12/7/22
Nuestro último desayuno en casa de Robert transcurre en medio de una nada fluida conversación con él en la que nos explica un poco su triste situación familiar, cosa que nos hace entender un poco su apatía y tristeza permanente.
Nos despedimos de él y nos ponemos en marcha con la firme intención de visitar una de las partes menos visitadas del PN Rocky Mountain, la zona de Wild Basin, a la que se accede desde la carretera 7, la que tenemos que coger en dirección sur para dirigirnos a Boulder. A los pocos kms de dejar Estes Park, nos detenemos a contemplar la pequeña capilla de Saint Catherine on the Rock, en la que no encontramos absolutamente a nadie. La verdad es que es muy pequeña, construida extrañamente en piedra (la mayoría de iglesias rurales son de madera), pero con unas vistas de fondo espectaculares, con las rocosas alzándose majestuosas al oeste.


Unos kms más adelante, encontramos en Allenstown el desvío que conduce a Wild Basin y nos detenemos a la entrada. No hay ninguna señal de rangers que controlen el acceso, y en el aparcamiento llegamos a la conclusión de que no vale la pena poner recursos en una zona tan poco visitada y con acceso sólo para vehículos todo terreno, como descubrimos “in situ”. Como nuestro coche apenas alcanza la categoría de SUV, decidimos no ponerlo en riesgo y nos olvidamos de visitar la zona, en la que teníamos alguna excursión prevista (Ouzel Falls). De esta manera, tendremos más tiempo en Boulder. Seguimos rumbo sur por la 72, adentrándonos en la carretera escénica llamada “Peak to Peak highway”, con unas vistas muy chulas por todo el recorrido hasta llegar a la población de Nederland. Aquí podríamos desviarnos al este para llegar directamente a Boulder, pero como tenemos más tiempo del previsto, seguimos más al sur, por la 119, atravesando la población de Black Hawk (llena de casinos, por cierto), para ahora sí, desviarnos al este y llegar hasta la población de Golden, hogar de la famosa cerveza Coors (desgraciadamente, sólo ofrecen los tours por la fábrica en fin de semana y no podremos visitarla), así como de la tumba de William F. Cody, “Buffalo Bill” para los amigos. La tumba y el museo correspondientes, se encuentran en lo alto de Lookout Mountain, con vistas a la planicie en la que se encuentra Golden y los barrios del este de Denver (www.buffalobill.org/).
Aparcamos y pagamos la entrada (10$) para acceder al museo, en el que se explica vida y milagros de este señor, conocido más por ser uno de los mayores cazadores de bisontes (casi los extingue él solito), que por sus otras cualidades y hazañas. Fundador de una empresa itinerante de espectáculos (rodeo, tiro…) que visitó casi todo el mundo mostrando la cultura india entre otras cosas. La visita nos gustó bastante, y al salir estuvimos un rato merodeando por la tienda de regalos, pero sin llegar a comprar nada. Acto seguido, subimos hacia el pequeño túmulo que sirve de (supuesta) tumba de Buffalo Bill. Parece ser que hay gente que pone en duda que realmente esté enterrado allí, como expresó en sus últimas voluntades…



Nos despedimos de Buffalo Bill y bajamos por la serpenteante carretera de Lookout Mountain hacia el centro de Golden para buscar algún sitio para comer, no sin antes intentar acercarnos a la fábrica de Coors (se ve desde cualquier punto de Golden), a ver si hay suerte y han ampliado el horario de visitas. No se alinean los astros a nuestro favor… (www.coorsbrewerytour.com/ ...ytour.com/).
Así pues, en camino hacia Denver, entramos a Anthony’s Pizza & Pasta (www.anthonyspizzaandpasta.com/ ...edium=Yext). Nada mal por el precio (28$) por un par de pizzas, ensalada y barra libre de refresco. Nos ponemos en movimiento hacia Boulder. Al ser pronto, en lugar de dirigirnos al alojamiento, pasamos primero a ver las Boulder Falls, situadas unos pocos kms a las afueras de la ciudad (bouldercolorado.gov/ ...lder-falls). Un corto sendero de apenas 200 metros lleva hasta la base de las bonitas cascadas, en la que hay bastante gente: algunos en remojo en el arroyo que baja, otros contemplándolas, y otros simplemente pasando la tarde leyendo un libro mientras escuchan el relajante sonido del salto de agua. Sacamos unas fotos, descansamos un rato y nos ponemos en marcha de nuevo.


