El tiempo transcurre distinto, es otro tiempo cuando un gesto como cambiar la hora, vuelve ciertas cuestiones ordinarias en arbitrarias.
Resulta que en mi país y en Chile la hora es la misma pero en Perú hay que atrasarla dos, es decir 120 minutos. Doy a las agujas de mi reloj pulsera dos vueltas enteras para atrás y mi teléfono celular apenas aterrizo en Lima cambia automáticamente de hora. La belleza de lo analógico y de lo digital en un instante y en simultáneo.
Entonces el tiempo se vive distinto en los viajes, en los tránsitos, en las suspensiones...hoy por ejemplo, como una ilusión habré vivido dos horas más pero cansada y feliz de haber paseado por tres aeropuertos.
Estoy esperando en el Aeropuerto Internacional Jorge Chavez de Lima el vuelo nacional a Cusco programado para las 6: 55 pm hora local. Es de magnitud esta terminal, tiene tres niveles, una zona para vuelos internacionales y otra para nacionales. Los equipos de vigilancia son de última generación, hay mucho tráfico de pasajeros, según los últimos informes este aeropuerto junto con el de Chile, Aeropuerto Internacional Arturo Merino Benítez, poseen una recuperación sostenida del sector aéreo en la zona andina, con un flujo aproximado de 26 millones en ambas terminales.
Estoy con poco tiempo, debo embarcarme, seguimos en Cusco, debo tomar mis prevenciones para no tener mal de altura, beber agua, tomar una pastilla para el mareo, comer ligero.
Les escribo pronto.
Seguimos.




