La idea fue del alcade de Lyon de aquel tiempo, que logró convencer al consejo municipal que la gente de la ciudad necesitaba un gran lugar de ocio, al igual que los parisinos, que tenían ya varios parques.
El parque está lleno de flores y árboles y hay muchísima gente. Tiene nada más y nada menos que siete entradas. En total hay 350 rosaledas, 8.800 árboles, un jardín botánico con visitas comentadas de forma gratuita, un jardín zoológico con varias especies de animales, varias zonas de paseos y algunas cafeterías.
El lago es artificial. Hay una zona de recuperación de tortugas (aunque, las pobres, tienen que sufrir que adolescentes les escupan encima o que algunos niños o no tan niños las molesten con palos). Pero quizás lo más curioso sea ver gamos o tres jirafas.
El parque es enorme y no pudimos recorrerlo entero. Hay un trenecito que te pasea pero a esas horas de la tarde ya había terminado su horario. He visto que hay cocodrilos, leones y tigres (y todo gratis).
Su curioso nombre proviene de una antigua leyenda que cuenta que en este parque hay una cabeza de oro en el fondo de su bonito lago.