Escribo un día después de haber visitado Machu Picchu.
Salió todo como lo esperaba, desde conseguir la entrada en Aguas Calientes hasta coordinar todo el transporte que te lleva y trae desde Cusco hasta el sitio. El clima acompañó gratamente, estuvo nublado, llovió fuerte de noche pero durante el día lloviznó apenas.
Está muy bien organizado todo, solo podés permanecer dos horas en cualquiera de los sectores siempre y cuando tengas el boleto.
Hay mucha oferta de guías pero no creo que valga la pena, el circuito se pasa rápido, la guiada es más bien un acompañar al visitante, indicarle algunas cuestiones, sacarle las fotos. No es imprescindible.
Me fui preparada para estar en la montaña pero el pueblo está muy bien provisto, es un poco más caro que Cusco y el recorrido no es arduo. Así que viajero, viajera podés ir con la vestimenta que prefieras, zapatillas y un impermeable.
Me emocioné viendo a través de las ventanas incaicas las montañas superpuestas por nubes, los colibríes a toda velocidad y el silencio recuperado de a ratos pues es una Maravilla del Mundo y durante todo el año está repleta de visitantes.
La vuelta fue bastante tarde, ya llovía en Aguas Calientes, a las 7 pm tomé el tren de la empresa Incarail, luego el bus en Ollantaytambo para llegar a las 11 pm a Cusco.
Cuando preparé el viaje se me hacía difícil entender cómo llegar, pagar y conseguir los boletos. Pero estando en Cusco, preguntando y haciendo la experiencia, no es complejo. Están muy bien organizados y creo que venir en temporada baja, reitero, es mejor, ya que de manera presencial realicé la visita sin intermediarios y de manera más económica.
Creo que lo precioso de este viaje es cada una de las charlas que he tenido con viajeros, vendedoras, empleados, gente nomás al cruce de una; los mercados de los habitantes del Valle Sagrado; las músicas y bailes; los sitios arqueológicos; sus comidas y bebidas…visitar Machu Picchu fue impresionante pero en el contexto de todo lo dicho anteriormente.
Seguimos.