Esta vez sí, nos dirigimos a casa de Mark, nuestro último anfitrión de este viaje. Al llegar, nos recibe su esposa, que parece no tener ni idea de que están esperando huéspedes, hasta que le decimos que no conocemos a Mark, sino que somos “los del Airbnb”. Nos muestra la habitación a la que se accede por la puerta trasera de la magnífica casa y nos instalamos. Extrañamente no hay aire acondicionado, así que ponemos un par de ventiladores en marcha a ver si bajamos un par de grados la temperatura que supera con creces los 25º. Nos ponemos en marcha otra vez, ahora con la intención de ir a lavar el coche antes de cenar, ya que tiene una capa de polvo más que importante después de tantos días. Encontramos un sitio para lavarlo en la carretera que baja de las Boulder Falls, y por 3$ lo dejamos más o menos decente. Al salir del lavadero, casi tenemos un accidente al meterme por error en el carril equivocado en una vía de doble sentido con una acera en medio que me despista. Por suerte no llegamos a recorrer más de 10 metros en dirección contraria y con retroceder los 10 metros viendo como se nos echan los coches encima es suficiente. El centro turístico y comercial de Boulder es Pearl Street (boulderdowntown.com/), con multitud de tiendas y restaurantes a lo largo de una bonita zona peatonal, en la que hoy se celebran conciertos. Aparcar es más fácil y barato de lo que pensábamos (1.25$), y con apenas un corto paseo de 5 minutos nos plantamos en el meollo de Pearl Street. Elegimos el restaurante Ash’kara (www.ashkaraboulder.com/). Cocina mediterránea en el corazón de las rocosas… No está nada mal, pero se paga la localización (50$). Después de cenar, un helado de Ben & Jerry, otro corto paseo y nos vamos a descansar. Mañana es nuestro último día completo en Colorado.
Distancia conducida: 235 kms.
Alojamiento: Beautiful Room (Airbnb). 2 noches sin desayuno. 120€.
13/7/22
Nos levantamos tempranito después de una noche de calor, y nos ponemos en marcha con la intención de buscar un Starbucks para desayunar. Antes de salir, nos topamos con Mark, nuestro anfitrión, al que aún no habíamos conocido, y charlamos un rato con él para conocernos un poco. Tras un poco de intercambio de información personal, nos indica algunos lugares para visitar, haciendo bastante énfasis en ir a ver la puesta de sol a un lugar llamado Lost Gulch. Tomamos nota y nos despedimos de él para dirigirnos al Starbucks, pero por el camino hacia el primero que nos marca Google Maps, vemos un local llamado “Flatiron Coffee” que tiene buena pinta y nos detenemos allí a tomar unos cafés con leche y unos bagels bastante decentes. Un pelín más caro que la gigantesca franquicia, pero con una calidad ligeramente superior.
