Amanecemos en Mestre. Nos levantamos pronto puesto que tenemos por delante un día completito.
Como vamos bien de tiempo (el día anterior pudimos recorrer buena parte del planning que llevábamos) pudimos añadir algunos puntos que teníamos en la recámara.
La primera parada del día es el Mercado de Rialto. Es un mercado de básicamente pescado fresco y hortalizas. Nos gustó mucho verlo ya que se veía básicamente a gente local comprando y estaba muy tranquilo a primera hora.

A continuación, cruzamos el puente de Rialto que nos había quedado pendiente el día anterior en dirección al Sestiere de San Polo, donde nos perdimos por sus calles. Es uno de los mejores recuerdos que guardo de Venecia. Nos perdimos por sus callejuelas, puentes... para mí tiene un encanto especial. Además había bastantes tiendas artesanas preciosas donde pudimos realizar algunas compras a precios más asequibles que en el sestiere San Marco.


Repusimos fuerzas en un café en el Campo San Polo antes de nuestra siguiente parada, un tour "familiar" de dos horas realizando una búsqueda del tesoro por las calles adyacentes al Campo de Santa Maria Formosa. Como comenté en la etapa anterior decidimos apostar por actividades que pudieran motivar a nuestros hijos, adaptadas a sus gustos. Fue todo un acierto, la guía local que nos atendió era un encanto y supo captar la atención de nuestros peques. Además pudimos charlar con ella y comentar mil detalles del día a día en Venecia, nos llevamos un grato recuerdo. Lo contratamos con una empresa local, Macaco Tours.
Una vez finalizada la actividad, nos dimos prisa para llegar a la Fondamenta Nove, ya que teníamos otra actividad contratada en Murano e íbamos un poco justos de tiempo.
Comimos 'on the go' una pizza al taglio en la misma Fondamenta Nove, esperando el Vaporetto que lleva a Murano. Teníamos pocas expectativas en dicha pizza, pero debo decir que estaba buena y ¡a un precio más que decente para ser Venecia!
Cogimos el Vaporetto en dirección Murano y en unos 15' ya estábamos allí. La siguiente parada era un taller artesano en el que trabajaban el cristal, llamado Ferro Toso, pues habíamos concertado una actividad chulísima para los niños (y los no tan niños
La actividad estuvo genial, a los peques les encantó, además dio la casualidad que estábamos solos en ese momento. Primero tuvieron que escoger qué pieza querían hacer con la murrina que ellos crearan (un imán, pulsera, collar, pendientes...) al final ambos escogieron un imán. Les dieron un recipiente lleno de piezas de murrina que tenían que colocar dentro de un aro como ellos quisieran. Finalmente, lo ponían en el horno y ¡voila! ¡te llevabas a casa tu propio recuerdo hecho por tí!

Mientras esperábamos que el imán se acabara de enfriar (unos 40') teníamos tiempo de dar una vuelta, y aprovechamos para entrar a una de las muchas demostraciones que hacen de cómo trabajan el cristal, justo al lado de Ferro Toso, no recuerdo el nombre. Era algo turístico, pero no deja de ser bonito. Pudimos ver como daban forma a varias piezas, si tenéis tiempo es recomendable y no es caro, en nuestro caso creo que pagamos 3€.

Dimos una vuelta y nos dirigimos al vaporetto que lleva a Burano. Todo eran tiendas de artículos de cristal. La verdad es que Murano aunque bonito me pareció muy turístico y comercial, al menos la parte que nosotros vimos.

Llegamos a la zona del Faro, que es donde se coge el vaporetto que lleva a la isla de Burano, íbamos un poco justos de tiempo, ya que el trayecto en vaporetto dura unos 50', pero no queríamos perdernos la isla de las casitas de colores.
Burano sí que me encantó! al llegar (como eran cerca de las 7 de la tarde) la mayoría de tiendas estaban cerrando y ya mucha gente iba de retirada. Esto hizo que pudiéramos pasear tranquilamente. Lo más típico de esta isla son sus casas de colores brillantes, son realmente bonitas. Según cuentan debido a la espesa niebla que suele haber en esta zona, los pescadores pintaban sus casas de colores para que fueran fácilmente reconocibles. Otra cosa que nos gustó es que puedes ver a mucha gente local, había grupos de vecinos sentados en corrillos, abuelitas haciendo encaje de bolillos (típico de la zona).

Estuvimos sobre una hora y media paseando, aprovechamos para tomar nuestro helado diario en una heladería a punto de cerrar y volvimos sobre nuestros pasos para tomar el vaporetto a Venecia, nuestro tiempo en esta ciudad tocaba a su fin. Las vistas mientras atardecía fueron el broche perfecto para despedirnos de la ciudad. En mi opinión parece que Venecia esté pensada para contemplarse des del agua y la visión es totalmente diferente.
Finalmente, después de un trayecto que se nos hizo algo largo, (sobretodo a los pequeños de la casa, ya que casi siempre vas de pie en el transporte público) llegamos a Mestre. Tocaba cenar, descansar y prepararse pues al al día siguiente ¡entraríamos ya en Eslovenia!
Como conclusión a la etapa de Venecia, debo decir que aunque teníamos muchísima ilusión de visitar esta ciudad, tanto mi marido como yo pensábamos que nos íbamos a agobiar de tanta gente y tanto calor, pues no somos de aglomeraciones. Realmente hay MUCHO turismo, una pasada, lo nunca visto en ningún otro viaje (superando a Florencia). Pero al final no nos agobiamos para nada, la ciudad nos enamoró totalmente (aunque pueda parecer cursi la expresión
En nuestro caso, queda pendiente volver sí o sí y visitar todos los museos y monumentos que no hemos visto esta vez.