Tras dormir fenomenal en la habitación, que en realidad era un bungalow, fuimos a tomar el desayuno que resultó algo escaso de variedad pero suficiente para recargar pilas. Aunque la salida del hotel era a las 10h, el chico de recepción nos dijo el día antes que no pasaba nada porque nos fuéramos a las 11h, así que apuramos hasta esa hora.
Hoy también era un día de descanso hasta la hora de embarcar. Pusimos rumbo a las tumbas de los Gigantes cerca de Arzachena. Antes al pasar la circunvalación de Olbia, tuvimos nuestro segundo atasco del viaje, otra vez en la SS125. Justo cuando acaba el atasco vimos una de las gasolineras más baratas, IP, así que aprovechamos a llenar el depósito de gasóleo. Me costó un rato entender como funcionaba, puesto que el cajero era para varias bombas y no tenía claro como hacer para poder llenarlo. Básicamente, había que seleccionar el número de la bomba en la que ibas a echar, elegir el combustible, pasar la tarjeta y cuando terminabas de repostar, al dejar la manguera en la bomba, te cobraba el importe marcado. Pagamos 58€.
Sobre las 12:30 estábamos en la caseta de información antes de llegar a la Tomba dei giganti di Coddu Veccju. Nos explicaron que había que elegir el número de tumbas a visitar y donde estaba cada una. Con el calor que hacía decidimos sólo ver la Coddu Vecciu, a la cual se llega andando desde el parking de información. Así que pagamos los 4€ de la entrada por persona, buscando la sombra fuimos andando hasta la entrada, donde otra mujer nos explicó las normas para que no tuviéramos la tentación de meternos dentro. Se puede rodear y ver todo el conjunto dándole la vuelta.

Eran las 12:45 y hacía un calor sofocante, así que pusimos rumbo a Olbia para comer y visitar la parte antigua. Dejamos el coche en la única plaza que vimos libre del Öffentlicher Parkplatz, justo al lado de la noria.

Nos dimos una vuelta viendo los restaurantes y bares de Corso Umberto I. La mayoría no tenían aire acondicionado y había que comer en la terraza. Pero hacía tanto calor que no nos apetecía.


Entramos en uno que si tenía aire y además con muy buena pinta, pero el metre nos miró por encima del hombro y nos dijo que estaba lleno. Preguntamos si podíamos esperar por una mesa y nos dijo que volviéramos en 30 minutos. Seguimos subiendo la calle hasta la Piazza Regina Margherita. Volvimos al restaurante, al llegar el aíre lo habían apagado y el metre nos dijo que seguían sin mesa, cuando vimos 3 vacías y sin limpiar. Así que decidimos ir a otro sitio, en el segundo intento fuimos al Mary Café Bistrot, en el cual estuvimos dentro esperando si nos confirmaban si podíamos comer en la barra, pero nadie nos atendía. Probamos suerte por la calle vía Olbia. Primero entramos en SA CARRERA EZZA, que tenía muy buena pinta, pero nos dijeron que habían cerrado la cocina
Estaba siendo complicado comer fresquitos en Olbia. Al final conseguimos mesa en Caffe Cossino. Vaya acierto, además de tener aire acondicionado dentro del local (en la calle había 36°) los camareros estuvieron muy atentos en todo momento y la comida espectacular. Pedimos Andarinos y Lorighitas, dos tipos de pasta sarda cuya salsa tenía un sabor excelente.

Tras la comida, fuimos a tomarnos el último helado, en Gelateria Smeralda. Que ricos estaban y encima dentro te podías sentar a comerlo tranquilamente. En la calle se habría desecho enseguida. Total entre comida y helado, fueron 112€.
De camino al coche, callejeando, nos encontramos con la colorida cúpula de estilo valenciano de la Chiesa Parrocchiale di S.Paolo Apostolo. Fruto de la restauración tras la II Guerra Mundial.

A las 16:30 cogimos el coche para ir al aeropuerto, antes pasamos por el Ecospin de al lado de aeropuerto para comprar la cena (11€). Cuando llegamos se les había ido la luz, menos mal que tenían el generador de emergencia en cajas. Luego fuimos a echa un poco de gasóleo no fuera que se notase que no iba lleno. Nos encontramos un caos en la gasolinera Conad porque no había gasóleo en todas las bombas. Tras preguntar a un empleado que pasaba del caos que había, nos dijo en cuales se podía y nos pusimos a la cola. Echamos solo 6€, pero vaya follón que nos tragamos.
Dejamos el coche en el aeropuerto, ni lo miraron, solo preguntó si habíamos repostado y nos fuimos a la terminal. Pasamos los controles y al llegar a la puerta de embarque se anunciaba que el vuelo de Volotea se retrasaba, primero 1,5h y luego 2h. A la misma hora salía un vuelo de Iberia que lo hizo muy puntual. A la hora, nos cambiaron la puerta de embarque. Al final abrieron el embarque con un retraso de 2 horas, sin darnos asistencia, comida, bebida y dos llamadas como indica la ley. Intenté contactar vía la App con Volotea y a esa hora ya no atendían.
Al final nos metieron en unos rediles, donde esperamos en fila un rato más. No habíamos comprado el pase prioritario, así que éramos de los primeros en la cola, porque vimos que ponían etiquetas a las maletas. Llegado a un punto, empezaron a decir a la gente que tenían que dejarlas en bodega y se las etiquetaron. Pero el acceso al avión fue por autobús, con lo cual la gente se la subió al avión sin dejar las maletas. Cuando llegamos a nuestro sitio, no había espacio libre y estaba todo lleno de mochilas. Se lo comentamos al auxiliar de vuelo y solo quitó una de las mochilas. El resto dijo que no sabía de quienes eran, así que tuvimos que llevar las maletas para atrás. La verdad es que pasaban de todo, no salimos nada contentos con Volotea.