Cogemos la autopista rumbo sur para entrar en Denver y antes de llegar al downtown, nos paramos a rellenar el depósito en una gasolinera Philips 66, una de las cadenas más baratas del país. Después de pagar los 50$ que nos cuesta llenar hasta arriba el depósito con la esperanza de no tener que volver a rellenar antes de entregar el coche, ponemos en Maps la dirección del Denver Museum of Nature and Science (www.dmns.org/), para pasar lo que queda de la mañana en las diferentes exhibiciones y colecciones de esqueletos, animales disecados… La visita con entrada al IMAX (en el que se exhibe la película “Dinosaurios en la Antártida”), nos cuesta 27$ por cabeza. Por lo menos hay aire acondicionado y se está bien en el interior del enorme museo, a pesar de encontrarse de visita lo que parece más de la mitad de los colegios del centro-oeste americano. Menuda barbaridad…



A la hora de comer, abandonamos el museo y ponemos dirección a nuestro querido “Old Spaghetti Factory” (www.osf.com/ ...inster-co/). Por apenas 38$, nos llenamos de una deliciosa pasta, ensalada, pan de la casa y helado. Listos para pasar la tarde. La idea es dar una vuelta por el Outlet de Denver para comprar ropa (www.premiumoutlets.com/ ...let/denver), aprovechando los excelentes precios que se encuentran en estas inmensas “ciudadelas” para comprar. En este aspecto, tenemos una pequeña decepción, puesto que desde nuestras últimas visitas a USA (2018 Oregon y 2019 New England), los precios han subido muchísimo. Además, en estos dos últimos viajes, los estados en que fuimos de compras eran “tax free”, con lo que los precios aún eran más irrisorios. En 2022, y en un estado caro como es Colorado, los precios son “normales” (aunque mucho menores que en España, por mucho Outlet que visites). Nos cuesta lo nuestro encontrar el inmenso outlet (una vez más gracias a Google maps), pero al final damos con el lugar. Tras deambular por varias tiendas, al final las compras no son ni mucho menos lo que esperábamos. Caemos en la tentación en Nike (por compromiso, a nosotros no nos gusta casi nada de allí), Levi’s (como no), Columbia (excelente relación calidad/precio para mi gusto) y Skechers. Apenas 150$ gastados en toda una tarde. Ni os cuento lo que nos habíamos gastado en 2018 y 2019…
Habiendo consultado la hora de la puesta de sol, nos encaminamos hacia Lost Gulch (bouldercolorado.gov/ ...h-overlook). La carretera de acceso se las trae, y el lugar está hasta los bordes de gente que han venido a lo mismo que nosotros, y a sacar fotos para Instagram. Esperamos un rato a que acabe de bajar el sol, pero la sensación de frío crece por momentos y no vamos muy abrigados, o sea que nos perdemos el final del espectáculo y nos dirigimos de nuevo a Pearl Street para cenar.

El local elegido hoy es “ND Street Bar” (www.ndstreetbar.com/ ...n/boulder/), en el que cenamos aceptablemente por 30$. De postre otro helado de Ben & Jerry y a casita a hacer la maleta. Mañana volamos de regreso a Londres…
Distancia conducida: 150 kms.
14/7/22
Al dejar la casa de Mark, no encontramos a nadie para despedirnos, o sea que nos vamos “a la francesa”. Con todo el equipaje ya en el coche, ponemos rumbo sur para dirigirnos al downtown de Denver y acabar de aprovechar las últimas horas disponibles. Paramos en Moe’s Broadway Bagels a desayunar por unos 20$ (obviamente unos bagels y café con leche).
Al llegar a la parte más céntrica de Denver, en la 15th Street con Arapahoe, logramos aparcar milagrosamente en un muy buen espacio (pagando 4$ por un par de horas, eso sí). A apenas una manzana de allí, se encuentra el 16th Street Mall, un paseo muy comercial con muchas tiendas de souvenirs y cafeterías a ambos lados del mismo, y por el que circulan constantemente tranvías urbanos. Entramos a alguna de las tiendas a curiosear y a tomar un café, más que nada para notar el aire acondicionado, pues el calor es bastante intenso en el centro de Denver. Al final del Mall se encuentra el Capitolio, con la característica señal en uno de los escalones de acceso, marcando el punto justo en que nos encontramos precisamente a 1 milla exacta sobre el nivel del mar. Por este motivo a Denver se la conoce como la “Mile High City”. En estos escalones nos encontramos con una pareja de españoles también de viaje (si no recuerdo mal, los únicos de todo el viaje), y hablamos unos minutos con ellos, antes de emprender regreso hacia donde tenemos el coche aparcado, no sea que se nos lo lleve la grúa por haber expirado nuestro período de aparcamiento y perdamos el vuelo…


