Salimos por última vez de Seget Donji y tomamos la autopista hasta Brela. Allí la Adria Magistrale hasta Drvenik. Todo el camino es impresionante ya que la carretera va por unos enormes acantilados con pinares que caen al mar. Una vez en Drvenik, 1 hora de espera para cruzar a Hvar.
La entrada a la isla de Hvar es por el puerto de Sucuraj y una vez allí tenemos que ir hasta la ciudad de Hvar.

La carretera es infernal, estrecha con muchas curvas, sin arcén, mal firme... 77 kmts que parecen 500. Una vez en la ciudad buscamos la sobe (habitación) que habíamos reservado al señor Vladimir, quien está al quite de todo el que pase por la calle porque tiene una habitación libre. Nos recibe con agua fresquita y un vino de su cosecha (prosek).
La isla está inundada de italianos. Al anochecer damos un paseo y la ciudad es preciosa, ha merecido la pena la carretera. Esta llena de monumentos de la época veneciana, de callejones, escaleras, plazas, una fortaleza...
Paramos para cenar y tomamos pasticada (guiso de carne que es una especialidad de Dalmacia) y pasta con scampi, de nuevo exquisito, pero se nota que los precios son más caros.