Al día siguiente por la mañana, antes de abandonar el campamento, dimos un paseo a pie de una hora aproximadamente por la finca en la que se encuentra, viendo algo de vegetación típica, como las acacias, y algunos termiteros.

Tras este paseo, cogimos las mochilas y nos fuimos al embarcadero, ya que íbamos a iniciar un paseo en barca por los canales del delta.

Aves vimos algunas al vuelo, imposible fotografiar puesto que el ruido del motor las espanta, pero el paisaje es precioso, con los papiros y las acacias. Eso sí, cuando pasamos en la lancha cerca de la vegetación hay que protegerse. La navegación sigue un recorrido laberíntico, por unos canales más anchos y otros bastante estrechos.

En cuanto a otros animales, vemos un varano y varios cocodrilos.

Al final casi del recorrido vemos un pigargo vocinglero o águila pescadora africana.

Después de casi dos horas, llegamos a la isla de Seronga, que a la hora acordada atravesaremos en camioneta. Tomamos un tentempié mientras que se hace la hora y algunos optan por ir a ver el colegio que hay a poca distancia de donde esperamos, ya que esta isla está habitada.
Atravesando la isla vemos algunos poblados y las casas típicas en las que vive la gente.

Al cabo de 45 minutos más o menos, nos bajamos de la camioneta, puesto que íbamos a realizar el paseo en mokoro, que es la canoa tradicional para desplazarse por las aguas de los canales del delta del Okavango. Se presentaron los diferentes mokoreros y elegimos cada uno al que nos pareció. En cada mokoro íbamos a ir sentados dos personas más el mokorero detrás de pie. Para sentarse estaban los respaldos y asientos de una silla, pero sin las patas.

Empezamos a desplazarnos suavemente por las aguas del canal comenzando un paseo de lo más relajante y tranquilo, contemplando simplemente el paisaje. De vez en cuando se veía algún animal en zona de tierra a lo lejos, como búfalos y algún elefante.

Después de unos 40 minutos nos bajamos del mokoro al llegar a la isla donde íbamos a tener el campamento durante una noche. Este campamento ya iba a ser más austero. Dentro de las tiendas íbamos a dormir en la funda nórdica que habíamos utilizado en el salar de Makgadikgadi y luego había una caseta habilitada como baño seco, o sea, de los que tienen el agujero en el suelo, y otra caseta como ducha, con un recipiente en el que habían llenado agua del delta para bañarse. Me parece que nadie lo usó. Se podía solicitar que calentaran el agua. Dieron algunas instrucciones básicas de seguridad, como por ejemplo no alejarse del campamento y por la noche, en caso de salir para hacer las necesidades, pues hacerlo con la linterna y en caso de ser necesario soltar aguas, se podía hacer detrás de la tienda de campaña en caso de no querer ir hasta la caseta del baño.
Comimos en sillas puestas en un círculo interior a las tiendas de campaña y tuvimos también un buen rato de sobremesa.
Por la tarde, antes de que fuera a atardecer, nos subimos de nuevo a los mokoros con nuestros correspondientes mokoreros, para dar un paseo de nuevo por los canales del delta hasta llegar a una zona llamada “hippo pool” o piscina de los hipopótamos.
Por la tarde, antes de que fuera a atardecer, nos subimos de nuevo a los mokoros con nuestros correspondientes mokoreros, para dar un paseo de nuevo por los canales del delta hasta llegar a una zona llamada “hippo pool” o piscina de los hipopótamos.

Al llegar a esa zona nos aproximamos lo máximo posible que fuera prudente y estuvimos observando varios grupos de hipopótamos que estaban inmersos en sus actividades habituales, o sea, sumergiéndose en el agua y saliendo a la superficie a continuación. Es una de esas situaciones en las que te quedas mirando atentamente a la par que hay una sensación de tensión, puesto que estás cerca de unos animales, en su mismo medio, que son conocidos por producir el mayor número de muertes de humanos en África.

Después de estar allí un ratillo mirando y tratando de hacer fotos, iniciamos el regreso a la isla campamento, no sin antes parar en un punto para observar otro bello atardecer. Eso sí, no podían haber elegido mejor sitio para pararse que junto a unas plantas acuáticas que estaban llenas de arañas pequeñillas.

Llegamos prácticamente un instante antes de hacerse de noche al campamento y cenamos al cabo de un rato. El guía español había mencionado que en otros viajes en esa isla el equipo de mokoreros, cocineros, etc..., solía hacer alguna representación de alguna costumbre del país, o cantar alguna canción típica, y que el grupo de viajeros españoles solía hacer algo similar, o sea simplemente para pasar un rato por la noche. Este día sin embargo parece que no estaba nadie por la labor.

Tras un rato de conversación, hora de dormir. Ya me aseguré yo de no tener que salir en plena madrugada de la tienda. Durante algún rato se escucharon los hipopótamos.