Ahora sí, toca ya dirigirse a devolver el coche a Edwin. Hemos quedado con él en la misma estación de tren donde lo recogimos, pero cómo aún tenemos algo de tiempo, nos detenemos en un restaurante mexicano situado muy cerca de la estación para nuestra última comida en tierras estadounidenses. El local se llama “El Lucerito Jr.”, y pasa sin pena ni gloria por nuestra lista de restaurantes. Lo único a destacar, aparte de las molestas criaturas que no paran de correr arriba y abajo, es una mesa con 3 policías enormes saboreando las delicias del lugar. Saliendo del restaurante, paramos en una gasolinera Murphy Express para rellenar el depósito y devolverle el coche a Edwin tal como nos lo entregó y poco después aparcamos en la estación, donde apenas unos minutos después llega Edwin a recoger y comprobar que su automóvil se encuentra en perfectas condiciones. Breve charla con él acerca de su nueva paternidad, y al comprobar que le hemos rellenado el depósito totalmente, se ofrece a llevarnos a la terminal de salidas del aeropuerto. Por supuesto aceptamos la oferta, ahorrándonos así los 22$ de los billetes. Al llegar, nos despedimos de él y nos adentramos en la terminal de salidas para encarar los controles de seguridad, ya que no tenemos que facturar equipaje y tenemos el check in hecho. A Ester le registran la maleta de arriba abajo y finalmente se quedan con un bote de mermelada que pensaba que podría colar en cabina.
Nos gastamos los últimos dólares en efectivo que nos quedan en unas chucherías y nos dirigimos a la puerta de embarque con tiempo suficiente para pedir en el mostrador si nos pueden cambiar los asientos asignados previamente, puesto que nos han tocado separados. Me piden el nombre, y me dicen que ya me llamarán si consiguen algo. Al cabo de unos minutos, me llaman por megafonía y me dicen que han podido arreglarlo, entregándome las tarjetas de embarque en papel con nuestros nuevos asientos.
En menos de una hora, embarcamos dirección Londres! La salida del vuelo se retrasa cuando ya hemos embarcado, y nos tienen esperando en pista de despegue unas 2 horas, hasta que pase una tormenta eléctrica de proporciones bíblicas que se ha situado sobre el aeropuerto de Denver. Paciencia, no?
Distancia conducida: 77 Kms.
15/7/22
Pues con las mismas 2 horas de retraso, llegamos al aeropuerto de Heathrow cerca de mediodía del 15 de julio. Las colas de inmigración son eternas, y logramos salir de la terminal pasadas las 12.30. Pedimos un Uber y nos recoge en el túnel de salida en menos de 5 minutos. La carrera desde el aeropuerto hasta el apartamento que tenemos alquilado para esta noche, en el centro de Londres, muy cerca de la estación de Saint Pancras, nos cuesta 57€ y hora y pico de conducción que aprovechamos para echar una cabezadita que nos ayude un poco a superar el jet lag.

Llegamos a la casa de apartamentos llamada Studios 2 Let y nos registramos, pagando los 90€ de la reserva hecha con Booking. Dejamos el equipaje y salimos como locos a buscar algo para comer. Como ya sabréis, la comida en los vuelos no se distingue por su calidad ni por su cantidad… Afortunadamente, enfrente de los apartamentos hay un par de restaurantes hindúes y en la esquina un Pub llamado Crown & Anchor, al que entramos para pedir unos pasteles de carne y una ensalada. Buenos platos, pero caros: bienvenidos a Londres!
A pocas manzanas se encuentra el Grant Museum of Zoology, una fricada con un puñado de esqueletos y curiosidades anatómicas de diferentes especies, pero como los museos en Londres son gratuitos, le echamos un vistazo antes de poner rumbo (andando) a Camden Lock, a dar un vistazo a las tiendas variopintas del lugar así como a la fauna que frecuenta la zona. Unas pocas compras y el jet lag empieza a hacer mella en serio en nuestros cuerpos, así que nos sentamos a tomar unas bebidas en el “Honest Burgers Camden” (carísimas, no: lo siguiente), y ponernos en marcha bien “hidratados” hacia el apartamento para echarnos una siesta recuperadora antes de salir a cenar. Por el camino aprovechamos para comprar un adaptador para enchufes UK, ya que el apartamento no tiene entradas USB como teníamos a la ida (en el Ibis del aeropuerto, que lejos queda ya).
