Al llegar al aeropuerto nos espera la van del hotel, pues hemos concertado el servicio de traslado con ellos por 8€. El hotel, al igual que el aeropuerto, está ubicado en Panglao, una pequeña isla que forma parte de Bohol por estar unida a ésta a través de dos puentes sobre el mar. Esta isla ofrece buenas playas, snorkel y buceo, además de buen ambiente y por ello hemos elegido aquí el hotel. La llegada es espectacular: palmeras y más palmeras nos recuerdan que estamos en un paraíso tropical.
En la recepción del Bohol Beach Club nos atienden muy amablemente; ese primer “Hello ma’am” es difícil de olvidar. Es muy pronto para acceder a nuestra habitación, pero nos ofrecen un baño para asearnos y la posibilidad de utilizar las instalaciones del hotel, además del desayuno buffet por 11€/persona. Nos ponemos el bikini y vamos directas al interior del hotel, que nos parece espectacular.
El hotel tiene una ubicación privilegiada en la playa de Dumaluan, al parecer la mejor playa de Panglao, repleta de cocoteros y con unas aguas turquesas increíbles. Atravesamos las palmeras y llegamos a la zona de hamacas, donde nos tumbamos pues hoy hemos mal-dormido. Son poco más de las 8 de la mañana y estamos solas en la playa del hotel. Un lujazo. El buffet está abierto, pero preferimos descansar un ratito en las hamacas, con los ojos entreabiertos viendo el sol entrar entre los cocoteros.
Tras descansar vamos a desayunar al comedor, ubicado frente al mar. El buffet es super-completo: frutas tropicales, zumos, bollería y pan variado (incluido el pan de ube, un fruto de color morado típico de Filipinas), quesos, mermeladas, creps y tortillas hechos al momento, ensalada y platos salados calientes como salchichas, bacon, pollo, fideos…
Regresamos a las hamacas y pasamos la mañana entre baños y sol, en la maravillosa playa en la que, a pesar de haber llegado más gente del hotel, se sigue respirando tranquilidad. A mediodía me dirijo a recepción y me indican que ya está disponible nuestra habitación y que nos llevan el equipaje. Nuestra habitación es una “Deluxe Green” ubicada en la planta baja; es muy amplia, nueva y con todas las comodidades. Nos encanta. Nos dirigimos a ver el resto de las instalaciones del hotel, que está fenomenal, todas ellas guardando la arquitectura tradicional, de madera y en pequeñas casitas: gimnasio, piscina, pequeña tienda con material de snorkel, crema solar, antimosquitos…, beach club y dos restaurantes, uno más informal junto a la piscina y otro más elegante donde hemos desayunado, que sirve platos variados durante el resto del día.
Hoy nos tomamos el día de relax total en la playa del hotel. Cuando va cayendo el sol y bajando la marea, paseamos por la playa. Es una maravilla caminar entre bancos de arena, viendo el reflejo naranja del sol que se está poniendo en la zona opuesta al hotel. Decidimos hacer una merienda-cena en el restaurante pues nos parece que tiene platos muy atractivos y a buen precio. Además, el lugar es encantador, frente al mar y está iluminado muy bonito.
-Restaurante del Bohol Beach Club: tempura de verduras con salsa teriyaki y tofu rebozado con verduras a la plancha y arroz. Platos generosos y muy ricos. 8€.
Antes de acostarnos vamos a la recepción aprovechamos para informarnos sobre las posibles excursiones ya que no disponemos de moto. Enseguida nos decidimos por una muy completa que incluye diferentes visitas al interior. Mañana nuestro conductor-guía nos recogerá a las 9.
Hoy cogemos la cama con mucho gusto; volvemos a dormir en una cama normal. Además, nos han dejado galletas sobre la almohada, con un bonito mensaje. Estamos muy contentas de haber elegido esta isla y este hotel.