El tercer día nos esperaba una excursión muy especial: la visita al Ranua Wildlife Park, conocido popularmente como el zoo de Ranua. Situado a unos 80 km al sur de Rovaniemi (aproximadamente una hora en coche), es el parque de fauna más septentrional del mundo y uno de los pocos lugares donde se pueden ver animales árticos en un entorno de semi-libertad.
El trayecto hasta allí fue toda una aventura. Las carreteras estaban cubiertas por una gruesa capa de nieve, lo que hacía la conducción complicada, más aún con nuestra inexperiencia en esas condiciones. Para nosotros era todo novedad: desde la forma en que los coches se adaptaban a la superficie helada hasta un detalle curioso que nos sorprendió muchísimo: al bajar del coche, descubrimos que en la zona de las ruedas los coches tenían estalactitas de hielo colgando, como si fueran esculturas naturales creadas por el frío extremo.

Antes de salir de Rovaniemi, hicimos una pequeña parada para ver la iglesia luterana de Rovaniemi, la Kirkko. Moderna, sobria y rodeada de nieve, fue una estampa preciosa en la luz matinal.
En Ranua compramos las entradas directamente en taquilla, sin colas ni esperas. El parking es gratuito. Al entrar, nos encontramos con un parque cubierto por casi un palmo de nieve, lo que le daba un aire todavía más auténtico. A pesar de que normalmente no somos partidarios de los zoológicos, aquí la experiencia tenía otro matiz: los animales que vimos eran propios del Ártico, especies imposibles de encontrar en nuestro entorno habitual.

Recorrimos los senderos blancos y fuimos descubriendo renos, castores, nutrias, lechuzas, lobos, linces, zorros árticos y, por supuesto, los grandes protagonistas: los osos polares. Verlos en un entorno nevado fue impresionante, y al menos dentro de lo que cabe, el parque ofrece amplios espacios que recrean su hábitat natural.
A la hora del almuerzo, descubrimos un truco que conviene recordar: mejor olvidarse del restaurante del propio zoo y también del complejo hotelero anexo. Justo enfrente hay una cafetería buffet libre a muy buen precio. No tenía una variedad enorme, pero era más que suficiente, con comida caliente, calefacción y disponible al momento, ideal para retomar fuerzas en medio del frío.
Por la tarde nos esperaba uno de los lugares más icónicos de Laponia: Santa Claus Village. Situado a solo 8 km al norte de Rovaniemi, es el lugar donde se encuentra oficialmente la casa de Papá Noel y el punto exacto en el que pasa el Círculo Polar Ártico. Cruzar esa línea significa, literalmente, poner un pie en el Ártico, un momento simbólico que vivimos con mucha ilusión.
El ambiente era mágico: casitas de madera iluminadas con luces navideñas, tiendas de recuerdos, restaurantes, un bar de hielo, zonas donde ver y pasear en renos o probar actividades como las motos de nieve. Todo estaba preparado para la experiencia invernal perfecta. Las niñas disfrutaron sobre todo de las zonas libres para lanzarse en trineo una y otra vez.

La temperatura rondaba los -10 ºC, pero la magia del lugar, las risas y la emoción nos mantenían calientes. Decir que en el lgar exacto donde se cruza el círculo polar, hay una webcam que emite las 24h del día (solo hay que buscar webcam santa's village en google). Te puedes ver en directo y saludar a tus familiares en ese punto.
Ya de noche, emprendimos el regreso a nuestra casa junto al lago. Tocaba descansar y reponer fuerzas: el día siguiente prometía ser todavía más intenso y emocionante.

