Tras el generoso y completo desayuno, con un par de manzanas en nuestro bolsillo y después de escuchar atentamente las explicaciones del abuelo del lugar, iniciamos nuestra etapa de hoy. Visitamos la pequeña población de Obertal y nos dirigimos hacía el lago Buhlbach. Por el camino nos encontramos a amables lugareños que nos preguntaban si podían ayudarnos y nos asistían en casos de duda del recorrido. Tras bajar del pequeño lago, nos adentramos en un bosque de cuento, de esos de las películas, mágico y tupido que te hace sentir rebien...

Luego recorrimos parte de la ruta del Westweg, un camino principal que atraviesa toda la Selva Negra por la parte oeste y finalmente llegamos a nuestro hotel, enmedio de la naturaleza, escondido tras su espléndido jardín mediterráneo, un hotel estilo francés. No pudimos resistirnos en bajar a la piscina y pasar un rato por la sala del silencio para relajarnos y luego pasear entre flores de colores y estanques por el exterior del hotel. La cena, magnífica, como casi siempre y el personal muy atento.
[align=center]