Después de descansar cuerpo y mente durante hora y pico, nos preparamos para ir a cenar, pero como estamos cansados, no nos rompemos mucho la cabeza y entramos al primer hindú de la calle de al lado, llamado “Taste of India”. Cenamos estupendamente por 35€ y volvemos a la habitación dispuestos a descansar toda la noche.
Sin embargo, no tenemos en cuenta que el sr. Murphy (el de la ley), debe ser inglés, pues al poco rato de estar en la habitación, empieza a sonar la alarma de incendio del edificio. Sólo faltaba eso. Bajamos a la estrecha recepción a ver qué pasa, y nos topamos con unos cuantos residentes más preguntándose lo mismo. No hay recepcionista ni nadie que pueda/sepa parar la alarma, que ha saltado a causa de unas chicas que estaban cocinándose la cena en la habitación y han hecho más humo del esperado… Tras varias llamadas al teléfono de contacto del recepcionista y viendo que la cosa va para largo, salimos a tomar unas pintas al Pub de la esquina, mientras se calma el tema. 10 eurazos más a sumar al Brexit.
Salimos medio zombies del Pub y subimos a la habitación. La alarma ha dejado de sonar y podremos descansar por fin.
16/7/22
Nuestro último día de vacaciones empieza tras recoger la habitación, hacer el check out y dejar el equipaje consignado en recepción hasta la hora de dirigirnos al aeropuerto. Es un día soleado y extremadamente caluroso para los británicos (unos 22ºC), y el recepcionista amablemente nos alerta de mantenernos hidratados en todo momento. Si supiera las temperaturas que ahora mismo hay en nuestro pueblo, se caería de culo, el pobre…
Acto seguido, nos encaminamos hacia el British Museum, buscando algún local para desayunar en la ruta. La cadena más habitual de lo que hemos visto en Londres, casi tan popular como los Starbucks en USA, se llama “Pret a Manger” (curioso que el nombre sea francés). Tienen repostería muy buena y un café aceptable. En uno de los locales de la cadena cercano a la entrada del British, nos paramos a reponer fuerzas con un par de croissants de chocolate para chuparse los dedos. Tras desayunar, acabamos de recorrer el corto camino que nos separa de una de las entradas del British y nos preparamos para pasar los controles de seguridad.

Evidentemente, con media mañana no da para casi nada en un museo de las dimensiones del British, pero como teníamos claro que queríamos volver a ver las salas egipcias y poca cosa más, tuvimos tiempo suficiente, incluso para comprar algún recuerdo para la familia.
Ahora sí que toca despedirse de las vacaciones, y volvemos andando al apartamento. Antes de recoger el equipaje de recepción, repetimos comida en el “Crown & Anchor”. Por supuesto, hoy toca Fish and Chips, para redondear la aventura británica de este año.
Recogemos el equipaje, nos despedimos del recepcionista y nos acercamos andando hacia la estación de Saint Pancras para coger los billetes de tren que nos llevarán hasta el aeropuerto de Luton (17€ cada uno). La estación, como siempre que la hemos pisado, bulle de actividad por todos lados. El trayecto hasta el aeropuerto de Luton es de casi una hora. El paso de controles de seguridad nos lleva incluso más tiempo.
Compramos unos Toblerone para mantener las tradiciones familiares, tomamos un café en Starbucks y comemos algo en otro “Pret a Manger” antes de embarcar en el avión que en apenas 3 horas nos dejará en Barcelona. Por suerte, cuando llegamos a Barcelona ya es casi de noche y la temperatura es soportable (cerca de 30ºC). Recogemos el coche y ponemos dirección a casa, para empezar a preparar la próxima. Algo nos ronda ya por la cabeza para verano de 2023…

