Anoche se nos hizo muy tarde y hoy no queremos levantarnos con prisa. Es cierto que entraba en nuestros planes la posibilidad de visitar la ciudad de Manila, pero no para de llover y esto no anima. Son las 10:30 cuando llegamos al desayuno buffet y alucinamos con la cantidad de productos que hay.
Nos llama mucho más la atención la zona salada, de comida asiática variada: noodles, tonkatsu, verduras variadas, sushi, arroz, carne… Todo ello acompañado de fruta y café, hacen un delicioso brunch para despedir la comida asiática.
Después vamos a darnos el masaje, que es sentadas y va desde la cabeza a los hombros. De aquí a la piscina y después al onsen gratuito del hotel. Una mañana de lo más relajante mientras vemos que fuera no para de llover. De hecho, recibimos la noticia de que hay alerta de inundaciones en Manila y nos asustamos. Por esto, decidimos ir al aeropuerto con tiempo y afortunadamente no tenemos ningún problema.
A las 18:35 sale nuestro vuelo Manila-Doha y tras 2 horas de escala, el trayecto Doha-Madrid, este último operado por Iberia. Ambos vuelos son comodísimos, con buena comida, y servicio. Además, podemos dormir un montón y llegamos a Madrid bastante descansadas para conducir hasta nuestra casa en Logroño.
A partir de ahora vendrán los días de jet-lag, la parte peor del viaje, pero es un jet-lag mezclado con recuerdos, emociones y sueños, porque soñamos con volver a Japón, soñamos con volver a Filipinas, soñamos con volver a Asia, ese continente que hace cuatro años nos robó el corazón y que no deja de sorprendernos cada vez que volvemos. Hasta 2026, Asia. Ojalá sea así.