Es maravilloso amanecer frente a Dumaluan Beach en Bohol y disfrutar del excelente desayuno del hotel. A las 9 nos espera nuestro conductor-guía, un hombre encantador con el que concretamos algunos detalles de la ruta y el orden de las visitas adaptándose a nuestros gustos a la vez que nosotras a sus recomendaciones. Hemos pagado 40€ por el día con este conductor, aunque nosotras pagamos aparte algunas de las entradas.
Comenzamos visitando el “Santuario de tarsier”, sin duda el animal más emblemático de Filipinas. Se trata de un animal diminuto que habita en los bosques de Bohol y es un primate tan miedoso que, cuando sufre picos altos de estrés, puede llegar a ahogarse o autolesionarse hasta morir. Además de ser muy pequeño, el “tarsier o trasero” es extremadamente frágil y es muy fácil dañarlo o estresarlo. La Philippine Tarsier Foundation se encarga de protegerlo y concienciar sobre su situación extrema. Nosotras visitamos el Philippine Tarsier Sanctuary de Corella, gestionado por la propia fundación. Pagamos 4€ por las dos entradas y realizamos una ruta en el bosque con una guía que va localizando los diferentes animalitos agarrados a las ramas de los árboles. Nos indica que es muy importante no molestarles y dejarlos descansar, por lo que no hay que hablar ni hacer ruido. Es muy curioso verlos, con sus ojos enormemente abiertos a pesar de estar durmiendo. Además, el santuario se encuentra en un entorno verde precioso; da gusto pasear por allí.
De aquí nos dirigimos a las famosas “Chocolate Hills”, parando antes en algunos campos de arroz que hay junto a la carretera, muy chulos. Las Chocolate Hills son un icono de la isla. Se trata de miles de pequeñas colinas repartidas en unos 50 kilómetros cuadrados. Pese a que la mayoría miden de 30 a 50 metros, algunas llegan a sobrepasar los 100 metros. Tienen una forma parecida a un bombón y un color de chocolate durante la temporada seca; de ahí su nombre. Pagamos 3€ por las dos entradas, lo que nos da acceso a un mirador que ofrece unas vistas panorámicas increíbles de las colinas. También existe la opción de acceder a ellas en moto o quad, pero nosotras nos quedamos muy satisfechas con haberlas visitado así. El guía nos deja el tiempo necesario y al finalizar nuestro paseo por el mirador acudimos a una de las chicas de la entrada que se encarga de llamarle para que venga a recogernos.
Después nos dirigimos al Man Made forest, un frondoso bosque muy fotogénico por la disposición de los árboles y sus colores. Este bosque tiene mucha historia pues durante la Segunda Guerra Mundial, se llevó a cabo una deforestación masiva a consecuencia del sistema de cultivo conocido como kaingin. Años más tarde se inició un plan de reforestación que llevaría a plantar en esa zona miles de árboles de caoba. Ahora, los más 2 kilómetros de carretera rodeada de vegetación se han convertido en parada casi obligada para todos lo que pasan por esta carretera, en la que hay que para con cuidado el coche para poder hacer la foto en su parte central.
Se acerca la hora de comer y vamos a hacer nuestra siguiente parada. Se trata de un crucero por el rio Loboc en el que, además de disfrutar del bonito paisaje, se ofrece una deliciosa comida típica. 12€/persona. Por un momento pensamos que es un poco “turistada”, pero una vez allí, montadas en nuestra mesita del barco de madera, que se pone en marcha por el río entre un paisaje tan bonito, estamos encantadas de haber decidido hacerlo. Sin duda es una buena manera de probar la gastronomía local, variada y abundante, en medio del rio y rodeadas por ese paisaje. Al llegar casi al final de la ruta, se hace una parada en la que un grupo de mujeres locales interpretan música típica acompañadas por ukeleles y bailando, además de ofrecer a los pasajeros que deseemos acompañarlas. Una experiencia divertida con la que damos fin a nuestra excursión del día de hoy que nos ha encantado.
Regresamos al hotel y revisamos las opciones de excursión marítima para mañana. En el Beach Club del hotel nos ofrecen una excursión privada que nos parece muy cara y queremos mirar las opciones que hay en Alona Beach, una zona playera con hoteles, restaurantes, tiendas y centros de buceo cercana al hotel a la que llegamos en tuk tuk por 3€ en apenas 10 minutos. En Alona hay muchísimo ambiente y no tenemos ni que buscar lugares para las excursiones porque nos las ofrecen directamente por la calle. La excursión más típica es a la isla de Ballicasig, una isla cercana a Panglao que tiene una fama mundial por sus fondos marinos, uno de los mejores arrecifes del archipiélago y la posibilidad de ver tortugas. Hay varias opciones de horarios de salida, según se decida incluir el avistamiento de delfines o ir directamente a la isla a hacer buceo o snorkel. No nos terminamos de decidir, pero nos llevamos los teléfonos de diferentes agencias para contactar con ellas si optamos por alguna de sus excursiones. Regresamos al hotel en tuk tuk por otros 3€ y vamos a cenar al restaurante, que ayer nos encantó.
- Restaurante Bohol Beach Club: ensalada tropical con tiras de boniato y tiras de bacon crujiente con salsa asiática. 6€
Estamos a tan a gusto en el hotel que decidimos quedarnos mañana aquí y hacer snorkel en los alrededores, donde hemos investigado que hay buenas zonas de snorkel. Nos vamos a dormir; hoy las galletas son diferentes y el mensaje, también.