Al día siguiente por la mañana, tras desayunar, nos volvimos a subir a los mokoros, porque nos iban a llevar hasta otra isla para realizar una caminata guiada.

El desplazamiento no fue muy largo, unos 10 minutos. Cuando llegamos nos dividieron en dos grupos diferentes con un guía (mokorero) cada uno de ellos.

El paseo iba a durar cerca de unas dos horas y antes de iniciarlo nos dieron unas normas de seguridad sobre cómo actuar en caso de toparse con uno de los big five. Un poco lío sí que era, porque a uno le tenías que mantener la mirada fija mientras retrocedías, a otro en cambio no lo podías mirar, a otro no le podías dar la espalda, etc...
El guía nos fue identificando algunas huellas de animales o por ejemplo el lugar donde dormían los hipopótamos. Tuvimos la suerte de ver un elefante que iba solitario y estaba comiendo de unas ramas.

Seguimos con el paseo y vimos algún águila culebrera sombría. También lo que quedaba del esqueleto de un elefante muerto. Conservaba todavía parte de la piel, que por lo visto es tan dura que hasta que no llueve y se reblandece los carroñeros no pueden comer. Por cierto, olía de espanto. El guía recomendó no tocar nada, o desinfectarse las manos inmediatamente después en caso de hacerlo.

Casi al final del paseo vimos un grupo de unos 3 ó 4 elefantes.

Finalizado el paseo a pie, volvimos en mokoro hasta la isla campamento para terminar de recoger nuestro equipaje. Seguidamente volvimos a subir a los mokoros para ir hasta el lugar en el que el día anterior nos habíamos bajado de la camioneta.
El paseo en mokoro estuvo gracioso, porque al parecer íbamos ahora contracorriente, y algunos de los mokoreros no eran capaces de avanzar, principalmente las mokoreras, que al parecer no tenían todavía mucha experiencia. Las dificultades de algunos dieron lugar a que nos distanciásemos un poco de unos mokoros a otros, o que incluso algunos de ellos encallasen en la vegetación del canal.
Superado este inconveniente, llegamos a un punto del canal desde el que pudimos contemplar como un grupo de elefantes numerosos se acercaba hasta la orilla del canal y comían de algunos árboles.
El paseo en mokoro estuvo gracioso, porque al parecer íbamos ahora contracorriente, y algunos de los mokoreros no eran capaces de avanzar, principalmente las mokoreras, que al parecer no tenían todavía mucha experiencia. Las dificultades de algunos dieron lugar a que nos distanciásemos un poco de unos mokoros a otros, o que incluso algunos de ellos encallasen en la vegetación del canal.
Superado este inconveniente, llegamos a un punto del canal desde el que pudimos contemplar como un grupo de elefantes numerosos se acercaba hasta la orilla del canal y comían de algunos árboles.

Más adelante incluso vimos un par de elefantes cruzando el agua del canal para ir hasta la vegetación del otro lado.

Tras bajarnos de los mokoros y despedirnos, volvimos a subir a la camioneta para llevarnos al otro extremo de la isla de Seronga, hasta las cercanías del embarcadero. Comimos en ese lugar y algunos aprovecharon a ducharse un poco utilizando la manguera que había en uno de los baños.
Nos dividimos en dos grupos para subir a la lancha y nos llevaron hasta la casa barco en la que nos íbamos a hospedar en nuestra última noche en el delta del Okavango. Me resultó bastante curioso. Le daba un aire a esos barcos típicos que navegaban por el río Missisipi, en Estados Unidos. Nuestra casa flotante se llamaba “Inkwazi”.
okavangohouseboats.com/houseboats/
Nos dividimos en dos grupos para subir a la lancha y nos llevaron hasta la casa barco en la que nos íbamos a hospedar en nuestra última noche en el delta del Okavango. Me resultó bastante curioso. Le daba un aire a esos barcos típicos que navegaban por el río Missisipi, en Estados Unidos. Nuestra casa flotante se llamaba “Inkwazi”.
okavangohouseboats.com/houseboats/

En la casa flotante el comedor estaba abajo y los camarotes arriba. Cada camarote iba equipado con baño, camas y mosquiteras, aunque sin enchufes. El cuarto de baño en mi camarote era un poco incómodo, porque dentro del cubículo, que era bastante pequeño de por sí, estaba tanto el lavabo como la ducha (en otros camarotes era diferente). Además, debido a que el agua caliente salía gracias a un generador, sólo era posible ducharse en unas horas determinadas (creo que hasta las 9 de la noche) y por turnos. En cuanto a la mosquitera, traté de ponerla pero desistí de ello.
A eso de las 5 de la tarde nos llamaron para subirnos a la barca de nuevo, puesto que íbamos a hacer un breve paseo para contemplar otro atardecer.
Tras eso, cena y charla nocturna hasta la hora de acostarse.
A eso de las 5 de la tarde nos llamaron para subirnos a la barca de nuevo, puesto que íbamos a hacer un breve paseo para contemplar otro atardecer.
Tras eso, cena y charla nocturna hasta la hora de acostarse.