Hoy es nuestro último día en Bramberg am wildkogel, así que nos disponemos a hacer maletas y despedirnos de nuestro primer anfitrión. Y ponemos rumbo al lago konigssee, a unos 50 minutos de camino.
Este lago conocido como el lago del Rey tiene las aguas de un impresionante verde esmeralda, y se encuentra rodeado por altas montañas, lo cual, crea la sensación de estar dentro de un fiordo.
Justo antes de llegar al lago, aparcamos en el enorme aparcamiento que nos encontramos, y aunque se puede pagar por 1 o 3 horas, pagamos el billete del día entero (8€).
Caminamos hacia la izquierda, unos 7-8 minutos por una calle llena de tiendecitas de souvenirs y restaurantes, y al final de ella nos encontramos el lago de frente y 4 filas de personas esperando entrar en los 4 barcos que estaban operando. Y a la derecha, las taquillas.
En ellas, te venden dos tipos de billetes:
- Parada a mitad de camino, en Iglesia de St.Bartolomé 22€
- Parada al final del trayecto, en Salet 27,50€
Merece muchísimo la pena comprar el segundo ticket y llegar hasta Salet.
Justo antes de llegar a la capilla de St. Bartolomé, nos esperaba la primera sorpresa. El barquero paró el barco y …. tachan!! Abrió la puerta, sacó el fliscorno (una especie de trompeta) y empezó a tocar estrofas de una melodía. Entre una y otra estrofa hacía una pausa de unos segundos, y se podía escuchar el impresionante eco de fondo resonar hasta dos veces.
Curiosidad: Antiguamente, el barquero provocaba un eco séptuble en la pared con una pistola llena de pólvora negra, pero debido a que la pólvora negra es peligrosa, hoy en día se usa el fliscorno, que además es mucho más agradable.
Luego prosiguió hasta St.Bartolomé. Y aquí decidimos no parar, sino seguir hacia adelante y parar de vuelta si nos sobraba tiempo.
Una vez llegamos a Salet, nos bajamos y emprendimos la caminata de 20 minutos hasta el lago Obersee.
Cuando llegamos, nos quedamos extasiados contemplando semejante belleza.
Si Konigsee era bonito, este ayyyyy……sus aguas transparentes, sus altas montañas reflejadas en ellas, su intenso color azul turquesa, y por si fuera poco, una casita de madera con una pasarela, que terminaba de convertirlo en un auténtico lago de postal

Para los mas aventureros, desde allí, se puede caminar una hora más y llegar hasta la cascada Röthbach, que cae desde 400 metros de altura.
De vuelta al muelle de Salet, nos encontramos en el camino muchas vacas pastando, naturaleza pura!!
Cogimos el barco de regreso al muelle, y nos fuimos a comer al restaurante Gasthaus Echostuberl, que está en la ribera derecha del lago (15 minutos andando desde las taquillas). De precio lo normal, platos a 17-20€, comida típica alemana y con unas magníficas vistas al lago que quitan el hipo.

Desde su terraza, se puede divisar la Kehlsteinhaus, la casa de Hitler, también llamada Nido del águila, y hay un telescopio para poder observarla de cerca.
En el lado opuesto del lago, se encuentra el mirador Malerwinkel, con hermosas vistas sobre el lago Konigssee, a unos 20 minutos andando desde las taquillas.
Creemos que la visita a Konigssee merece un día entero. Pero si te sobra tiempo y ganas de seguir, a pocos minutos en coche se encuentra Berchtesgaden, pueblo famoso por sus minas de sal.
Este maravilloso día termina, y ponemos rumbo hacia nuestro segundo alojamiento, en Abtenau. A descansar, que mañana la aventura continúa...